II Reyes

Antiguo Testamento | 25 capítulos | 718 versículos

2 Re

Capítulo 16

1 En el año diecisiete de Pecaj, hijo de Remalías, comenzó a reinar Ajaz, hijo de Jotam, rey de Judá.

2 Tenía Ajaz veinte años cuando comenzó a reinar y reinó dieciséis años en Jerusalén. No hizo lo recto a los ojos de Yahveh su Dios, como su padre David.

3 Anduvo por el camino de los reyes de Israel e incluso hizo pasar por el fuego a su hijo, según las abominaciones de las naciones que Yahveh había arrojado ante los israelitas.

4 Ofreció sacrificios y quemó incienso en los altos, en las colinas y bajo todo árbol frondoso.

5 Entonces subió Rasón, rey de Aram, y Pecaj, hijo de Remalías, rey de Israel, para combatir a Jerusalén y la cercaron, pero no pudieron conquistarla.

6 En aquel tiempo el rey de Edom recobró Elat para Edom; expulsó a los de Judá de Elat, entraron los edomitas en Elat y habitaron allí hasta el día de hoy.

7 Ajaz envió mensajeros a Teglatfalasar, rey de Asiria, diciendo: «Soy tu siervo y tu hijo. Sube, pues y sálvame de manos del rey de Israel que se han levantado contra mí.»

8 Y tomó Ajaz la plata y el oro que había en la Casa de Yahveh y en los tesoros de la casa del rey y lo envió al rey de Asiria como presente.

9 El rey de Asiria le escuchó y subió contra Damasco, la conquistó, los deportó a Quir y mató a Rasón.

10 El rey Ajaz fue a Damasco al encuentro de Teglatfalasar, rey de Asiria, y viendo el altar que había en Damasco, envío al sacerdote Urías la imagen del altar y su modelo, según toda su hechura.

11 El sacerdote Urías construyó un altar; todo cuanto el rey Ajaz había mandado desde Damasco lo realizó el sacerdote Urías antes de que el rey Ajaz regresara de Damasco.

12 Cuando el rey regresó de Damasco vio el altar, se acercó y subió a él.

13 Mandó quemar sobre el altar su holocausto y su oblación, hizo su libación y derramó la sangre de sus sacrificios de comunión;

14 desplazó el altar de bronce que estaba ante Yahveh, delante de la Casa, de entre el altar nuevo y la Casa de Yahveh, y lo colocó al lado del altar nuevo, hacia el norte.

15 El rey Ajaz ordenó al sacerdote Urías: «Sobre el altar grande quemarás el holocausto de la mañana y la oblación de la tarde, el holocausto del rey y su oblación, el holocausto de todo el pueblo de la tierra, sus oblaciones y sus libaciones, derramarás sobre él toda la sangre del holocausto y toda la sangre del sacrificio. Cuanto al altar de bronce, yo me ocuparé de él.»

16 El sacerdote Urías hizo cuanto le había ordenado el rey Ajaz.

17 El rey Ajaz desmontó los paneles de las basas, quitó de encima de ellos la jofaina; hizo bajar el Mar de bronce de sobre los bueyes que estaban debajo de él y lo colocó sobre un solado de piedra.

18 Cuanto al estrado del trono de la Casa de Yahveh, que se había construido en ella, y la entrada exterior del rey, lo quitó por causa del rey de Asiria.

19 El resto de los hechos de Ajaz, lo que hizó ¿no está escrito en el libro de los Anales de los reyes de Judá?

20 Ajaz se acostó con sus padres y fue sepultado con sus padres en la Ciudad de David. Reinó en su lugar su hijo Ezequías.

Reflexión del capítulo 16

Ajaz, rey de Judá, es uno de los reyes más tristes del libro. Ante la amenaza de sus enemigos, en lugar de confiar en el Señor, recurre al rey de Asiria y se declara su vasallo, vaciando el tesoro del templo para comprar su ayuda. Después viaja a Damasco, ve un altar pagano y manda construir uno igual en Jerusalén, desplazando el altar del Señor y reorganizando el culto a su gusto. El capítulo describe una apostasía progresiva: primero la desconfianza, luego la dependencia de un poder extranjero, después la imitación de sus ídolos y, finalmente, el cierre del templo. Ajaz no se perdió de golpe: fue cediendo paso a paso, buscando seguridades humanas en lugar de la protección de Dios. Su historia es una advertencia sobre cómo se pierde la fe: no siempre con un gran pecado, sino con pequeñas concesiones que van sustituyendo la confianza en Dios por la confianza en el dinero, el poder o las costumbres del ambiente. Y el capítulo nos invita a examinar en quién ponemos realmente nuestra seguridad.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Examina hoy en quién o en qué pones tu seguridad cuando tienes miedo: ¿en Dios, o en el dinero, las relaciones, el poder? Identifica una concesión pequeña que has ido normalizando y que te aleja del Señor, y decide hoy no dar ese paso. Recupera algún gesto de fe que hayas abandonado por comodidad. La fe se pierde más por concesiones pequeñas y repetidas que por un solo gran pecado.

Oración

Señor, tú que eres nuestra roca y nuestra seguridad, líbranos de buscar salvación en poderes humanos. Danos lucidez para reconocer las concesiones que nos alejan de ti y valentía para volver a poner en ti toda nuestra confianza. Amén.

Acerca del libro de II Reyes

El Segundo Libro de los Reyes continúa el relato comenzado en el primero y abarca varios siglos de historia, desde los últimos días del profeta Elías hasta la caída de Jerusalén y el destierro de Babilonia. La tradición judía lo atribuye a un profeta o a un círculo profético, y su redacción definitiva se sitúa durante el destierro, cuando el pueblo, despojado de su tierra y de su templo, necesitaba entender qué había ocurrido y por qué. El libro responde con una lectura teológica de la historia: la ruina no fue un accidente ni un simple juego de imperios, sino la consecuencia de haber abandonado la alianza con Dios.

La primera parte está dominada por la figura de Eliseo, heredero de Elías, cuyos milagros acompañan la vida de los sencillos: una viuda endeudada, una mujer sin hijos, un general enfermo, unos profetas hambrientos. En medio de reyes que se suceden y se enfrentan, la presencia de Dios se manifiesta en gestos de compasión y de poder. Después el relato se detiene en los reinados de Judá e Israel, en la predicación de los profetas y en la ruina anunciada: primero cae Samaria ante Asiria, y más tarde Jerusalén ante Babilonia, con el templo incendiado y el pueblo deportado.

Los grandes temas del libro son la fidelidad de Dios frente a la infidelidad humana, la responsabilidad de los gobernantes, el valor de la palabra profética y la esperanza que sobrevive al desastre, simbolizada en el último rey liberado en Babilonia. Para el católico, los Reyes son una advertencia y un consuelo: la fidelidad se construye con decisiones concretas y puede perderse, pero Dios sigue sosteniendo a los suyos incluso en el exilio, y nunca deja sin esperanza a quien se vuelve a Él.

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