II Reyes
Antiguo Testamento | 25 capítulos | 718 versículos
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Capítulo 24 de 25Capítulo 24
1 En sus días, Nabucodonosor, rey de Babilonia, hizo una expedición y Yoyaquim le quedó sometido durante tres años. Luego volvió a rebelarse contra él.
2 Yahveh envió contra él bandas de caldeos, bandas de arameos, bandas de moabitas y bandas de ammonitas; los envió contra Judá para destruirlo según la palabra que Yahveh había dicho por boca de sus siervos los profetas.
3 Tan sólo por orden de Yahveh ocurrió esto en Judá, para apartarlo de su presencia por los pecados de Manasés, por todo lo que había hecho,
4 y también por la sangre inocente que había derramado llenando a Jerusalén de sangre inocente. Yahveh no quiso perdonar.
5 El resto de los hechos de Yoyaquim, todo cuanto hizo ¿no está escrito en el libro de los Anales de los reyes de Judá?
6 Se acostó Yoyaquim con sus padres y reinó en su lugar su hijo Joaquín.
7 No volvió a salir de su tierra el rey de Egipto, porque el rey de Babilonia había conquistado, desde el torrente de Egipto hasta el río Eufrates, todo cuanto era del rey de Egipto.
8 Dieciocho años tenía Joaquín cuando comenzó a reinar y reinó tres meses en Jerusalén; el nombre de su madre era Nejustá, hija de Elnatán, de Jerusalén.
9 Hizo el mal a los ojos de Yahveh enteramente como había hecho su padre.
10 En aquel tiempo las gentes de Nabucodonosor, rey de Babilonia, subieron contra Jerusalén y la ciudad fue asesiada.
11 Vino Nabucodonosor, rey de Babilonia, a la ciudad, mientras sus siervos la estaban asediando.
12 Joaquín, rey de Judá, se rindió al rey de Babilonia, él, su madre, sus servidores, sus jefes y eunucos; los apresó el rey de Babilonia en el año octavo de su reinado.
13 Se llevó de allí todos los tesoros de la Casa de Yahveh y los tesoros de la casa del rey, rompió todos los objetos de oro que había hecho Salomón, rey de Israel, para el santuario de Yahveh, según la palabra de Yahveh.
14 Deportó a todo Jerusalén, todos los jefes y notables, 10.000 deportados; a todos los herreros y cerrajeros; no dejó más que a la gente pobre del país.
15 Deportó a Babilonia a Joaquín, a la madre del rey y a las mujeres del rey, a sus eunucos y a los notables del país; los hizo partir al destierro, de Jerusalén a Babilonia.
16 Todos los hombres de valor, en núnero de 7.000, los herreros y cerrajeros, un millar, todos los hombres aptos para la guerra, el rey de Babilonia los llevó deportados a Babilonia.
17 El rey de Babilonia puso por rey, en lugar de Joaquín, a su tío Mattanías, cambiando su nombre en Sedecías.
18 Veintiún años tenía Sedecías cuando comenzó a reinar y reinó once años en Jerusalén; el nombre de su madre era Jamital, hija de Jeremías, de Libná.
19 Hizo el mal a los ojos de Yahveh, enteramente como había hecho Joaquín.
20 Esto sucedió a causa de la cólera de Yahveh contra Jerusalén y Judá, hasta que los arrojó de su presencia. Sedecías se rebeló contra el rey de Babilonia.
Reflexión del capítulo 24
El capítulo narra los últimos años del reino de Judá. Nabucodonosor, rey de Babilonia, somete a Yoyaquim, que se rebela y muere, y luego deporta al joven rey Joaquín junto con los tesoros del templo y los mejores artesanos y nobles del país. El texto insiste en que todo esto sucedió por la cólera del Señor contra Jerusalén, a causa de los pecados acumulados, hasta que el pueblo fue expulsado de su presencia. Y menciona a Sedecías, el último rey, que se rebeló también contra Babilonia. Es un relato de deterioro imparable: cada rey repite los errores del anterior, y las advertencias de los profetas caen en el vacío. La página nos muestra que la paciencia de Dios es grande, pero no infinita: cuando un pueblo se obstina en el mal, llega la hora de la cosecha. Y nos invita a no confiar en que siempre habrá tiempo para cambiar, porque las oportunidades se van cerrando y las consecuencias del pecado se acumulan sobre las generaciones.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
No dejes para mañana la conversión en aquello que sabes que Dios te pide hoy. Identifica una decisión que has ido postergando y toma hoy una determinación, aunque sea pequeña. Y si ves que una comunidad o una familia se está deteriorando, no esperes a que sea demasiado tarde: intervén con caridad y verdad. Cada generación recibe las consecuencias de las decisiones de la anterior, para bien o para mal.
Oración
Señor, tú que eres paciente pero no indiferente al mal, danos la sabiduría de no postergar nuestra conversión. Aprovecha las oportunidades que nos das y haznos sensibles a las señales de tu voz, antes de que sea tarde. Amén.
Acerca del libro de II Reyes
El Segundo Libro de los Reyes continúa el relato comenzado en el primero y abarca varios siglos de historia, desde los últimos días del profeta Elías hasta la caída de Jerusalén y el destierro de Babilonia. La tradición judía lo atribuye a un profeta o a un círculo profético, y su redacción definitiva se sitúa durante el destierro, cuando el pueblo, despojado de su tierra y de su templo, necesitaba entender qué había ocurrido y por qué. El libro responde con una lectura teológica de la historia: la ruina no fue un accidente ni un simple juego de imperios, sino la consecuencia de haber abandonado la alianza con Dios.
La primera parte está dominada por la figura de Eliseo, heredero de Elías, cuyos milagros acompañan la vida de los sencillos: una viuda endeudada, una mujer sin hijos, un general enfermo, unos profetas hambrientos. En medio de reyes que se suceden y se enfrentan, la presencia de Dios se manifiesta en gestos de compasión y de poder. Después el relato se detiene en los reinados de Judá e Israel, en la predicación de los profetas y en la ruina anunciada: primero cae Samaria ante Asiria, y más tarde Jerusalén ante Babilonia, con el templo incendiado y el pueblo deportado.
Los grandes temas del libro son la fidelidad de Dios frente a la infidelidad humana, la responsabilidad de los gobernantes, el valor de la palabra profética y la esperanza que sobrevive al desastre, simbolizada en el último rey liberado en Babilonia. Para el católico, los Reyes son una advertencia y un consuelo: la fidelidad se construye con decisiones concretas y puede perderse, pero Dios sigue sosteniendo a los suyos incluso en el exilio, y nunca deja sin esperanza a quien se vuelve a Él.
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