Ester
Antiguo Testamento | 16 capítulos | 274 versículos
Capítulo 16
1 He aquí el texto de la carta: «El gran rey Asuero, a los sátrapas de las 127 provincias comprendidas entre la India y Etiopía, y a todos nuestros fieles súbditos, salud:
2 Hay muchos que, cuanto más abundantes favores reciben de sus bienhechores, tanto más se dejan arrastrar por el orgullo.
3 Y no contentos con tramar la perdición de nuestros súbditos, e incapaces ya de poner límites a su insolencia, llegan a conspirar contra sus propios bienhechores;
4 y no sólo hacen desaparecer la gratitud de entre los hombres, sino que, envanecidos con la jactancia de los que obran el mal, se imaginan que podrán escapar a la justicia de Dios, que odia toda maldad y a la que nada se oculta.
5 Sucede con frecuencia, a muchos de los que detentan la autoridad, que, por haberse dejado influenciar por sus amigos, y haber dejado en sus manos la administración de los negocios, se han hecho cómplices de sangre inocente, y se han visto arrastrados a desgracias irremediables,
6 pues con perversos razonamientos, nacidos de su maldad, consiguieron engañar la natural nobleza de sentimientos de las autoridades.
7 Y no es necesario, para comprobar todo esto, acudir a las antiguas historias que acabamos de mencionar, sino que basta con observar lo que en nuestra misma presencia lleva a cabo la pestilente ralea de los que indignamente detentan el poder.
8 En consecuencia, nos proponemos procurar, en lo sucesivo, paz y tranquilidad para todos los hombres de nuestro reino,
9 haciendo los cambios oportunos y juzgando las cosas que se nos expongan con espíritu abierto y benevolente.
10 Porque, en efecto, Amán, hijo de Hamdatá, macedonio y, a la verdad, extraño a la raza de los persas y muy alejado de nuestra benevolencia,
11 fue recibido por nosotros como huésped y tratado con aquella humanidad que nosotros usamos con todos los pueblos, a tal punto que era públicamente llamado «nuestro padre» y había obtenido el segundo puesto en el reino; todos se postraban ante él;
12 pero dominado por su orgullo, intentó arrebatarnos el poder y la vida.
13 Comenzó pidiéndonos, con toda suerte de falaces argumentos, la muerte de Mardoqueo, nuestro salvador y bienhechor continuo, la de Ester, irreprochable compañera de nuestro reino, y la de todo su pueblo,
14 para aislarnos por este medio y poder entregar a los macedonios el dominio de los persas.
15 Pero nosotros hemos comprobado que los judíos, condenados al exterminio por aquel hombre tres veces criminal, no son malhechores, sino que se gobiernan por leyes enteramente justas;
16 y que son hijos del Altísimo, del gran Dios vivo, que, para bien nuestro y de nuestros padres, mantiene el reino en el más floreciente estado.
17 Haréis, pues, bien no teniendo en cuenta las cartas que os ha enviado Amán, hijo de Hamdatá,
18 atendido que el autor de ellas ha sido colgado, con toda su familia, a las puertas de Susa: castigo merecido que, sin tardar, le ha enviado Dios, Señor universal.
19 Poned una copia de esta carta en todo lugar público y dejad que los judíos se rijan libremente por sus leyes;
20 prestadles ayuda para que puedan rechazar a cuantos les ataquen el día designado para su destrucción, es decir, el día trece del mes doce, el mes de Adar,
21 porque el Dios, Señor universal, ha mudado en gozo el día destinado a la destrucción y al exterminio de la raza elegida.
22 Cuanto a vosotros, judíos, celebraréis con toda suerte de regocijos este día insigne, como una de vuestras solemnidades,
23 para que ahora y en el futuro sea salvación para vosotros y para los persas de buena voluntad; y a los que se conjuran contra vosotros les sirva de recuerdo de su ruina.
24 Cualquier ciudad, o, en general, cualquier provincia que no se conformare a esto, será implacablemente aniquilada a lanza y fuego, y no sólo será inhabitable para los hombres, sino también odiosa por siempre para las bestias y las aves.»
Reflexión del capítulo 16
El último añadido es la carta del rey Asuero confirmando la libertad de los judíos y condenando la intriga de Amán. Se presenta el edicto como fruto de la intervención de Mardoqueo y Ester, y se manda celebrar la fiesta de Purim en perpetuidad. El texto realza la figura de Mardoqueo, segundo del rey, y bendice a Dios, autor de la paz. Cierra el libro situando la salvación del pueblo en el marco de la ley persa y, sobre todo, de la voluntad divina. La carta recuerda a las generaciones futuras que Dios obra incluso por medio de reyes paganos para salvar a los suyos. Es una conclusión que une providencia y memoria: celebrar para no olvidar. La Iglesia católica, al conservar este fragmento, afirma que la mano de Dios se lee también en los documentos oficiales de los pueblos. La fe nos enseña a buscar en la historia el rastro de la misericordia.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Hoy deja memoria de las bondades de Dios en tu vida: escribe una nota, cuéntale a alguien lo que Él hizo. No dejes que el olvido borre sus rescates. Y bendice a Dios en tus cartas y mensajes cotidianos, para que tu historia sea también rastro de su paz.
Oración
Señor, tú escribes tu salvación también en los documentos de los pueblos y en la memoria de tu pueblo. Ayúdame a recordar tus beneficios y a transmitirlos, para que tu paz sea alabada por todas las generaciones. Amén.
Acerca del libro de Ester
El libro de Ester narra un episodio de la historia de los judíos durante el destierro en Persia, bajo el reinado de Asuero, identificado habitualmente con Jerjes I (siglo V a.C.). En la Biblia católica pertenece a los libros deuterocanónicos: el Concilio de Trento confirmó su carácter inspirado y canónico, y nuestra versión incluye los seis fragmentos griegos que la tradición hebrea omitió. Estos añadidos —oraciones de Mardoqueo y de Ester, el sueño, la carta de Purim— dan al relato su explícita dimensión de fe, pues el texto hebreo original apenas nombra a Dios.
La trama gira en torno a una joven judía, Ester, llevada al harem real y elegida reina, y a su pariente Mardoqueo, que descubre una conjura y se niega a postrarse ante el poderoso Amán. La vanidad ofendida de Amán desencadena un decreto de exterminio contra todos los judíos de Persia. Ester, arriesgando su vida, intercede ante el rey y salva a su pueblo. De ahí nace la fiesta de Purim, que celebra la liberación con alegría.
El tema central es la providencia discreta: Dios obра sin prodigios visibles, tejiendo los acontecimientos para salvar a los suyos. El libro también enseña el valor de la intercesión y el coraje de quien, desde la debilidad, defiende la vida. Leerlo hoy es descubrir que Dios actúa también en las cortes de los poderosos y que la fe puede vestirse de valentía y de ternura.
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