II Reyes
Antiguo Testamento | 25 capítulos | 718 versículos
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Capítulo 12 de 25Capítulo 12
1 Siete años tenía Joás cuando comenzó a reinar.
2 El año séptimo de Jehú comenzó a reinar Joás y reinó cuarenta años en Jerusalén; el nombre de su madre era Sibía de Berseba.
3 Joás hizo lo recto a los ojos de Yahveh todos los días, porque el sacerdote Yehoyadá le había instruido.
4 Sólo que los altos no desaparecieron y el pueblo siguió ofreciendo sacrificios y quemando incienso en los altos.
5 Joás dijo a los sacerdotes: «Todo el dinero de las ofrendas sagradas que ha entrado en la Casa de Yahveh, el dinero de las tasas personales, todo el dinero que ofrece el corazón de cada uno a la Casa de Yahveh,
6 lo tomarán los sacerdotes, cada uno en el círculo de sus amistades, y ellos proveerán a las reparaciones de la Casa, en todo lo que deba ser reparado».
7 Pero en el año veintitrés del rey Joás los sacerdotes no habían hecho las reparaciones de la Casa.
8 Llamó entonces el rey Joás al sacerdote Yehoyadá y a los sacerdotes y les dijo: «¿Por qué no hacéis las reparaciones de la Casa? Así que no recibiréis el dinero de vuestras amistades, sino que lo daréis para la reparación de la Casa.»
9 Los sacerdotes consintieron en no tomar dinero del pueblo ni hacer reparaciones en la Casa.
10 El sacerdote Yehoyadá tomó un cofre, hizo un agujero en la tapa y lo puso junto a la estela, a la derecha según se entra en la Casa de Yahveh, y los sacerdotes que custodiaban el umbral depositaban en él todo el dinero ofrecido a la Casa de Yahveh.
11 Cuando veían que había mucha plata en el cofre subía el secretario del rey y el sumo sacerdote, se fundía, y se contaba la plata que se hallaba en la Casa de Yahveh.
12 Entregaban el dinero contado en manos de los que hacían el trabajo, los encargados de la Casa de Yahveh; éstos lo empleaban en los carpinteros y constructores que trabajaban en la Casa de Yahveh,
13 los albañiles y canteros, para comprar maderas y piedra de cantería para hacer reparaciones en la Casa de Yahveh y para cuanto había que reparar en la Casa.
14 Pero no se hacían para la Casa de Yahveh ni fuentes de plata, ni cuchillos, ni acetres, ni trompetas, ni objetos de oro o plata con el dinero ofrecido a la Casa de Yahveh,
15 sino que se daba a los que hacían el trabajo de las reparaciones de la Casa de Yahveh.
16 No se pedían cuentas a los hombres en cuyas manos se ponía el dinero para que lo dieran a los que hacían el trabajo, porque trabajaban con fidelidad.
17 El dinero por la expiación y el dinero por el pecado no era entregado a la Casa de Yahveh; era para los sacerdotes.
18 Entonces Jazael, rey de Aram, subió para combatir contra Gat, la tomó y se volvió para subir contra Jerusalén.
19 Joás, rey de Judá, tomó todas las cosas sagradas que habían consagrado sus padres Josafat, Joram y Ocozías, reyes de Judá, todas las cosas que él mismo había consagrado y todo el oro que se pudo encontrar en los tesoros de la Casa de Yahveh y de la casa del rey, y lo mando a Jazael, rey de Aram, que se alejó de Jerusalén.
20 El resto de los hechos de Joás, todo cuanto hizo ¿no está escrito en el libro de los Anales de los reyes de Judá?
21 Sus servidores se levantaron y tramaron una conjura y mataron a Joás en Bet Milló...
22 Le hirieron sus siervos Yozakar, hijo de Simat, y Yehozabad, hijo de Somer, y murió. Le sepultaron con sus padres en la ciudad de David y reinó en su lugar su hijo Amasías.
Reflexión del capítulo 12
Joás comienza a reinar siendo niño y, mientras lo guía el sacerdote Yehoyadá, hace lo recto ante el Señor. Su primera obra importante es reparar el templo, que había quedado deteriorado: pide al pueblo que aporte para las obras y organiza la recaudación con honradez, de modo que el dinero llegue de verdad a los trabajos. Es un ejemplo de buena administración al servicio de la casa de Dios. Pero el capítulo no termina bien: cuando muere Yehoyadá, Joás se deja convencer por los jefes de Judá, abandona el templo del Señor y llega a mandar matar a Zacarías, hijo de aquel sacerdote que le había salvado y educado. Al final es asesinado por sus propios servidores. La trayectoria de Joás es una advertencia severa: se puede empezar bien y terminar mal si la fidelidad depende solo de las personas que nos sostienen y no de una convicción personal. Cuando desaparecen los buenos apoyos, se revela de qué está hecho nuestro corazón.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Pregúntate hoy de qué depende tu fidelidad: ¿de las personas que te animan, o de una convicción propia y de tu relación con Dios? Pide al Señor una fe personal, que no se apague cuando cambien las circunstancias. Y cuida la honradez en la administración de lo que te han confiado, aunque nadie te controle. La coherencia se prueba sobre todo cuando cambian las circunstancias y los apoyos humanos.
Oración
Señor, tú que ves lo que hay en lo secreto, danos una fe personal y firme, que no dependa solo de apoyos humanos. Guarda nuestra fidelidad hasta el final y haznos honrados en todo lo que se nos confía. Amén.
Acerca del libro de II Reyes
El Segundo Libro de los Reyes continúa el relato comenzado en el primero y abarca varios siglos de historia, desde los últimos días del profeta Elías hasta la caída de Jerusalén y el destierro de Babilonia. La tradición judía lo atribuye a un profeta o a un círculo profético, y su redacción definitiva se sitúa durante el destierro, cuando el pueblo, despojado de su tierra y de su templo, necesitaba entender qué había ocurrido y por qué. El libro responde con una lectura teológica de la historia: la ruina no fue un accidente ni un simple juego de imperios, sino la consecuencia de haber abandonado la alianza con Dios.
La primera parte está dominada por la figura de Eliseo, heredero de Elías, cuyos milagros acompañan la vida de los sencillos: una viuda endeudada, una mujer sin hijos, un general enfermo, unos profetas hambrientos. En medio de reyes que se suceden y se enfrentan, la presencia de Dios se manifiesta en gestos de compasión y de poder. Después el relato se detiene en los reinados de Judá e Israel, en la predicación de los profetas y en la ruina anunciada: primero cae Samaria ante Asiria, y más tarde Jerusalén ante Babilonia, con el templo incendiado y el pueblo deportado.
Los grandes temas del libro son la fidelidad de Dios frente a la infidelidad humana, la responsabilidad de los gobernantes, el valor de la palabra profética y la esperanza que sobrevive al desastre, simbolizada en el último rey liberado en Babilonia. Para el católico, los Reyes son una advertencia y un consuelo: la fidelidad se construye con decisiones concretas y puede perderse, pero Dios sigue sosteniendo a los suyos incluso en el exilio, y nunca deja sin esperanza a quien se vuelve a Él.
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