II Reyes

Antiguo Testamento | 25 capítulos | 718 versículos

2 Re

Capítulo 21

1 Manasés tenía doce años cuando comenzó a reinar, y reinó 55 años en Jerusalén; el nombre de su madre era Jefsí Baj.

2 Hizo el mal a los ojos de Yahveh según las abominaciones de las gentes que Yahveh había expulsado delante de los israelitas.

3 Volvió a edificar los altos que había destruido su padre Ezequías, alzó altares a Baal e hizo un cipo como lo había hecho Ajab, rey de Israel; se postró ante todo el ejército de los cielos y les sirvió.

4 Construyó altares en la Casa de la que Yahveh había dicho: «En Jerusalén pondré mi Nombre.»

5 Edificó altares a todo el ejército de los cielos en los dos patios de la Casa de Yahveh.

6 Hizo pasar a su hijo por el fuego; practicó los presagios y los augurios, hizo traer los adivinos y nigromantes, haciendo mucho mal a los ojos de Yahveh y provocando su cólera.

7 Colocó el ídolo de Aserá, que había fabricado, en la Casa de la que dijo Yahveh a David y Salomón su hijo: «En esta Casa y en Jerusalén, que he elegido de entre todas las tribus de Israel, pondré mi Nombre para siempre.

8 No haré errar más los pasos de Israel fuera de la tierra que di a sus padres, con tal que procuren hacer según todo lo que les he mandado y según toda la Ley que les ordené por mi siervo Moisés.»

9 Pero no han escuchado, y Manasés los ha extraviado para que obren el mal más que las naciones que había aniquilado Yahveh delante de los israelitas.

10 Entonces habló Yahveh por boca de sus siervos, los profetas, diciendo:

11 «Porque Manasés, rey de Judá, ha hecho estas abominaciones, haciendo el mal más que cuanto hicieron los amorreos antes de él, haciendo que también Judá pecase con sus ídolos,

12 por eso, así habla Yahveh, Dios de Israel: Voy a hacer venir sobre Jerusalén y Judá un mal tan grande que a quienes lo oyeren les zumbarán los oídos.

13 Extenderé sobre Jerusalén la cuerda de Samaría y el nivel de la casa de Ajab, y fregaré a Jerusalén como se friega un plato, que se le vuelve del revés después de fregado.

14 Arrojaré el resto de mi heredad y los entregaré en manos de sus enemigos; serán presa y botín de todos sus enemigos,

15 porque hicieron lo que es malo a mis ojos y me han irritado desde el día en que sus padres salieron de Egipto hasta este día.»

16 Manasés derramó también sangre inocente en tan gran cantidad que llenó a Jerusalén de punta a cabo, aparte del pecado que hizo cometer a Judá haciendo lo que es malo a los ojos de Yahveh.

17 El resto de los hechos de Manasés, todo cuanto hizo, los pecados que cometió ¿no está escrito en el libro de los Anales de los reyes de Judá?

18 Manasés se acostó con sus padres y fue sepultado en el jardín de su casa, en el jardín de Uzzá, y reinó en su lugar su hijo Amón.

19 Amón tenía veintidós años cuando comenzó a reinar y reinó dos años en Jerusalén; el nombre de su madre era Mesullémet, hija de Jarús de Yotbá.

20 Hizo el mal a los ojos de Yahveh como había hecho su padre Manasés.

21 Caminó enteramente por el camino que siguió su padre, sirvió a los ídolos a los que sirvió su padre y se postró ante ellos.

22 Abandonó a Yahveh, Dios de sus padres, y no anduvo por el camino de Yahveh.

23 Los siervos de Amón se conjuraron contra él y mataron al rey en su casa.

24 Mató el pueblo de la tierra a todos los conjurados contra el rey Amón, y el pueblo de la tierra proclamó rey en su lugar a su hijo Josías.

25 El resto de los hechos de Amón, lo que hizo ¿no está escrito en el libro de los Anales de los reyes de Judá?

26 Le sepultaron en su sepulcro, en el jardín de Uzzá, y reinó en su lugar su hijo Josías.

Reflexión del capítulo 21

Manasés reina cincuenta y cinco años, el reinado más largo de Judá, y el texto lo describe como el más perverso: reconstruye los lugares altos, levanta altares a Baal, adora a los astros, pasa a su hijo por el fuego, practica la adivinación y derrama mucha sangre inocente. Su maldad es presentada como la causa de la ruina futura de Jerusalén. El capítulo no ofrece ninguna justificación ni atenuante: el pecado de un gobernante arrastra a todo un pueblo. Después sucede Amón, que repite los mismos crímenes y muere asesinado por sus propios servidores. Es una página oscura, pero necesaria, porque muestra hasta dónde puede llegar el corazón humano cuando se aparta de Dios, y cómo las decisiones de quienes tienen poder afectan a los más débiles. La memoria de Manasés es también una advertencia para toda sociedad: cuando se legitima la idolatría, la injusticia y la violencia contra los inocentes, se siembra una ruina que tarda en llegar pero llega. Y nos recuerda la responsabilidad que cada uno tiene por el bien común.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Piensa hoy en la responsabilidad que tienes sobre otras personas, aunque sea pequeña: tu familia, tu trabajo, tu entorno. ¿Tus decisiones favorecen el bien o la injusticia? Reza por quienes tienen poder, para que lo usen con rectitud, y no te acostumbres al mal que ves: denúncialo con serenidad y defiende a los más débiles. Ningún poder humano justifica la injusticia ni el daño causado a los inocentes.

Oración

Señor, tú que ves la sangre del inocente y no la olvidas, danos horror al mal y valentía para defender a los débiles. Convierte el corazón de quienes tienen poder y haznos responsables del bien común que nos has confiado. Amén.

Acerca del libro de II Reyes

El Segundo Libro de los Reyes continúa el relato comenzado en el primero y abarca varios siglos de historia, desde los últimos días del profeta Elías hasta la caída de Jerusalén y el destierro de Babilonia. La tradición judía lo atribuye a un profeta o a un círculo profético, y su redacción definitiva se sitúa durante el destierro, cuando el pueblo, despojado de su tierra y de su templo, necesitaba entender qué había ocurrido y por qué. El libro responde con una lectura teológica de la historia: la ruina no fue un accidente ni un simple juego de imperios, sino la consecuencia de haber abandonado la alianza con Dios.

La primera parte está dominada por la figura de Eliseo, heredero de Elías, cuyos milagros acompañan la vida de los sencillos: una viuda endeudada, una mujer sin hijos, un general enfermo, unos profetas hambrientos. En medio de reyes que se suceden y se enfrentan, la presencia de Dios se manifiesta en gestos de compasión y de poder. Después el relato se detiene en los reinados de Judá e Israel, en la predicación de los profetas y en la ruina anunciada: primero cae Samaria ante Asiria, y más tarde Jerusalén ante Babilonia, con el templo incendiado y el pueblo deportado.

Los grandes temas del libro son la fidelidad de Dios frente a la infidelidad humana, la responsabilidad de los gobernantes, el valor de la palabra profética y la esperanza que sobrevive al desastre, simbolizada en el último rey liberado en Babilonia. Para el católico, los Reyes son una advertencia y un consuelo: la fidelidad se construye con decisiones concretas y puede perderse, pero Dios sigue sosteniendo a los suyos incluso en el exilio, y nunca deja sin esperanza a quien se vuelve a Él.

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