Ester

Antiguo Testamento | 16 capítulos | 274 versículos

Est

Capítulo 3

1 Después de esto, el rey Asuero elevó al poder a Amán, hijo de Hamdatá, del país de Agag; le encumbró y colocó su asiento por encima de todos los dignatarios que estaban con él;

2 todos los servidores del rey, adscritos a la Puerta Real, doblaban la rodilla y se postraban ante Amán, porque así lo había ordenado el rey; pero Mardoqueo ni doblaba la rodilla ni se postraba.

3 Los servidores del rey, adscritos a la Puerta Real, dijeron a Mardoqueo: «¿Por qué traspasas la orden del rey?»

4 Y como se lo repitieran día tras día y él no les hiciera caso, se lo comunicaron a Amán, para ver si Mardoqueo persistía en su palabra, pues les había manifestado que él era judío.

5 Vio Amán que Mardoqueo no doblaba la rodilla ni se postraba ente él, y se llenó de ira.

6 Y cuando le notificaron a qué pueblo pertenecía Mardoqueo, no contentándose con poner la mano sobre él solo, intentó exterminar, junto con él, a todos los judíos de todo el reino de Asuero.

7 El año doce del rey Asuero, el mes primero, que es el mes de Nisán, se sacó el «Pur» (es decir, las suertes) en presencia de Amán, por días y por meses. Salió el doce, que es el mes de Adar.

8 Amán dijo al rey Asuero: «Hay un pueblo disperso y diseminado entre los pueblos de todas las provincias de tu reino, con sus leyes, distintas de las de todos los pueblos, y que no cumplen las leyes reales. No conviene al rey dejarlos en paz.

9 Si el rey juzga conveniente publicar un decreto para exterminarlos, yo haré que se entreguen 10.000 talentos de plata a los intendentes, para que los ingresen en la cámara del tesoro.»

10 El rey sacó el anillo de su dedo, se lo entregó a Amán, hijo de Hamdatá, de Agag, enemigo de los judíos,

11 y dijo el rey a Amán: «La plata, te la regalo; y te regalo también ese pueblo para que hagas lo que te parezca.»

12 El día trece del primer mes fueron convocados los secretarios del rey para escribir, según lo ordenado por Amán, a los sátrapas del rey, a los inspectores de cada provincia y a los jefes de todos los pueblos, a cada provincia según su escritura, y a cada pueblo según su lengua; se escribió en nombre del rey Asueno, se selló con el anillo del rey,

13 y se enviaron las cartas, por medio de los correos, a todas las provincias del rey, para exterminar, matar y aniquilar a todos los judíos, jóvenes y ancianos, niños y mujeres, y para saquear sus bienes, en el espacio de un solo día, el trece del mes doce, que es el mes de Adar.

14 El texto de este escrito debía ser promulgado como ley en todas las provincias, y fue puesto en conocimiento de todos los pueblos a fin de que estuviesen preparados para aquel día.

15 Por orden del rey, partieron los correos apresuradamente. El decreto fue publicado también en la ciudadela de Susa. Mientras el rey y Amán banqueteaban, en Susa reinaba la consternación.

Reflexión del capítulo 3

Amán es elevado por el rey sobre todos los príncipes, y todos se inclinan ante él, menos Mardoqueo, que no se arrodilla. El texto no dice por qué, pero la tradición judía y los añadidos griegos lo explican: Mardoqueo solo adora al Dios vivo y no puede postrarse ante un hombre. Ofendido en su vanidad, Amán decide no solo matar a Mardoqueo, sino exterminar a todo el pueblo judío. Echa suertes —los purim— para fijar la fecha y convence al rey con mentiras sobre la peligrosidad de ese pueblo. El capítulo revela cómo la herida del orgullo puede desatar una catástrofe: un hombre ofendido arrastra a un imperio entero hacia el crimen. Es el retrato del antisemitismo nacido del odio y de la mentira. Nos enseña a vigilar nuestras ofensas heridas: cuando el ego se siente humillado, es capaz de cualquier venganza. La fe nos pide sanar la herida antes de que produzca frutos de muerte.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Hoy, si alguien te ofende en tu orgullo, no dejes que la herida crezca y busque venganza. Perdona antes de que el rencor te arrastre a juzgar a un grupo entero. Examina si hay en ti prejuicios contra «los otros» y desármalos con un gesto de cercanía.

Oración

Señor, sana las heridas de mi orgullo antes de que engendren odio. Líbrame de juzgar a grupos enteros por una ofensa y enséñame a perdonar como tú perdonas. Amén.

Acerca del libro de Ester

El libro de Ester narra un episodio de la historia de los judíos durante el destierro en Persia, bajo el reinado de Asuero, identificado habitualmente con Jerjes I (siglo V a.C.). En la Biblia católica pertenece a los libros deuterocanónicos: el Concilio de Trento confirmó su carácter inspirado y canónico, y nuestra versión incluye los seis fragmentos griegos que la tradición hebrea omitió. Estos añadidos —oraciones de Mardoqueo y de Ester, el sueño, la carta de Purim— dan al relato su explícita dimensión de fe, pues el texto hebreo original apenas nombra a Dios.

La trama gira en torno a una joven judía, Ester, llevada al harem real y elegida reina, y a su pariente Mardoqueo, que descubre una conjura y se niega a postrarse ante el poderoso Amán. La vanidad ofendida de Amán desencadena un decreto de exterminio contra todos los judíos de Persia. Ester, arriesgando su vida, intercede ante el rey y salva a su pueblo. De ahí nace la fiesta de Purim, que celebra la liberación con alegría.

El tema central es la providencia discreta: Dios obра sin prodigios visibles, tejiendo los acontecimientos para salvar a los suyos. El libro también enseña el valor de la intercesión y el coraje de quien, desde la debilidad, defiende la vida. Leerlo hoy es descubrir que Dios actúa también en las cortes de los poderosos y que la fe puede vestirse de valentía y de ternura.

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