Ester
Antiguo Testamento | 16 capítulos | 274 versículos
Capítulo 13
1 He aquí el texto de la carta: «El gran rey Asuero, a los jefes y gobernadores, súbditos suyos, de las 127 provincias que van desde la India hasta Etiopía, les escribe lo siguiente:
2 «Puesto al frente de muchos pueblos, y siendo señor de toda la tierra, he procurado no dejarme arrastrar por el orgullo del poder, sino gobernar siempre del modo más conveniente y benigno, manteniendo tranquilas en toda ocasión las vidas de mis súbditos, ofreciendo un reino culto y en seguridad hasta sus últimas fronteras y haciendo florecer la paz, tan deseada de todos los hombres.
3 Queriendo yo saber, por medio de mis consejeros, cómo podría llevar a buen término mis intenciones, uno de ellos, distinguido entre todos por su prudencia y señalado por su inquebrantable lealtad y su firme fidelidad, segundo en el reino por su dignidad, Amán,
4 nos denunció que se hallaba diseminado, entre todas las tribus del universo, un pueblo hostil, opuesto por sus leyes a todas las gentes, que rechaza constantemente las órdenes reales, de modo que no hay seguridad en el programa de gobierno que nosotros, con indiscutible acierto, venimos ejecutando.
5 «Considerando, pues, que este pueblo se mantiene aislado y en total oposición a todos los hombres, que vive según leyes exóticas y es hostil a nuestros intereses, llevando a cabo los peores crímenes para que no se consiga la estabilidad del reino,
6 hemos decidido que todos los que os han sido señalados en cartas de Amán, encargado de nuestros negocios y nuestro segundo padre, sean exterminados de raíz, con sus mujeres y sus niños, por la espada de sus enemigos, sin ninguna compasión ni miramiento, el día catorce del mes doce de Adar del presente año,
7 de modo que los malévolos de ayer y hoy desciendan en un solo día al Hades por la violencia y nos permitan gozar, en los días futuros, de la perpetua paz y seguridad.»
8 Mardoqueo oró al Señor, acordándose de todas sus maravillas, y exclamó:
9 «¡Señor, Señor, Rey Omnipotente! Todo está sometido a tu poder, y no hay quien pueda resistir tu voluntad si has decidido salvar a Israel.
10 Tú hiciste el cielo y la tierra y cuantas maravillas existen bajo el cielo.
11 Eres Señor de todo, y nadie puede oponerse a ti, Señor.
12 Tú lo conoces todo, tú sabes, Señor, que no por insolencia, orgullo o pundonor, hice yo esto de rehusar inclinarme ante el orgulloso Amán,
13 pues gustoso besaría las plantas de sus pies por la salvación de Israel.
14 Pero yo lo hice por no rendir a un hombre gloria por encima de la gloria de Dios; no me postraré ante nadie, sino ante ti solo, Señor; y no dicta el orgullo mi conducta.
15 Ahora, pues, Señor, Dios, Rey, Dios de Abraham, perdona a tu pueblo, porque andan mirando cómo destruirnos y han deseado exterminar la heredad que fue tuya desde siempre.
16 No desprecies tu parte, la que rescataste para ti del país de Egipto.
17 Escucha mi oración, muéstrate propicio a tu heredad; convierte nuestro duelo en alegría, para que, viviendo, cantemos himnos a tu Nombre, Señor. No tapes la boca de los que te alaban.»
18 Todo Israel clamaba con todas sus fuerzas, pues tenían la muerte ante los ojos.
Reflexión del capítulo 13
Se incluye la oración de Mardoqueo, ausente en el texto hebreo. Él alaba a Dios, Señor de todo, que hizo el cielo y la tierra, y reconoce que Israel es castigado por sus pecados, pero implora que no entregue su pueblo a los que no lo conocen. Pide que Dios revierta el plan de Amán, el agagita, y que su orgullo se vuelva contra él. Es una oración de intercesión que pone la historia en manos de Dios: Mardoqueo no confía en la intriga palaciega, sino en la justicia del Creador. El texto griego da así voz de fe al protagonista y nos enseña a orar en la tribulación. Reconoce el pecado de su pueblo sin caer en el desaliento, y confía en que Dios defenderá su nombre ante las naciones. Para el creyente es un modelo: llevar las amenazas a la oración antes que a la desesperación, sabiendo que Dios es Señor de cielo y tierra.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Hoy, cuando sientas miedo por tu familia o tu comunidad, no te quedes en la angustia: reza como Mardoqueo, reconociendo las faltas y confiando en Dios. Lleva tus amenazas a la oración antes de actuar. Una súplica confiada vale más que mil planes de pánico.
Oración
Señor, tú eres dueño del cielo y de la tierra y defenderás tu nombre ante las naciones. Reconozco nuestras faltas y me acojo a tu misericordia; no entregues a tu pueblo al que no te conoce. Amén.
Acerca del libro de Ester
El libro de Ester narra un episodio de la historia de los judíos durante el destierro en Persia, bajo el reinado de Asuero, identificado habitualmente con Jerjes I (siglo V a.C.). En la Biblia católica pertenece a los libros deuterocanónicos: el Concilio de Trento confirmó su carácter inspirado y canónico, y nuestra versión incluye los seis fragmentos griegos que la tradición hebrea omitió. Estos añadidos —oraciones de Mardoqueo y de Ester, el sueño, la carta de Purim— dan al relato su explícita dimensión de fe, pues el texto hebreo original apenas nombra a Dios.
La trama gira en torno a una joven judía, Ester, llevada al harem real y elegida reina, y a su pariente Mardoqueo, que descubre una conjura y se niega a postrarse ante el poderoso Amán. La vanidad ofendida de Amán desencadena un decreto de exterminio contra todos los judíos de Persia. Ester, arriesgando su vida, intercede ante el rey y salva a su pueblo. De ahí nace la fiesta de Purim, que celebra la liberación con alegría.
El tema central es la providencia discreta: Dios obра sin prodigios visibles, tejiendo los acontecimientos para salvar a los suyos. El libro también enseña el valor de la intercesión y el coraje de quien, desde la debilidad, defiende la vida. Leerlo hoy es descubrir que Dios actúa también en las cortes de los poderosos y que la fe puede vestirse de valentía y de ternura.
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