II Corintios

Nuevo Testamento | 13 capítulos | 256 versículos

2 Cor

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Capítulo 12 de 13

Capítulo 12

1 ¿Que hay que gloriarse? - aunque no trae ninguna utilidad -; pues vendré a las visiones y revelaciones del Señor.

2 Sé de un hombre en Cristo, el cual hace catorce años - si en el cuerpo o fuera del cuerpo no lo sé, Dios lo sabe - fue arrebatado hasta el tercer cielo.

3 Y sé que este hombre - en el cuerpo o fuera del cuerpo del cuerpo no lo sé, Dios lo sabe -

4 fue arrebatado al paraíso y oyó palabras inefables que el hombre no puede pronunciar.

5 De ese tal me gloriaré; pero en cuanto a mí, sólo me gloriaré en mis flaquezas.

6 Si pretendiera gloriarme no haría el fatuo, diría la verdad. Pero me abstengo de ello. No sea que alguien se forme de mí una idea superior a lo que en mí ve u oye de mí.

7 Y por eso, para que no me engría con la sublimidad de esas revelaciones, fue dado un aguijón a mi carne, un ángel de Satanás que me abofetea para que no me engría.

8 Por este motivo tres veces rogué al Señor que se alejase de mí.

9 Pero él me dijo: «Mi gracia te basta, que mi fuerza se muestra perfecta en la flaqueza». Por tanto, con sumo gusto seguiré gloriándome sobre todo en mis flaquezas, para que habite en mí la fuerza de Cristo.

10 Por eso me complazco en mis flaquezas, en las injurias, en las necesidades, en las persecuciones y las angustias sufridas por Cristo; pues, cuando estoy débil, entonces es cuando soy fuerte.

11 ¡Vedme aquí hecho un loco! Vosotros me habéis obligado. Pues vosotros debíais recomendarme, porque en nada he sido inferior a esos «superapóstoles», aunque nada soy.

12 Las características del apóstol se vieron cumplidas entre vosotros: paciencia perfecta en los sufrimientos y también señales, prodigios y milagros.

13 Pues ¿en qué habéis sido inferiores a las demás Iglesias, excepto en no haberos sido yo gravoso? ¡Perdonadme este agravio!

14 Mirad, es la tercera vez que estoy a punto de ir a vosotros, y no os seré gravoso, pues no busco vuestras cosas sino a vosotros. Efectivamente, no corresponde a los hijos atesorar para los padres, sino a los padres atesorar para los hijos.

15 Por mi parte, muy gustosamente gastaré y me desgastaré totalmente por vuestras almas. Amándoos más ¿seré yo menos amado?

16 Es verdad, en nada os fui gravoso; pero en mi astucia, os capturé con dolo.

17 ¿Acaso os exploté por alguno de los que os envié?

18 Invité a Tito y mandé con él al hermano. ¿Os ha explotado acaso Tito? ¿No hemos obrado según el mismo espíritu? ¿No hemos seguido las mismas huellas?

19 Hace tiempo, pensáis, que nos estamos justificando delante de vosotros. Delante de Dios, en Cristo, estamos hablando. Y todo esto, queridos míos, para edificación vuestra.

20 En efecto, temo que a mi llegada no os encuentre como yo querría; ni me encontréis como querríais: que haya discordias, envidias, iras, disputas, calumnias, murmuraciones, insolencias, desórdenes.

21 Temo que en mi próxima visita el Señor me humille por causa vuestra y tenga que llorar por muchos que anteriormente pecaron y no se convirtieron de sus actos de impureza, fornicación y libertinaje.

Reflexión del capítulo 12

El duodécimo capítulo relata la experiencia mística de Pablo: fue arrebatado al tercer cielo, oyendo palabras inefables, y recibió un «aguijón en la carne», un mensajero de Satanás para que no se ensoberbeciera. Tres veces rogó al Señor que lo quitara, y la respuesta fue: «Bástate mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad». Por eso el apóstol se gloria en las debilidades, para que habite en él el poder de Cristo. El capítulo nos enseña que la santidad suprema convive con el sufrimiento permitido, y que Dios no always quita la cruz, sino que da gracia para sobrellevarla. El aguijón preserva la humildad del elegido. Para nosotros, el texto es consuelo inmenso: nuestras enfermedades, tentaciones persistentes o limitaciones no son signo de abandono, sino ocasión de la gracia. La debilidad asumada es trono del poder de Cristo. La mística y la cruz van juntas. La verdadera gloria cristiana no está en las elevaciones, sino en la fidelidad cotidiana desde la fragilidad. Dios basta; su gracia es suficiente para cada día.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Hoy ofrece a Dios tu «aguijón» (enfermedad, tentación, cruz persistente) confiando en que su gracia basta. No exijas que lo quite, pide que su poder se perfeccione en ti. Glóriate en tu debilidad, no en tus éxitos.

Oración

Señor, que dijiste a Pablo: bástate mi gracia, concédenos aceptar nuestro aguijón con fe. Que tu poder se perfeccione en mi debilidad y habite en mí Cristo. Amén.

Acerca del libro de II Corintios

La segunda carta a los Corintios es una de las epístolas más personales y emocionantes del apóstol san Pablo, escrita hacia el año 56 o 57 d.C. desde Macedonia, poco después de una dolorosa visita y de una «carta de lágrimas». Dirigida a la Iglesia de Corinto, una comunidad vibrante pero dividida y expuesta a falsos apóstoles, el texto revela el corazón de Pablo más que su doctrina sistemática. El apóstol defiende su ministerio, no con arrogancia, sino mostrando su debilidad, sus sufrimientos y la fuerza de Cristo que en ella se manifiesta. La carta es tesoro de la teología católica sobre el ministerio, la reconciliación, la colecta para los pobres de Jerusalén y la cruz como poder de Dios. Nos enseña que el verdadero apóstol es «vaso de barro» que porta un tesoro inmenso, y que la autoridad cristiana se ejerce en el servicio y el amor. La Iglesia lee II Corintios como escuela de la vida espiritual: el consuelo de Dios, el aguijón de la carne, la gloria en las debilidades y la certeza de la resurrección. Leerla con oración nos acerca al misterio de un Dios que se revela en la fragilidad humana y nos convoca a la reconcilación con Él y con los hermanos.

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