Hechos

Nuevo Testamento | 28 capítulos | 1002 versículos

He

Capítulo 11

1 Los apóstoles y los hermanos que había por Judea oyeron que también los gentiles habían aceptado la Palabra de Dios;

2 así que cuando Pedro subió a Jerusalén, los de la circuncisión se lo reprochaban,

3 diciéndole: «Has entrado en casa de incircuncisos y has comido con ellos.»

4 Pedro entonces se puso a explicarles punto por punto diciendo:

5 «Estaba yo en oración en la ciudad de Joppe y en éxtasis vi una visión: una cosa así como un lienzo, atado por las cuatro puntas, que bajaba del cielo y llegó hasta mí.

6 Lo miré atentamente y vi en él los cuadrúpedos de la tierra, las bestias, los reptiles, y las aves del cielo.

7 Oí también una voz que me decía: "Pedro, levántate, sacrifica y come."

8 Y respondí: "De ninguna manera, Señor; pues jamás entró en mi boca nada profano ni impuro."

9 Me dijo por segunda vez la voz venida del cielo: "Lo que Dios ha purificado no lo llames tú profano."

10 Esto se repitió hasta tres veces; y al fin fue retirado todo de nuevo al cielo.

11 «En aquel momento se presentaron tres hombres en la casa donde nosotros estábamos, enviados a mí desde Cesarea.

12 El Espíritu me dijo que fuera con ellos sin dudar. Fueron también conmigo estos seis hermanos, y entramos en la casa de aquel hombre.

13 El nos contó cómo había visto un ángel que se presentó en su casa y le dijo: "Manda a buscar en Joppe a Simón, llamado Pedro,

14 quien te dirá palabras que traerán la salvación para ti y para toda tu casa."

15 «Había empezado yo a hablar cuando cayó sobre ellos el Espíritu Santo, como al principio había caído sobre nosotros.

16 Me acordé entonces de aquellas palabras que dijo el Señor: Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo.

17 Por tanto, si Dios les ha concedido el mismo don que a nosotros, por haber creído en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo para poner obstáculos a Dios?»

18 Al oír esto se tranquilizaron y glorificaron a Dios diciendo: «Así pues, también a los gentiles les ha dado Dios la conversión que lleva a la vida.»

19 Los que se habían dispersado cuando la tribulación originada a la muerte de Esteban, llegaron en su recorrido hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, sin predicar la Palabra a nadie más que a los judíos.

20 Pero había entre ellos algunos chipriotas y cirenenses que, venidos a Antioquía, hablaban también a los griegos y les anunciaban la Buena Nueva del Señor Jesús.

21 La mano del Señor estaba con ellos, y un crecido número recibió la fe y se convirtió al Señor.

22 La noticia de esto llegó a oídos de la Iglesia de Jerusalén y enviaron a Bernabé a Antioquía.

23 Cuando llegó y vio la gracia de Dios se alegró y exhortaba a todos a permanecer, con corazón firme, unidos al Señor,

24 porque era un hombre bueno, lleno de Espíritu Santo y de fe. Y una considerable multitud se agregó al Señor.

25 Partió para Tarso en busca de Saulo,

26 y en cuanto le encontró, le llevó a Antioquía. Estuvieron juntos durante un año entero en la Iglesia y adoctrinaron a una gran muchedumbre. En Antioquía fue donde, por primera vez, los discípulos recibieron el nombre de «cristianos».

27 Por aquellos días bajaron unos profetas de Jerusalén a Antioquía.

28 Uno de ellos, llamado Agabo, movido por el Espíritu, se levantó y profetizó que vendría una gran hambre sobre toda la tierrra, la que hubo en tiempo de Claudio.

29 Los discípulos determinaron enviar algunos recursos, según las posibilidades de cada uno, para los hermanos que vivían en Judea.

30 Así lo hicieron y se los enviaron a los presbíteros por medio de Bernabé y de Saulo.

Reflexión del capítulo 11

Al regresar a Jerusalén, Pedro debe explicar por qué entró en casa de incircuncisos. Relata la visión y la acción del Espíritu, y los hermanos alaban a Dios al comprender que también a los gentiles ha concedido la conversión. En Antioquía, donde los helenistas anuncian a los griegos, nace una comunidad numerosa y los discípulos reciben por primera vez el nombre de cristianos. Bernabé es enviado y trae consigo a Saulo, iniciando una enseñanza fecunda. El capítulo muestra la Iglesia aprendiendo a discernir la obra de Dios más allá de sus esquemas, y la importancia de la comunicación y el acompañamiento entre las comunidades. Antioquía se convertirá en la base de la misión universal. Para nosotros, Hechos 11 enseña que el crecimiento del Evangelio exige humildad para revisar costumbres cuando Dios las supera, y generosidad para acoger a los nuevos hermanos. El nombre cristiano es don y responsabilidad: signo de que pertenecemos a Cristo y estamos llamados a vivir conforme a su amor ante el mundo.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Hoy vive tu identidad de cristiano con coherencia visible: una palabra amable o un gesto de justicia que haga reconocible a Cristo en ti.

Oración

Señor, que como en Antioquía seamos llamados cristianos por nuestro amor. Danos humildad para crecer y acoger a cuantos buscan tu Reino. Amén.

Acerca del libro de Hechos

Los Hechos de los Apóstoles, tradicionalmente atribuido a san Lucas, médico y compañero de Pablo, constituye la segunda parte de su obra, continuación directa del Evangelio que lleva su nombre. Escrito hacia el año 80-90 d.C., el libro narra la expansión del Evangelio desde Jerusalén hasta los confines del imperio romano, mostrando cómo la promesa de Jesús se cumple mediante la acción del Espíritu Santo. En su contexto histórico, Hechos surge en una comunidad que enfrenta tanto la persecución externa como la urgencia de definir su identidad frente al judaísmo y al mundo gentil. Literariamente, es una obra de historia salvífica que entrelaza discursos, milagros y viajes misioneros en un relato teológicamente orientado.

Los temas centrales son la obra del Espíritu Santo, la oración, la comunión de bienes, el testimonio ante las autoridades y la apertura universal de la salvación a judíos y gentiles por igual. Hechos ocupa un lugar único en la historia de la salvación: es el puente entre el ministerio terreno de Cristo y la vida de la Iglesia. Nos muestra a la Iglesia naciendo, orando, sufriendo y creciendo no por estrategia humana, sino por la fuerza del Resucitado. Pedro abre las puertas a los judíos, Esteban da el primer testimonio de sangre, Felipe evangeliza a los marginados y Pablo lleva el nombre de Cristo ante reyes y filósofos.

Para leerlo hoy en oración, Hechos nos recuerda que la misión no es nostalgia, sino presencia viva del Espíritu. Cada página invita a confiar en que Dios abre caminos donde solo vemos muros. Leer Hechos orantemente es dejarse interpelar: ¿dejo que el Espíritu me mueva a dar testimonio? ¿creo que la Iglesia sigue siendo hoy el lugar donde el Resucitado actúa? Que nuestra lectura despierte el fuego misionero que transformó al mundo antiguo.

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