Hechos

Nuevo Testamento | 28 capítulos | 1002 versículos

He

Capítulo 16

1 Llegó también a Derbe y Listra. Había allí un discípulo llamado Timoteo, hijo de una mujer judía creyente y de padre griego.

2 Los hermanos de Listra e Iconio daban de él un buen testimonio.

3 Pablo quiso que se viniera con él. Le tomó y le circuncidó a causa de los judíos que había por aquellos lugares, pues todos sabían que su padre era griego.

4 Conforme iban pasando por las ciudades, les iban entregando, para que las observasen, las decisiones tomadas por los apóstoles y presbíteros en Jerusalén.

5 Las Iglesias, pues, se afianzaban en la fe y crecían en número de día en día.

6 Atravesaron Frigia y la región de Galacia, pues el Espíritu Santo les había impedido predicar la Palabra en Asia.

7 Estando ya cerca de Misia, intentaron dirigirse a Bitinia, pero no se lo consintió el Espíritu de Jesús.

8 Atravesaron, pues, Misia y bajaron a Tróada.

9 Por la noche Pablo tuvo una visión: Un macedonio estaba de pie suplicándole: «Pasa a Macedonia y ayúdanos.»

10 En cuanto tuvo la visión, inmediatamente intentamos pasar a Macedonia, persuadidos de que Dios nos había llamado para evangelizarles.

11 Nos embarcamos en Tróada y fuimos derechos a Samotracia, y al día siguiente a Neápolis;

12 de allí pasamos a Filipos, que es una de las principales ciudades de la demarcación de Macedonia, y colonia. En esta ciudad nos detuvimos algunos días.

13 El sábado salimos fuera de la puerta, a la orilla de un río, donde suponíamos que habría un sitio para orar. Nos sentamos y empezamos a hablar a las mujeres que habían concurrido.

14 Una de ellas, llamada Lidia, vendedora de púrpura, natural de la ciudad de Tiatira, y que adoraba a Dios, nos escuchaba. El Señor le abrió el corazón para que se adhiriese a las palabras de Pablo.

15 Cuando ella y los de su casa recibieron el bautismo, suplicó: «Si juzgáis que soy fiel al Señor, venid y quedaos en mi casa.» Y nos obligó a ir.

16 Sucedió que al ir nosotros al lugar de oración, nos vino al encuentro una muchacha esclava poseída de un espíritu adivino, que pronunciando oráculos producía mucho dinero a sus amos.

17 Nos seguía a Pablo y a nosotros gritando: «Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, que os anuncian un camino de salvación.»

18 Venía haciendo esto durante muchos días. Cansado Pablo, se volvió y dijo al espíritu: «En nombre de Jesucristo te mando que salgas de ella.» Y en el mismo instante salió.

19 Al ver sus amos que se les había ido su esperanza de ganancia, prendieron a Pablo y a Silas y los arrastraron hasta el ágora, ante los magistrados;

20 los presentaron a los pretores y dijeron: «Estos hombres alborotan nuestra ciudad; son judíos

21 y predican unas costumbres que nosotros, por ser romanos, no podemos aceptar ni practicar.»

22 La gente se amotinó contra ellos; los pretores les hicieron arrancar los vestidos y mandaron azotarles con varas.

23 Después de haberles dado muchos azotes, los echaron a la cárcel y mandaron al carcelero que los guardase con todo cuidado.

24 Este, al recibir tal orden, los metió en el calabozo interior y sujetó sus pies en el cepo.

25 Hacia la media noche Pablo y Silas estaban en oración cantando himnos a Dios; los presos les escuchaban.

26 De repente se produjo un terremoto tan fuerte que los mismos cimientos de la cárcel se conmovieron. Al momento quedaron abiertas todas las puertas y se soltaron las cadenas de todos.

27 Despertó el carcelero y al ver las puertas de la cárcel abiertas, sacó la espada e iba a matarse, creyendo que los presos habían huido.

28 Pero Pablo le gritó: «No te hagas ningún mal, que estamos todos aquí.»

29 El carcelero pidió luz, entró de un salto y tembloroso se arrojó a los pies de Pablo y Silas,

30 los sacó fuera y les dijo: «Señores, ¿qué tengo que hacer para salvarme?»

31 Le respondieron: «Ten fe en el Señor Jesús y te salvarás tú y tu casa.»

32 Y le anunciaron la Palabra del Señor a él y a todos los de su casa.

33 En aquella misma hora de la noche el carcelero los tomó consigo y les lavó las heridas; inmediatamente recibió el bautismo él y todos los suyos.

34 Les hizo entonces subir a su casa, les preparó la mesa y se alegró con toda su familia por haber creído en Dios.

35 Llegado el día, los pretores enviaron a los lictores a decir al carcelero: «Pon en libertad a esos hombres.»

36 El carcelero transmitió estas palabras a Pablo: «Los pretores han enviado a decir que os suelte. Ahora, pues, salid y marchad.»

37 Pero Pablo les contestó: «Después de habernos azotado públicamente sin habernos juzgado, a pesar de ser nosotros ciudadanos romanos, nos echaron a la cárcel; ¿y ahora quieren mandarnos de aquí a escondidas? Eso no; que vengan ellos a sacarnos.»

38 Los lictores transmitieron estas palabras a los pretores. Les entró miedo al oír que eran romanos.

39 Vinieron y les rogaron que saliesen de la ciudad.

40 Al salir de la cárcel se fueron a casa de Lidia, volvieron a ver a los hermanos, los animaron y se marcharon.

Reflexión del capítulo 16

Pablo, en su segundo viaje, circuncida a Timoteo para no escandalizar a los judíos, mostrando su libertad gobernada por la caridad. El Espíritu les prohíbe predicar en Asia y Bitinia, conduciéndolos a Macedonia tras la visión del hombre macedonio. En Filipos, Pablo anuncia a varias mujeres junto al río y bautiza a Lidia. Al expulsar un espíritu de adivinación de una esclava, sus dueños lo denuncian y azotan a Pablo y Silas, encerrándolos. Hacia medianoche, orando y cantando, un terremoto abre las puertas; el carcelero, a punto de suicidarse, se convierte al verlos firmes, y su familia es bautizada. Este capítulo revela la providencia que guía el paso misionero y el poder de la oración en la prisión. El bautismo del carcelero muestra que la salvación llega por la fe en el Señor Jesús. Para nosotros, Hechos 16 enseña a leer los signos de Dios en las circunstancias y a dar testimonio incluso en el sufrimiento. La alegría de Pablo y Silas en la cárcel es imagen de la libertad interior que nadie puede quitar.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Hoy, si atraviesas una prueba, responde con oración y canto de fe, y busca ser luz de esperanza para quien sufre contigo en esa situación.

Oración

Señor, que como Pablo y Silas cantemos en la prueba y seamos luz para quienes nos rodean. Convierta tu gracia los corazones que buscan libertad. Amén.

Acerca del libro de Hechos

Los Hechos de los Apóstoles, tradicionalmente atribuido a san Lucas, médico y compañero de Pablo, constituye la segunda parte de su obra, continuación directa del Evangelio que lleva su nombre. Escrito hacia el año 80-90 d.C., el libro narra la expansión del Evangelio desde Jerusalén hasta los confines del imperio romano, mostrando cómo la promesa de Jesús se cumple mediante la acción del Espíritu Santo. En su contexto histórico, Hechos surge en una comunidad que enfrenta tanto la persecución externa como la urgencia de definir su identidad frente al judaísmo y al mundo gentil. Literariamente, es una obra de historia salvífica que entrelaza discursos, milagros y viajes misioneros en un relato teológicamente orientado.

Los temas centrales son la obra del Espíritu Santo, la oración, la comunión de bienes, el testimonio ante las autoridades y la apertura universal de la salvación a judíos y gentiles por igual. Hechos ocupa un lugar único en la historia de la salvación: es el puente entre el ministerio terreno de Cristo y la vida de la Iglesia. Nos muestra a la Iglesia naciendo, orando, sufriendo y creciendo no por estrategia humana, sino por la fuerza del Resucitado. Pedro abre las puertas a los judíos, Esteban da el primer testimonio de sangre, Felipe evangeliza a los marginados y Pablo lleva el nombre de Cristo ante reyes y filósofos.

Para leerlo hoy en oración, Hechos nos recuerda que la misión no es nostalgia, sino presencia viva del Espíritu. Cada página invita a confiar en que Dios abre caminos donde solo vemos muros. Leer Hechos orantemente es dejarse interpelar: ¿dejo que el Espíritu me mueva a dar testimonio? ¿creo que la Iglesia sigue siendo hoy el lugar donde el Resucitado actúa? Que nuestra lectura despierte el fuego misionero que transformó al mundo antiguo.

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