I Corintios
Nuevo Testamento | 16 capítulos | 437 versículos
Capítulo 13
1 Aunque hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo caridad, soy como bronce que suena o címbalo que retiñe.
2 Aunque tuviera el don de profecía, y conociera todos los misterios y toda la ciencia; aunque tuviera plenitud de fe como para trasladar montañas, si no tengo caridad, nada soy.
3 Aunque repartiera todos mis bienes, y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo caridad, nada me aprovecha.
4 La caridad es paciente, es servicial; la caridad no es envidiosa, no es jactanciosa, no se engríe;
5 es decorosa; no busca su interés; no se irrita; no toma en cuenta el mal;
6 no se alegra de la injusticia; se alegra con la verdad.
7 Todo lo excusa. Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta.
8 La caridad no acaba nunca. Desaparecerán las profecías. Cesarán las lenguas. Desaparecerá la ciencia.
9 Porque parcial es nuestra ciencia y parcial nuestra profecía.
10 Cuando vendrá lo perfecto, desaparecerá lo parcial.
11 Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño. Al hacerme hombre, dejé todas las cosas de niño.
12 Ahora vemos en un espejo, en enigma. Entonces veremos cara a cara. Ahora conozco de un modo parcial, pero entonces conoceré como soy conocido.
13 Ahora subsisten la fe, la esperanza y la caridad, estas tres. Pero la mayor de todas ellas es la caridad.
Reflexión del capítulo 13
El himno a la caridad es la página más célebre de Pablo y el corazón de toda la carta. De nada sirve hablar lenguas humanas y angélicas, tener el don de profecía, conocer todos los misterios o una fe capaz de trasladar montañas, repartir los bienes o entregar el cuerpo a las llamas, si falta la caridad. Pablo la describe con rasgos concretos: es paciente y servicial, no es envidiosa, no se jacta, no se engríe, es decorosa, no busca su interés, no se irrita, no toma en cuenta el mal, no se alegra de la injusticia y se alegra con la verdad. Todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. Y anuncia que la caridad no acaba nunca, mientras las profecías, las lenguas y la ciencia son parciales y pasarán. Ahora vemos en un espejo, en enigma; entonces veremos cara a cara. Y de las tres virtudes que permanecen, la mayor es la caridad.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Elige hoy una de las cualidades de este himno —por ejemplo, no tomar en cuenta el mal o no irritarse— y practícala en un conflicto concreto. Antes de hablar, pregúntate si tus palabras son pacientes y serviciales o si buscan solo tu interés.
Oración
Señor, tú eres la caridad misma: derrama en mí ese amor paciente y servicial que todo lo espera y todo lo soporta. Que sin caridad no haga nada, y con ella lo haga todo. Amén.
Acerca del libro de I Corintios
La Primera carta a los Corintios es uno de los documentos más vivos del Nuevo Testamento, porque nos deja entrar en la vida real de una comunidad cristiana naciente. Pablo fundó la Iglesia de Corinto hacia el año 51, durante su segundo viaje misionero, y les escribe desde Éfeso unos años después. Corinto era una ciudad portuaria próspera, cosmopolita y profundamente pagana, cruzada por comerciantes, marineros y filósofos. Allí, entre conversos de toda condición, brotaron problemas concretos: divisiones y bandos rivales, escándalos morales, pleitos llevados ante tribunales paganos, dudas sobre el matrimonio y el celibato, desórdenes en la celebración de la Eucaristía, rivalidad por los carismas y, sobre todo, una fe vacilante en la resurrección.
Pablo responde a cada cuestión sin perder de vista el centro: Jesucristo crucificado y resucitado. La carta articula temas que siguen alimentando la fe católica: la cruz como verdadera sabiduría de Dios, el cuerpo como templo del Espíritu Santo, la libertad cristiana que se limita por amor a los débiles, la dignidad del matrimonio y del celibato, la presencia real de Cristo en la Eucaristía, la diversidad de carismas al servicio de un solo Cuerpo místico, el himno a la caridad y la esperanza firme de la resurrección. Leer a los Corintios es reconocer en sus preguntas las nuestras, y escuchar la respuesta de un pastor que quiere una comunidad unida, santa y misionera, edificada sobre el único cimiento que es Cristo.
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