Hechos

Nuevo Testamento | 28 capítulos | 1002 versículos

He

Capítulo 14

1 En Iconio, entraron del mismo modo en la sinagoga de los judíos y hablaron de tal manera que gran multitud de judíos y griegos abrazaron la fe.

2 Pero los judíos que no habían creído excitaron y envenenaron los ánimos de los gentiles contra los hermanos.

3 Con todo se detuvieron allí bastante tiempo, hablando con valentía del Señor que les concedía obrar por sus manos señales y prodigios, dando así testimonio de la predicación de su gracia.

4 La gente de la ciudad se dividió: unos a favor de los judíos y otros a favor de los apóstoles.

5 Como se alzasen judíos y gentiles con sus jefes para ultrajarles y apedrearles,

6 al saberlo, huyeron a las ciudades de Licaonia, a Listra y Derbe y sus alrededores.

7 Y allí se pusieron a anunciar la Buena Nueva.

8 Había allí, sentado, un hombre tullido de pies, cojo de nacimiento y que nunca había andado.

9 Este escuchaba a Pablo que hablaba. Pablo fijó en él su mirada y viendo que tenía fe para ser curado,

10 le dijo con fuerte voz: «Ponte derecho sobre tus pies.» Y él dio un salto y se puso a caminar.

11 La gente, al ver lo que Pablo había hecho, empezó a gritar en licaonio: «Los dioses han bajado hasta nosotros en figura de hombres.»

12 A Bernabé le llamaban Zeus y a Pablo, Hermes, porque era quien dirigía la palabra.

13 El sacerdote del templo de Zeus que hay a la entrada de la ciudad, trajo toros y guirnaldas delante de las puertas y a una con la gente se disponía a sacrificar.

14 Al oírlo los apóstoles Bernabé y Pablo, rasgaron sus vestidos y se lanzaron en medio de la gente gritando:

15 «Amigos, ¿por qué hacéis esto? Nosotros somos también hombres, de igual condición que vosotros, que os predicamos que abandonéis estas cosas vanas y os volváis al Dios vivo que hizo el cielo, la tierra, el mar y cuanto en ellos hay,

16 y que en las generaciones pasadas permitió que todas las naciones siguieran sus propios caminos;

17 si bien no dejó de dar testimonio de sí mismo, derramando bienes, enviándoos desde el cielo lluvias y estaciones fructíferas, llenando vuestros corazones de sustento y alegría...»

18 Con estas palabras pudieron impedir a duras penas que la gente les ofreciera un sacrificio.

19 Vinieron entonces de Antioquía e Iconio algunos judíos y, habiendo persuadido a la gente, lapidaron a Pablo y le arrastraron fuera de la ciudad, dándole por muerto.

20 Pero él se levantó y, rodeado de los discípulos, entró en la ciudad. Al día siguiente marchó con Bernabé a Derbe.

21 Habiendo evangelizado aquella ciudad y conseguido bastantes discípulos, se volvieron a Listra, Iconio y Antioquía,

22 confortando los ánimos de los discípulos, exhortándoles a perseverar en la fe y diciéndoles: «Es necesario que pasemos por muchas tribulaciones para entrar en el Reino de Dios.»

23 Designaron presbíteros en cada Iglesia y después de hacer oración con ayunos, los encomendaron al Señor en quien habían creído.

24 Atravesaron Pisidia y llegaron a Panfilia;

25 predicaron en Perge la Palabra y bajaron a Atalía.

26 Allí se embarcaron para Antioquía, de donde habían partido encomendados a la gracia de Dios para la obra que habían realizado.

27 A su llegada reunieron a la Iglesia y se pusieron a contar todo cuanto Dios había hecho juntamente con ellos y cómo había abierto a los gentiles la puerta de la fe.

28 Y permanecieron no poco tiempo con los discípulos.

Reflexión del capítulo 14

Pablo y Bernabé recorren Iconio, Listra y Derbe anunciando el Evangelio. En Iconio, la división entre creyentes y opositores los obliga a huir. En Listra, Pablo sana a un cojo de nacimiento; la gente, alarmada, los toma por dioses, llamando a Bernabé Zeus y a Pablo Hermes, y quieren ofrecerles sacrificios. Los apóstoles rasgan sus vestiduras rechazando la adoración, recordando que son mortales que anuncian al Dios vivo. Luego, judíos llegados de otras ciudades apedrean a Pablo y lo dan por muerto, pero él se levanta y sigue. De vuelta, fortalecen a las comunidades, designan presbíteros y encomiendan a los nuevos discípulos al Señor. Este capítulo muestra las dos caras de la misión: el entusiasmo popular y la hostilidad, el signo y la persecución. Nos enseña a rechazar toda idolatría de la persona y a confiar solo en Dios vivo. Para nosotros, Hechos 14 recuerda que el verdadero éxito evangélico no es la fama, sino la fundación de comunidades firmes en la fe, sostenidas por la oración y el ministerio ordenado.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Hoy rechaza toda tentación de buscar protagonismo y, en cambio, fortalece a alguien más joven en la fe con una palabra de aliento y oración.

Oración

Señor, líbranos de la vanidad y haz que anunciemos solo tu gloria. Fortalece a tu Iglesia naciente y sostén a quienes sufren por tu nombre. Amén.

Acerca del libro de Hechos

Los Hechos de los Apóstoles, tradicionalmente atribuido a san Lucas, médico y compañero de Pablo, constituye la segunda parte de su obra, continuación directa del Evangelio que lleva su nombre. Escrito hacia el año 80-90 d.C., el libro narra la expansión del Evangelio desde Jerusalén hasta los confines del imperio romano, mostrando cómo la promesa de Jesús se cumple mediante la acción del Espíritu Santo. En su contexto histórico, Hechos surge en una comunidad que enfrenta tanto la persecución externa como la urgencia de definir su identidad frente al judaísmo y al mundo gentil. Literariamente, es una obra de historia salvífica que entrelaza discursos, milagros y viajes misioneros en un relato teológicamente orientado.

Los temas centrales son la obra del Espíritu Santo, la oración, la comunión de bienes, el testimonio ante las autoridades y la apertura universal de la salvación a judíos y gentiles por igual. Hechos ocupa un lugar único en la historia de la salvación: es el puente entre el ministerio terreno de Cristo y la vida de la Iglesia. Nos muestra a la Iglesia naciendo, orando, sufriendo y creciendo no por estrategia humana, sino por la fuerza del Resucitado. Pedro abre las puertas a los judíos, Esteban da el primer testimonio de sangre, Felipe evangeliza a los marginados y Pablo lleva el nombre de Cristo ante reyes y filósofos.

Para leerlo hoy en oración, Hechos nos recuerda que la misión no es nostalgia, sino presencia viva del Espíritu. Cada página invita a confiar en que Dios abre caminos donde solo vemos muros. Leer Hechos orantemente es dejarse interpelar: ¿dejo que el Espíritu me mueva a dar testimonio? ¿creo que la Iglesia sigue siendo hoy el lugar donde el Resucitado actúa? Que nuestra lectura despierte el fuego misionero que transformó al mundo antiguo.

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