I Corintios
Nuevo Testamento | 16 capítulos | 437 versículos
Capítulo 8
1 Respecto a lo inmolado a los ídolos, es cosa sabida, pues todos tenemos ciencia. Pero la ciencia hincha, el amor en cambio edifica.
2 Si alguien cree conocer algo, aún no lo conoce como se debe conocer.
3 Mas si uno ama a Dios, ése es conocido por él.
4 Ahora bien, respecto del comer lo sacrificado a los ídolos, sabemos que el ídolo no es nada en el mundo y no hay más que un único Dios.
5 Pues aun cuando se les dé el nombre de dioses, bien en el el cielo bien en la tierra, de forma que hay multitud de dioses y de señores,
6 para nosotros no hay más que un solo Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas y para el cual somos; y un solo Señor, Jesucristo, por quien son todas las cosas y por el cual somos nosotros.
7 Mas no todos tienen este conocimiento. Pues algunos, acostumbrados hasta ahora al ídolo, comen la carne como sacrificada a los ídolos, y su conciencia, que es débil, se mancha.
8 No es ciertamente la comida lo que nos acercará a Dios. Ni somos menos porque no comamos, ni somos más porque comamos.
9 Pero tened cuidado que esa vuestra libertad no sirva de tropiezo a los débiles.
10 En efecto, si alguien te ve a ti, que tienes conocimiento, sentado a la mesa en un templo de ídolos, ¿no se creerá autorizado por su conciencia, que es débil, a comer de lo sacrificado a los ídolos?
11 Y por tu conocimiento se pierde el débil: ¡el hermano por quien murió Cristo!
12 Y pecando así contra vuestros hermanos, hiriendo su conciencia, que es débil, pecáis contra Cristo.
13 Por tanto, si un alimento causa escándalo a mi hermano, nunca comeré carne para no dar escándalo a mi hermano.
Reflexión del capítulo 8
Pablo aborda el tema de las carnes sacrificadas a los ídolos. Reconoce que todos tenemos conocimiento, pero advierte que la ciencia hincha mientras el amor edifica, y que quien cree saber algo todavía no lo conoce como conviene. Los cristianos saben que el ídolo no es nada y que hay un solo Dios, el Padre, de quien proceden todas las cosas, y un solo Señor, Jesucristo, por quien todo existe. Sin embargo, algunos, acostumbrados al ídolo, se manchan en su conciencia débil si comen esa carne. Entonces Pablo establece una regla de oro para la libertad cristiana: cuidar que nuestra libertad no sirva de tropiezo a los débiles. El conocimiento de uno puede llevar a la ruina al hermano por quien murió Cristo; y pecar contra él hiriendo su conciencia es pecar contra Cristo. Por eso concluye que, si un alimento escandaliza a su hermano, nunca lo comerá.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Piensa hoy en alguien que está comenzando en la fe o que es más frágil que tú, y renuncia libremente a algo lícito que podría confundirlo. La verdadera libertad no es hacer todo lo que puedo, sino elegir lo que edifica al hermano.
Oración
Señor, tú muriste también por los débiles: dame un amor que edifique. Que use mi libertad para servir y no para herir, y que nunca sea tropiezo para un hermano. Amén.
Acerca del libro de I Corintios
La Primera carta a los Corintios es uno de los documentos más vivos del Nuevo Testamento, porque nos deja entrar en la vida real de una comunidad cristiana naciente. Pablo fundó la Iglesia de Corinto hacia el año 51, durante su segundo viaje misionero, y les escribe desde Éfeso unos años después. Corinto era una ciudad portuaria próspera, cosmopolita y profundamente pagana, cruzada por comerciantes, marineros y filósofos. Allí, entre conversos de toda condición, brotaron problemas concretos: divisiones y bandos rivales, escándalos morales, pleitos llevados ante tribunales paganos, dudas sobre el matrimonio y el celibato, desórdenes en la celebración de la Eucaristía, rivalidad por los carismas y, sobre todo, una fe vacilante en la resurrección.
Pablo responde a cada cuestión sin perder de vista el centro: Jesucristo crucificado y resucitado. La carta articula temas que siguen alimentando la fe católica: la cruz como verdadera sabiduría de Dios, el cuerpo como templo del Espíritu Santo, la libertad cristiana que se limita por amor a los débiles, la dignidad del matrimonio y del celibato, la presencia real de Cristo en la Eucaristía, la diversidad de carismas al servicio de un solo Cuerpo místico, el himno a la caridad y la esperanza firme de la resurrección. Leer a los Corintios es reconocer en sus preguntas las nuestras, y escuchar la respuesta de un pastor que quiere una comunidad unida, santa y misionera, edificada sobre el único cimiento que es Cristo.
Compartir
Enlace copiado