Ester

Antiguo Testamento | 16 capítulos | 274 versículos

Est

Capítulo 7

1 El rey y Amán fueron al banquete de la reina Ester.

2 También el segundo día dijo el rey a Ester, durante el banquete: «¿Qué deseas pedir, reina Ester?, pues te será concedido. ¿Cuál es tu deseo? Aunque fuera la mitad del reino, se cumplirá.»

3 Respondió la reina Ester: «Si he hallado gracia a tus ojos, ¡oh rey!, y si al rey le place, concédeme la vida - este es mi deseo - y la de mi pueblo - esta es mi petición.

4 Pues yo y mi pueblo hemos sido vendidos, para ser exterminados, muertos y aniquilados. Si hubiéramos sido vendidos para esclavos y esclavas, aún hubiera callado; mas ahora, el enemigo no podrá compensar al rey por tal pérdida.»

5 Preguntó el rey Asuero a la reina Ester: «¿Quién es, y dónde está el hombre que ha pensado en su corazón ejecutar semejante cosa?»

6 Respondió Ester: «¡El perseguidor y enemigo es Amán, ese miserable!» Amán quedó aterrado en presencia del rey y de la reina.

7 El rey se levantó, lleno de ira, del banquete y se fue al jardín del palacio; Amán, se quedó junto a la reina Ester, para suplicarle por su vida, porque comprendía que, de parte del rey, se le venía encima la perdición.

8 Cuando el rey volvió del jardín de palacio a la sala del banquete, Amán se había dejado caer sobre el lecho de Ester. El rey exclamó: «¿Es que incluso en mi propio palacio quiere hacer violencia a la reina?» Dio el rey una orden y cubrieron el rostro de Amán.

9 Jarboná, uno de los eunucos que estaban ante el rey, sugirió: «Precisamente, la horca que Amán había destinado para Mardoqueo, aquel cuyo informe fue tan útil al rey, está preparada en casa de Amán, y tiene cincuenta codos de altura.» Dijo el rey: «¡Colgadle de ella!»

10 Colgaron a Amán de la horca que había levantado para Mardoqueo, y se aplacó la ira del rey.

Reflexión del capítulo 7

En el segundo banquete, Ester por fin revela su identidad judía y denuncia a Amán como el enemigo que quiere exterminar a su pueblo. El rey, encendido en ira, sale al jardín; al volver, encuentra a Amán caído sobre el lecho de Ester suplicando, y lo interpreta como agresión. Ordena colgar a Amán en la misma horca que este había preparado para Mardoqueo. El capítulo cierra la trampa que el malvado tendió para sí mismo: la horca se vuelve su fin. Es el cumplimiento de la ley de la cosecha: quien cava la fosa cae en ella. La valentía de Ester, unida a la verdad revelada, desarma al poder injusto. El relato muestra que la justicia de Dios no siempre desciende del cielo con rayos, sino que se realiza a través del coraje humano y de las circunstancias que Él orienta. Para el creyente, es imagen de la cruz: el instrumento de muerte preparado por el mal se convierte en su derrota.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Hoy denuncia con valentía una mentira que daña a otros, aunque el mentiroso sea poderoso. No te vengas por tu cuenta; presenta la verdad y deja que Dios disponga el desenlace. Y evita construir «horcas» para los demás: lo que preparas contra otro puede volverse contra ti.

Oración

Señor, tú haces que el mal caiga en la red que tendió. Danos el valor de Ester para decir la verdad y la confianza de dejar en tus manos el desenlace de la injusticia. Amén.

Acerca del libro de Ester

El libro de Ester narra un episodio de la historia de los judíos durante el destierro en Persia, bajo el reinado de Asuero, identificado habitualmente con Jerjes I (siglo V a.C.). En la Biblia católica pertenece a los libros deuterocanónicos: el Concilio de Trento confirmó su carácter inspirado y canónico, y nuestra versión incluye los seis fragmentos griegos que la tradición hebrea omitió. Estos añadidos —oraciones de Mardoqueo y de Ester, el sueño, la carta de Purim— dan al relato su explícita dimensión de fe, pues el texto hebreo original apenas nombra a Dios.

La trama gira en torno a una joven judía, Ester, llevada al harem real y elegida reina, y a su pariente Mardoqueo, que descubre una conjura y se niega a postrarse ante el poderoso Amán. La vanidad ofendida de Amán desencadena un decreto de exterminio contra todos los judíos de Persia. Ester, arriesgando su vida, intercede ante el rey y salva a su pueblo. De ahí nace la fiesta de Purim, que celebra la liberación con alegría.

El tema central es la providencia discreta: Dios obра sin prodigios visibles, tejiendo los acontecimientos para salvar a los suyos. El libro también enseña el valor de la intercesión y el coraje de quien, desde la debilidad, defiende la vida. Leerlo hoy es descubrir que Dios actúa también en las cortes de los poderosos y que la fe puede vestirse de valentía y de ternura.

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