II Reyes
Antiguo Testamento | 25 capítulos | 718 versículos
Seleccionar Capítulo
Capítulo 1 de 25Capítulo 1
1 Después de la muerte de Ajab, Moab se rebeló contra Israel.
2 Ocozías se cayó por la celosía de su habitación de arriba de Samaría; quedó maltrecho, y envió mensajeros a los que dijo: «Id a consultar a Baal Zebub, dios de Ecrón, si sobreviviré a esta disgracia.»
3 Pero el Angel de Yahveh dijo a Elías tesbita: «Levántate y sube al encuentro de los mensajeros del rey de Samaría y diles: ¿Acaso porque no hay Dios en Israel vais vosotros a consultar a Baal Zebub, dios de Ecrón?
4 Por eso, así habla Yahveh: Del lecho al que has subido no bajarás, porque de cierto morirás.» Y Elías se fue.
5 Los mensajeros se volvieron a Ocozías y éste les dijo: «¿Cómo así os habéis vuelto?»
6 Le respondieron: «Nos salió al paso un hombre que nos dijo: "Andad, volveos al rey que os ha enviado y decidle: Así habla Yahveh: ¿Acaso porque no hay Dios en Israel envías tú a consultar a Baal Zebub, dios de Ecrón? Por eso, del lecho al que has subido no bajarás, porque de cierto morirás."»
7 Les preguntó: «¿Qué aspecto tenía el hombre que os salió al paso y os dijo estas palabras?»
8 Le respondieron: «Era un hombre con manto de pelo y con una faja de piel ceñida a su cintura.» El dijo: «Es Elías tesbita.»
9 Le envió un jefe de cincuenta con sus cincuenta hombres, que subió a donde él; estaba él sentado en la cumbre de la montaña, y le dijo: «Hombre de Dios, el rey manda que bajes.»
10 Respondió Elías y dijo al jefe de cincuenta: «Si soy hombre de Dios, que baje fuego del cielo y te devore a ti y a tus cincuenta.» Bajó fuego del cielo que le devoró a él y a sus cincuenta.
11 Volvió a enviarle otro jefe de cincuenta, que subió y le dijo: «Hombre de Dios. Así dice el rey: Apresúrate a bajar.»
12 Respondió Elías y le dijo: «Si soy hombre de Dios, que baje fuego del cielo y te devore a ti y a tus cincuenta.» Bajó fuego del cielo que le devoró a él y a sus cincuenta.
13 Volvió a enviar un tercer jefe de cincuenta con sus cincuenta; llegó el tercer jefe de cincuenta, cayó de rodillas ante Elías y le suplicó diciendo: «Hombre de Dios, te ruego que mi vida y la vida de estos cincuenta tuyos sea preciosa a tus ojos.
14 Ya ha bajado fuego del cielo y ha devorado a los dos jefes de cincuenta anteriores y a sus cincuenta; pues que ahora mi vida sea preciosa a tus ojos.»
15 El Angel de Yahveh dijo a Elías: «Baja con él y no temas ante él.» Se levantó y bajó con él donde el rey,
16 y le dijo: «Así dice Yahveh: Porque has enviado mensajeros para consultar a Baal Zebub, dios de Ecrón, por eso, del lecho al que has subido no bajarás, pues de cierto morirás.»
17 Murió según la palabra de Yahveh que Elías había dicho, y reinó en su lugar su hermano Joram, en el año segundo de Joram, hijo de Josafat, rey de Judá, porque él no tenía hijos.
18 El resto de los hechos de Ocozías, lo que hizo, ¿no está escrito en el libro de los Anales de los reyes de Israel?
Reflexión del capítulo 1
Tras la muerte del rey Ajab, el país de Moab se rebela y el rey Ocozías sufre una caída desde la ventana de su habitación. En lugar de consultar al Dios de Israel, envía mensajeros a preguntar a Baal-zebub, el dios de Ecrón, si sanará. El capítulo nos muestra a un rey que busca respuestas en los lugares equivocados, y a un profeta, Elías, que sale a su encuentro con la palabra de Dios. La escena del fuego que baja del cielo sobre los capitanes y sus hombres es impresionante, y termina con un tercer capitán que se arrodilla y suplica por su vida; solo a él se le respeta. Hay en esta página dos actitudes contrapuestas: la soberbia de quien pretende imponerse a Dios y la humildad de quien se postra ante Él. Y una lección que sigue siendo actual: cuando la vida se tambalea, ¿a quién acudimos? El rey buscó a un ídolo lejano; el creyente aprende a buscar al Señor, que está cerca y escucha al humilde.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Revisa hoy dónde buscas consuelo y respuestas cuando algo va mal: ¿en Dios, o en la primera distracción que encuentras? Antes de recurrir a cualquier cosa, dedica unos minutos a la oración y pide luz al Señor. Y acércate a Él con humildad, sin exigencias ni soberbia, confiando en que escucha a quien se postra ante su presencia. La humildad es la puerta por la que entra la ayuda de Dios en nuestra vida.
Oración
Señor, Dios vivo y cercano, líbranos de buscar respuestas en lo que no puede salvarnos. Danos humildad para postrarnos ante ti y confianza para acudir siempre a tu presencia, sabiendo que escuchas a quien te invoca con corazón sincero. Amén.
Acerca del libro de II Reyes
El Segundo Libro de los Reyes continúa el relato comenzado en el primero y abarca varios siglos de historia, desde los últimos días del profeta Elías hasta la caída de Jerusalén y el destierro de Babilonia. La tradición judía lo atribuye a un profeta o a un círculo profético, y su redacción definitiva se sitúa durante el destierro, cuando el pueblo, despojado de su tierra y de su templo, necesitaba entender qué había ocurrido y por qué. El libro responde con una lectura teológica de la historia: la ruina no fue un accidente ni un simple juego de imperios, sino la consecuencia de haber abandonado la alianza con Dios.
La primera parte está dominada por la figura de Eliseo, heredero de Elías, cuyos milagros acompañan la vida de los sencillos: una viuda endeudada, una mujer sin hijos, un general enfermo, unos profetas hambrientos. En medio de reyes que se suceden y se enfrentan, la presencia de Dios se manifiesta en gestos de compasión y de poder. Después el relato se detiene en los reinados de Judá e Israel, en la predicación de los profetas y en la ruina anunciada: primero cae Samaria ante Asiria, y más tarde Jerusalén ante Babilonia, con el templo incendiado y el pueblo deportado.
Los grandes temas del libro son la fidelidad de Dios frente a la infidelidad humana, la responsabilidad de los gobernantes, el valor de la palabra profética y la esperanza que sobrevive al desastre, simbolizada en el último rey liberado en Babilonia. Para el católico, los Reyes son una advertencia y un consuelo: la fidelidad se construye con decisiones concretas y puede perderse, pero Dios sigue sosteniendo a los suyos incluso en el exilio, y nunca deja sin esperanza a quien se vuelve a Él.
Compartir
Enlace copiado