II Reyes

Antiguo Testamento | 25 capítulos | 718 versículos

2 Re

Capítulo 20

1 En aquellos días Ezequías cayó enfermo de muerte. El profeta Isaías, hijo de Amós, vino a decirle: «Así habla Yahveh: Da órdenes acerca de tu casa, porque vas a morir y no vivirás.»

2 Ezequías volvió su rostro a la pared y oró a Yahveh diciendo:

3 «¡Ah, Yahveh! Dignate recordar que yo he andado en tu presencia con fidelidad y corazón perfecto haciendo lo recto a tu ojos.» Y Ezequías lloró con abundantes lágrimas.

4 Antes de que Isaías hubiera salido del patio central, le fue dirigida la palabra de Yahveh diciendo:

5 «Vuelve y di a Ezequías, jefe de mi pueblo: Así habla Yahveh, Dios de tu padre David: He oído tu plegaria y he visto tus lágrimas y voy a curarte. Dentro de tres días subirás a la Casa de Yahveh.

6 Voy a darte quince años más de vida y te libraré a ti y a esta ciudad de la mano del rey de Asiria, y ampararé esta ciudad por quien soy y por amor ami siervo David.»

7 Isaías dijo: «Tomad una masa de higos.» La tomaron, la aplicaron sobre la úlcera y sanó.

8 Ezequías dijo a Isaías: «¿Cuál será la señal de que Yahveh me va a curar y dentro de tres días subiré a la Casa de Yahveh?»

9 Isaías repondió: «Esta será para ti, de parte de Yahveh, la señal de que Yahveh hará lo que ha dicho: ¿Quieres que la sombra avance diez grados o que retroceda diez grados?»

10 Ezequías dijo: «Fácil es para la sombra extenderse diez grados. No. Mejor que la sombra retroceda diez grados.»

11 El profeta Isaías invocó a Yahveh y Yahveh hizo retroceder la sombra diez grados sobre los grados que había recorrido en los grados de la habitación de arriba de Ajaz.

12 En aquel tiempo Merodak Baladán, hijo de Baladán, rey de Babilonia, envió cartas y un presente a Ezequías porque había oído que Ezequías había estado enfermo.

13 Se alegró Ezequías por ello y enseñó a los enviados su cámara del tesoro, la plata, el oro, los aromas, el aceite precioso, su arsenal y todo cuanto había en los tesoros; no hubo nada que Ezequías no les mostrara en su casa y en todo su dominio.

14 Fue el profeta Isaías al rey Ezequías y le dijo: «¿Qué han dicho estos hombres y de dónde han venido a ti?» Respondió Ezequías: «Han venido de un país lejano, de Babilonia.»

15 Dijo: «¿Qué han visto en tu casa?» Respondió Ezequías: «Han visto cuanto hay en mi casa; nada hay en los tesoros que no les haya enseñado.»

16 Dijo Isaías a Ezequías: «Escucha la palabra de Yahveh:

17 Vendrán días en que todo cuanto hay en tu casa y cuanto reunieron tus padres hasta el día de hoy será llevado a Babilonia; nada quedará, dice Yahveh.

18 Se tomará de entre tus hijos, los que han salido de ti, los que has engendrado, para que sean eunucos en el palacio del rey de Babilonia.»

19 Respondió Ezequías a Isaías: «Es buena la palabra de Yahveh que me dices.» Pues pensaba: «¿Qué me importa, si hay paz y seguridad en mis días?»

20 El resto de los hechos de Ezequías, toda su bravura, cómo hizo la alberca y la traída de aguas a la ciudad ¿no está escrito en el libro de los Anales de los reyes de Judá?

21 Ezequías se acostó con sus padres y reinó en su lugar su hijo Manasés.

Reflexión del capítulo 20

Ezequías cae gravemente enfermo y el profeta Isaías le anuncia que va a morir. El rey vuelve su rostro hacia la pared y ora con lágrimas, recordando su fidelidad. Dios lo escucha, le concede quince años más de vida y le da una señal asombrosa: la sombra del reloj de Ajaz retrocede. Pero el capítulo no termina en la sanación: llegan unos enviados de Babilonia y Ezequías, halagado, les muestra todos sus tesoros, sin pensar en las consecuencias. Isaías le anuncia entonces que todo aquello será llevado a Babilonia y que sus descendientes serán deportados. Es un contraste sobrecogedor: el mismo rey que supo orar con humildad en la enfermedad se deja llevar por la vanidad en la prosperidad. La página nos enseña que las pruebas a veces nos acercan a Dios más que los éxitos, y que la soberbia puede arruinar lo que la oración había salvado. La fidelidad debe sostenerse tanto en la enfermedad como en la abundancia.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Pide hoy a Dios un corazón humilde en la prosperidad, no solo en la dificultad. Si tienes algo que mostrar o contar, pregúntate si lo haces para servir o para presumir. Y da gracias a Dios por las veces en que te ha escuchado, sin olvidar que todo don debe usarse con prudencia y responsabilidad. La humildad en la abundancia protege lo que la oración ha conseguido en la prueba.

Oración

Señor, tú que escuchas las lágrimas de tus hijos, danos gratitud en la enfermedad y humildad en la prosperidad. Líbranos de la vanidad que desperdicia tus dones, y enséñanos a usarlos con prudencia y para tu gloria. Amén.

Acerca del libro de II Reyes

El Segundo Libro de los Reyes continúa el relato comenzado en el primero y abarca varios siglos de historia, desde los últimos días del profeta Elías hasta la caída de Jerusalén y el destierro de Babilonia. La tradición judía lo atribuye a un profeta o a un círculo profético, y su redacción definitiva se sitúa durante el destierro, cuando el pueblo, despojado de su tierra y de su templo, necesitaba entender qué había ocurrido y por qué. El libro responde con una lectura teológica de la historia: la ruina no fue un accidente ni un simple juego de imperios, sino la consecuencia de haber abandonado la alianza con Dios.

La primera parte está dominada por la figura de Eliseo, heredero de Elías, cuyos milagros acompañan la vida de los sencillos: una viuda endeudada, una mujer sin hijos, un general enfermo, unos profetas hambrientos. En medio de reyes que se suceden y se enfrentan, la presencia de Dios se manifiesta en gestos de compasión y de poder. Después el relato se detiene en los reinados de Judá e Israel, en la predicación de los profetas y en la ruina anunciada: primero cae Samaria ante Asiria, y más tarde Jerusalén ante Babilonia, con el templo incendiado y el pueblo deportado.

Los grandes temas del libro son la fidelidad de Dios frente a la infidelidad humana, la responsabilidad de los gobernantes, el valor de la palabra profética y la esperanza que sobrevive al desastre, simbolizada en el último rey liberado en Babilonia. Para el católico, los Reyes son una advertencia y un consuelo: la fidelidad se construye con decisiones concretas y puede perderse, pero Dios sigue sosteniendo a los suyos incluso en el exilio, y nunca deja sin esperanza a quien se vuelve a Él.

Compartir

Enlace copiado