Ester

Antiguo Testamento | 16 capítulos | 274 versículos

Est

Capítulo 5

2 Y tomando el rey el cetro de oro, lo puso sobre el cuello de Ester, y la besó, diciendo: «Háblame.»

3 El rey le preguntó: «¿Qué sucede, reina Ester? ¿Qué deseas? Incluso la mitad del reino te será dada.»

4 Respondió Ester: «Si al rey le place, venga hoy el rey, con Amán, al banquete que le tengo preparado.»

5 Respondió el rey: «Avisad inmediatamente a Amán para que se cumpla el deseo de Ester.» El rey y Amán fueron al banquete preparado por Ester,

6 y durante el banquete, dijo el rey a Ester: «¿Qué quieres pedir?, pues se te dará. ¿Qué deseas? Hasta la mitad del reino te será concedida.»

7 Ester respondió: «¿Mi petición y mi deseo?

8 Si he hallado gracia a los ojos del rey, y si al rey le place escuchar mi petición y cumplir mi deseo, que vengan mañana el rey y Amán al banquete que he preparado para ellos. Y haré entonces lo que el rey me pide.»

9 Salió aquel día Amán contento y con alegre corazón; pero al ver a Mardoqueo en la Puerta Real, que no se levantaba, ni siquiera se movía ante él, se llenó Amán de ira contra Mardoqueo,

10 pero se dominó, y yéndose a su casa, mandó venir a sus amigos y a su mujer Zeres,

11 y les habló de su gloria y sus riquezas, de sus muchos hijos y de cómo el rey le había encumbrado, elevándole por encima de los jefes y servidores del rey.

12 Y añadió: «Más aún; la reina Ester me ha invitado a mí sólo, junto con el rey, a un banquete que ha preparado; también para mañana estoy invitado por ella, junto con el rey.

13 Pero todo esto nada significa para mí, mientras vea que el judío Mardoqueo, sigue sentado a la Puerta Real.»

14 Su mujer Zeres y todos sus amigos le respondieron: «Manda preparar una horca de cincuenta codos de altura y mañana por la mañana pides al rey que cuelguen de ella a Mardoqueo; así podrás ir satisfecho al banquete con el rey.» Agradó el consejo a Amán y mandó preparar la horca.

Reflexión del capítulo 5

Ester se presenta ante el rey, arriesgando su vida. Asuero la recibe con benevolencia y le ofrece hasta la mitad de su reino. Ella, con astucia y delicadeza, no pide la salvación de inmediato, sino que invita al rey y a Amán a un banquete. Al ver esto, Amán sale exultante, pero su gozo se empaña al cruzarse con Mardoqueo, que sigue sin inclinarse. El capítulo muestra la sabiduría de Ester: sabe que la revelación debe tener su momento y construye el escenario adecuado. También revela la ceguera de Amán, que tiene el favor del rey y aun así se consume por la falta de sumisión de un solo hombre. Es el retrato del orgullo insaciable. La liturgia y la vida espiritual enseñan aquí la paciencia estratégica del que confía en Dios: no todo se dice de una vez, y la oración prepara el terreno. La belleza de Ester es también su prudencia.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Hoy practica la prudencia: no arrojes todas tus verdades de golpe ni te dejes llevar por la impulsividad. Ante un conflicto, prepárate con oración antes de hablar. Y vigila la «Mosca» de Amán en ti: ese enojo por no ser reconocido por todos.

Oración

Señor, danos la prudencia de Ester y la paciencia para esperar tu momento. Líbrama de la vanidad de Amán que se ofende por no ser adorado, y hazme constructor de paz. Amén.

Acerca del libro de Ester

El libro de Ester narra un episodio de la historia de los judíos durante el destierro en Persia, bajo el reinado de Asuero, identificado habitualmente con Jerjes I (siglo V a.C.). En la Biblia católica pertenece a los libros deuterocanónicos: el Concilio de Trento confirmó su carácter inspirado y canónico, y nuestra versión incluye los seis fragmentos griegos que la tradición hebrea omitió. Estos añadidos —oraciones de Mardoqueo y de Ester, el sueño, la carta de Purim— dan al relato su explícita dimensión de fe, pues el texto hebreo original apenas nombra a Dios.

La trama gira en torno a una joven judía, Ester, llevada al harem real y elegida reina, y a su pariente Mardoqueo, que descubre una conjura y se niega a postrarse ante el poderoso Amán. La vanidad ofendida de Amán desencadena un decreto de exterminio contra todos los judíos de Persia. Ester, arriesgando su vida, intercede ante el rey y salva a su pueblo. De ahí nace la fiesta de Purim, que celebra la liberación con alegría.

El tema central es la providencia discreta: Dios obра sin prodigios visibles, tejiendo los acontecimientos para salvar a los suyos. El libro también enseña el valor de la intercesión y el coraje de quien, desde la debilidad, defiende la vida. Leerlo hoy es descubrir que Dios actúa también en las cortes de los poderosos y que la fe puede vestirse de valentía y de ternura.

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