Hechos
Nuevo Testamento | 28 capítulos | 1002 versículos
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Capítulo 22 de 28Capítulo 22
1 «Hermanos y padres, escuchad la defensa que ahora hago ante vosotros.»
2 Al oír que les hablaba en lengua hebrea guardaron más profundo silencio. Y dijo:
3 «Yo soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, pero educado en esta ciudad, instruido a los pies de Gamaliel en la exacta observancia de la Ley de nuestros padres; estaba lleno de celo por Dios, como lo estáis todos vosotros el día de hoy.
4 Yo perseguí a muerte a este Camino, encadenando y arrojando a la cárcel a hombres y mujeres,
5 como puede atestiguármelo el Sumo Sacerdote y todo el Consejo de ancianos. De ellos recibí también cartas para los hermanos de Damasco y me puse en camino con intención de traer también encadenados a Jerusalén a todos los que allí había, para que fueran castigados.
6 «Pero yendo de camino, estando ya cerca de Damasco, hacia el mediodía, me envolvió de repente una gran luz venida del cielo;
7 caí al suelo y oí una voz que me decía: "Saúl, Saúl, ¿por qué me persigues?"
8 Yo respondí: "¿Quién eres, Señor?" Y él a mí: "Yo soy Jesús Nazoreo, a quien tú persigues."
9 Los que estaban vieron la luz, pero no oyeron la voz del que me hablaba.
10 Yo dije: "¿Qué he de hacer, Señor?" Y el Señor me respondió: "Levántate y vete a Damasco; allí se te dirá todo lo que está establecido que hagas."
11 Como yo no veía, a causa del resplandor de aquella luz, conducido de la mano por mis compañeros llegué a Damasco.
12 «Un tal Ananías, hombre piadoso según la Ley, bien acreditado por todos los judíos que habitaban allí,
13 vino a verme, y presentándose ante mí me dijo: "Saúl, hermano, recobra la vista." Y en aquel momento le pude ver.
14 El me dijo: "El Dios de nuestros padres te ha destinado para que conozcas su voluntad, veas al Justo y escuches la voz de sus labios,
15 pues le has de ser testigo ante todos los hombres de lo que has visto y oído.
16 Y ahora, ¿qué esperas? Levántate, recibe el bautismo y lava tus pecados invocando su nombre."
17 «Habiendo vuelto a Jerusalén y estando en oración en el Templo, caí en éxtasis;
18 y le vi a él que me decía: "Date prisa y marcha inmediatamente de Jerusalén, pues no recibirán tu testimonio acerca de mí."
19 Yo respondí: "Señor, ellos saben que yo andaba por las sinagogas encarcelando y azotando a los que creían en ti;
20 y cuando se derramó la sangre de tu testigo Esteban, yo también me hallaba presente, y estaba de acuerdo con los que le mataban y guardaba sus vestidos."
21 Y me dijo: "Marcha, porque yo te enviaré lejos, a los gentiles".»
22 Le estuvieron escuchando hasta estas palabras y entonces alzaron sus voces diciendo: «¡Quita a ése de la tierra!; ¡no es justo que viva!»
23 Vociferaban, agitaban sus vestidos y arrojaban polvo al aire.
24 El tribuno mandó llevarlo dentro del cuartel y dijo que lo sometieran a los azotes para averiguar por qué motivo gritaban así contra él.
25 Cuando le tenían estirado con las correas, dijo Pablo al centurión que estaba allí: «¿Os es lícito azotar a un ciudadano romano sin haberle juzgado?»
26 Al oír esto el centurión fue donde el tribuno y le dijo: «¿Qué vas a hacer? Este hombre es ciudadano romano.»
27 Acudió el tribuno y le preguntó: «Dime, ¿eres ciudadano romano?» - «Sí», respondió.
28 - «Yo, dijo el tribuno, conseguí esta ciudadanía por una fuerte suma.» - «Pues yo, contestó Pablo, la tengo por nacimiento.»
29 Al momento se retiraron los que iban a darle tormento. El tribuno temió al darse cuenta que le había encadenado siendo ciudadano romano.
30 Al día siguiente, queriendo averiguar con certeza de qué le acusaban los judíos, le sacó de la cárcel y mandó que se reunieran los sumos sacerdotes y todo el Sanedrín; hizo bajar a Pablo y le puso ante ellos.
Reflexión del capítulo 22
Pablo habla en hebreo a la multitud, que guarda silencio al oírle en su lengua. Relata su conversión en el camino de Damasco y la instrucción de Ananías, presentándose como celoso cumplidor de la Ley llamado por Dios. Cuando menciona que es enviado a los gentiles, el pueblo estalla en gritos pidiendo su muerte. El comandante romano ordena azotarlo para averiguar la causa, pero Pablo revela su ciudadanía romana, lo que detiene el castigo. Este capítulo muestra la defensa de Pablo como testimonio ante su propio pueblo, subrayando que su misión a los gentiles es mandato divino. Nos enseña que la fidelidad a Dios puede costar rechazo incluso entre los propios. La ciudadanía romana protege su vida, pero Pablo la usa para seguir anunciando. Para nosotros, Hechos 22 recuerda que Dios llama a cada uno según su historia y que el testimonio personal, narrado con honradez, puede abrir o cerrar corazones. La libertad de conciencia ante las autoridades es un don que debe servir a la verdad.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Hoy da tu testimonio personal de fe con sencillez a alguien cercano, contando cómo Dios ha obrado en tu vida sin exagerar ni esconder la verdad.
Oración
Señor, que como Pablo demos testimonio de tu llamado con valentía y verdad. Usa nuestra libertad para servir tu Reino y anunciar tu misericordia. Amén.
Acerca del libro de Hechos
Los Hechos de los Apóstoles, tradicionalmente atribuido a san Lucas, médico y compañero de Pablo, constituye la segunda parte de su obra, continuación directa del Evangelio que lleva su nombre. Escrito hacia el año 80-90 d.C., el libro narra la expansión del Evangelio desde Jerusalén hasta los confines del imperio romano, mostrando cómo la promesa de Jesús se cumple mediante la acción del Espíritu Santo. En su contexto histórico, Hechos surge en una comunidad que enfrenta tanto la persecución externa como la urgencia de definir su identidad frente al judaísmo y al mundo gentil. Literariamente, es una obra de historia salvífica que entrelaza discursos, milagros y viajes misioneros en un relato teológicamente orientado.
Los temas centrales son la obra del Espíritu Santo, la oración, la comunión de bienes, el testimonio ante las autoridades y la apertura universal de la salvación a judíos y gentiles por igual. Hechos ocupa un lugar único en la historia de la salvación: es el puente entre el ministerio terreno de Cristo y la vida de la Iglesia. Nos muestra a la Iglesia naciendo, orando, sufriendo y creciendo no por estrategia humana, sino por la fuerza del Resucitado. Pedro abre las puertas a los judíos, Esteban da el primer testimonio de sangre, Felipe evangeliza a los marginados y Pablo lleva el nombre de Cristo ante reyes y filósofos.
Para leerlo hoy en oración, Hechos nos recuerda que la misión no es nostalgia, sino presencia viva del Espíritu. Cada página invita a confiar en que Dios abre caminos donde solo vemos muros. Leer Hechos orantemente es dejarse interpelar: ¿dejo que el Espíritu me mueva a dar testimonio? ¿creo que la Iglesia sigue siendo hoy el lugar donde el Resucitado actúa? Que nuestra lectura despierte el fuego misionero que transformó al mundo antiguo.
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