Hechos

Nuevo Testamento | 28 capítulos | 1002 versículos

He

Capítulo 10

1 Había en Cesarea un hombre, llamado Cornelio, centurión de la cohorte Itálica,

2 piadoso y temeroso de Dios, como toda su familia, daba muchas limosnas al pueblo y continuamente oraba a Dios.

3 Vio claramente en visión, hacia la hora nona del día, que el Angel de Dios entraba en su casa y le decía: «Cornelio.»

4 El le miró fijamente y lleno de espanto dijo: «¿Qué pasa, señor?» Le respondió: «Tus oraciones y tus limosnas han subido como memorial ante la presencia de Dios.

5 Ahora envía hombres a Joppe y haz venir a un tal Simón, a quien llaman Pedro.

6 Este se hospeda en casa de un tal Simón, curtidor, que tiene la casa junto al mar.»

7 Apenas se fue el ángel que le hablaba, llamó a dos criados y a un soldado piadoso, de entre sus asistentes,

8 les contó todo y los envió a Joppe.

9 Al día siguiente, mientras ellos iban de camino y se acercaban a la ciudad, subió Pedro al terrado, sobre la hora sexta, para hacer oración.

10 Sintió hambre y quiso comer. Mientras se lo preparaban le sobrevino un éxtasis,

11 y vio los cielos abiertos y que bajaba hacia la tierra una cosa así como un gran lienzo, atado por las cuatro puntas.

12 Dentro de él había toda suerte de cuadrúpedos, reptiles de la tierra y aves del cielo.

13 Y una voz le dijo: «Levántate, Pedro, sacrifica y come.»

14 Pedro contestó: «De ninguna manera, Señor; jamás he comido nada profano e impuro.»

15 La voz le dijo por segunda vez: «Lo que Dios ha purificado no lo llames tú profano.»

16 Esto se repitió tres veces, e inmediatamente la cosa aquella fue elevada hacia el cielo.

17 Estaba Pedro perplejo pensando qué podría significar la visión que había visto, cuando los hombres enviados por Cornelio, después de preguntar por la casa de Simón, se presentaron en la puerta;

18 llamaron y preguntaron si se hospedaba allí Simón, llamado Pedro.

19 Estando Pedro pensando en la visión, le dijo el Espíritu: «Ahí tienes unos hombres que te buscan.

20 Baja, pues, al momento y vete con ellos sin vacilar, pues yo los he enviado.»

21 Pedro bajó donde ellos y les dijo: «Yo soy el que buscáis; ¿por qué motivo habéis venido?»

22 Ellos respondieron: «El centurión Cornelio, hombre justo y temeroso de Dios, reconocido como tal por el testimonio de toda la nación judía, ha recibido de un ángel santo el aviso de hacerte venir a su casa y de escuchar lo que tú digas.»

23 Entonces les invitó a entrar y les dio hospedaje. Al día siguiente se levantó y se fue con ellos; le acompañaron algunos hermanos de Joppe.

24 Al siguiente día entró en Cesarea. Cornelio los estaba esperando. Había reunido a sus parientes y a los amigos íntimos.

25 Cuando Pedro entraba salió Cornelio a su encuentro y cayó postrado a sus pies.

26 Pedro le levantó diciéndole: «Levántate, que también yo soy un hombre.»

27 Y conversando con él entró y encontró a muchos reunidos.

28 Y les dijo: «Vosotros sabéis que no le está permitido a un judío juntarse con un extranjero ni entrar en su casa; pero a mí me ha mostrado Dios que no hay que llamar profano o impuro a ningún hombre.

29 Por eso al ser llamado he venido sin dudar. Os pregunto, pues, por qué motivo me habéis enviado a llamar.»

30 Cornelio contestó: «Hace cuatro días, a esta misma hora, estaba yo haciendo la oración de nona en mi casa, y de pronto se presentó delante de mí un varón con vestidos resplandecientes,

31 y me dijo: "Cornelio, tu oración ha sido oída y se han recordado tus limosnas ante Dios;

32 envía, pues, a Joppe y haz llamar a Simón, llamado Pedro, que se hospeda en casa de Simón el curtidor, junto al mar."

33 Al instante mandé enviados donde ti, y tú has hecho bien en venir. Ahora, pues, todos nosotros, en la presencia de Dios, estamos dispuestos para escuchar todo lo que te ha sido ordenado por el Señor.»

34 Entonces Pedro tomó la palabra y dijo: «Verdaderamente comprendo que Dios no hace acepción de personas,

35 sino que en cualquier nación el que le teme y practica la justicia le es grato.

36 «El ha enviado su Palabra a los hijos de Israel, anunciándoles la Buena Nueva de la paz por medio de Jesucristo que es el Señor de todos.

37 Vosotros sabéis lo sucedido en toda Judea, comenzando por Galilea, después que Juan predicó el bautismo;

38 cómo Dios a Jesús de Nazaret le ungió con el Espíritu Santo y con poder, y cómo él pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el Diablo, porque Dios estaba con él;

39 y nosotros somos testigos de todo lo que hizo en la región de los judíos y en Jerusalén; a quien llegaron a matar colgándole de un madero;

40 a éste, Dios le resucitó al tercer día y le concedió la gracia de aparecerse,

41 no a todo el pueblo, sino a los testigos que Dios había escogido de antemano, a nosotros que comimos y bebimos con él después que resucitó de entre los muertos.

42 Y nos mandó que predicásemos al Pueblo, y que diésemos testimonio de que él está constituido por Dios juez de vivos y muertos.

43 De éste todos los profetas dan testimonio de que todo el que cree en él alcanza, por su nombre, el perdón de los pecados.»

44 Estaba Pedro diciendo estas cosas cuando el Espíritu Santo cayó sobre todos los que escuchaban la Palabra.

45 Y los fieles circuncisos que habían venido con Pedro quedaron atónitos al ver que el don del Espíritu Santo había sido derramado también sobre los gentiles,

46 pues les oían hablar en lenguas y glorificar a Dios. Entonces Pedro dijo:

47 «¿Acaso puede alguno negar el agua del bautismo a éstos que han recibido el Espíritu Santo como nosotros?»

48 Y mandó que fueran bautizados en el nombre de Jesucristo. Entonces le pidieron que se quedase algunos días.

Reflexión del capítulo 10

Hechos 10 narra la conversión del centurión Cornelio, gentil piadoso, y la visión de Pedro en Jope. Un ángel le dice a Cornelio que envíe por Pedro, mientras Dios prepara al apóstol con una visión del lienzo lleno de animales, ordenándole comer lo que la Ley considera impuro. Pedro comprende que Dios no hace acepción de personas y que lo purificado no debe llamarse común. Al llegar a casa de Cornelio, proclama que en toda nación el que teme a Dios y obra justicia le es acepto, y el Espíritu Santo desciende sobre los gentiles mientras escuchan. Pedro ordena entonces bautizarlos. Este capítulo es decisivo: rompe la barrera entre judíos y gentiles, mostrando que la salvación es universal. Nos revela a un Dios que anticipa nuestros pasos y prepara los corazones antes de que lleguemos. Para la Iglesia, Cornelio es recordatorio de que ninguna cultura queda excluida del Evangelio y de que la acogida mutua requiere superar prejuicios. La iniciativa parte de Dios, que invita a todos los pueblos a formar un solo Cuerpo en Cristo, sin distinción de raza o condición.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Hoy examina si mantienes prejuicios hacia algún grupo y da un paso concreto de acogida y respeto hacia alguien de otra cultura o creencia.

Oración

Dios Padre, que no haces acepción de personas, enséñanos a acoger a todos como hijos tuyos. Derriba en nosotros toda barrera de orgullo. Amén.

Acerca del libro de Hechos

Los Hechos de los Apóstoles, tradicionalmente atribuido a san Lucas, médico y compañero de Pablo, constituye la segunda parte de su obra, continuación directa del Evangelio que lleva su nombre. Escrito hacia el año 80-90 d.C., el libro narra la expansión del Evangelio desde Jerusalén hasta los confines del imperio romano, mostrando cómo la promesa de Jesús se cumple mediante la acción del Espíritu Santo. En su contexto histórico, Hechos surge en una comunidad que enfrenta tanto la persecución externa como la urgencia de definir su identidad frente al judaísmo y al mundo gentil. Literariamente, es una obra de historia salvífica que entrelaza discursos, milagros y viajes misioneros en un relato teológicamente orientado.

Los temas centrales son la obra del Espíritu Santo, la oración, la comunión de bienes, el testimonio ante las autoridades y la apertura universal de la salvación a judíos y gentiles por igual. Hechos ocupa un lugar único en la historia de la salvación: es el puente entre el ministerio terreno de Cristo y la vida de la Iglesia. Nos muestra a la Iglesia naciendo, orando, sufriendo y creciendo no por estrategia humana, sino por la fuerza del Resucitado. Pedro abre las puertas a los judíos, Esteban da el primer testimonio de sangre, Felipe evangeliza a los marginados y Pablo lleva el nombre de Cristo ante reyes y filósofos.

Para leerlo hoy en oración, Hechos nos recuerda que la misión no es nostalgia, sino presencia viva del Espíritu. Cada página invita a confiar en que Dios abre caminos donde solo vemos muros. Leer Hechos orantemente es dejarse interpelar: ¿dejo que el Espíritu me mueva a dar testimonio? ¿creo que la Iglesia sigue siendo hoy el lugar donde el Resucitado actúa? Que nuestra lectura despierte el fuego misionero que transformó al mundo antiguo.

Compartir

Enlace copiado