II Corintios
Nuevo Testamento | 13 capítulos | 256 versículos
Capítulo 9
1 En cuanto a este servicio en favor de los santos, me es superfluo escribiros.
2 Conozco, en efecto, vuestra prontitud de ánimo, de la que me glorío ante los macedonios diciéndoles que Acaya está preparada desde el año pasado. Y vuestro celo ha estimulado a muchísimos.
3 No obstante, os envío a los hermanos para que nuestro motivo de gloria respecto de vosotros no se desvanezca en este particular y estéis preparados como os decía.
4 No sea que vayan los macedonios conmigo y os encuentren sin prepararos, y nuestra gran confianza se torne en confusión nuestra, por no decir vuestra.
5 Por tanto, he creído necesario rogar a los hermanos que vayan antes donde vosotros y preparen de antemano vuestros ya anunciados generosos dones, a fin de que sean preparados como dones generosos y no como una tacañería.
6 Mirad: el que siembra con mezquindad, cosechará también con mezquindad; el que siembra en abundancia, cosechará también en abundancia.
7 Cada cual dé según el dictamen de su corazón, no de mala gana ni forzado, pues: Dios ama al que da con alegría.
8 Y poderoso es Dios para colmaros de toda gracia a fin de que teniendo, siempre y en todo, todo lo necesario, tengáis aún sobrante para toda obra buena.
9 Como está escrito: Repartió a manos llenas; dio a los pobres; su justicia permanece eternamente.
10 Aquel que provee de simiente al sembrador y de pan para su alimento, proveerá y multiplicará vuestra sementera y aumentará los frutos de vuestra justicia.
11 Sois ricos en todo para toda largueza, la cual provocará por nuestro medio acciones de gracias a Dios.
12 Porque el servicio de esta ofrenda no sólo provee a las necesidades de los santos, sino que redunda también en abundantes acciones de gracias a Dios.
13 Experimentando este servicio, glorifican a Dios por vuestra obediencia en la profesión del Evangelio de Cristo y por la generosidad de vuestra comunión con ellos y con todos.
14 Y con su oración por vosotros, manifiestan su gran afecto hacia vosotros a causa de la gracia sobreabundante que en vosotros ha derramado Dios.
15 ¡Gracias sean dadas a Dios por su don inefable!
Reflexión del capítulo 9
El noveno capítulo continúa sobre la generosidad con la célebre imagen de la siembra: «el que siembra escasamente, escasamente cosechará; el que siembra en bendición, en bendición cosechará». Pablo asegura que Dios puede multiplicar todo don para que abundemos en toda obra buena, y cita el Salmo: «Repartió, dio a los pobres; su justicia permanece para siempre». El apóstol subraya que dar debe ser «según el corazón», no con tristeza ni por fuerza, pues «Dios ama al que da con alegría». El capítulo nos enseña que la caridad es participación en la providencia: lo que entregamos vuelve multiplicado en gracia y en necesidad suplida. La generosidad desata la bendición de Dios sobre la comunidad. Para nosotros, el texto es invitación a confiar: no perdemos al dar, sino que sembramos para la eternidad. La liberalidad cristiana es fruto de la confianza en el Padre que provee. Además, la acción de gracias de los beneficiarios glorifica a Dios. El dar y el recibir se entrelazan en un solo cuerpo. La alegría en el don es el rostro visible del Evangelio.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Hoy siembra con generosidad una obra buena (un regalo, un servicio, una limosna) sin calcular la pérdida. Dale al Señor con alegría, confiando en su providencia. Deja que tu don provoque acción de gracias en otros.
Oración
Dios providente, que amas al que da con alegría, multiplíca mi pequeña siembra para obras buenas. Que mi generosidad te glorifique y supla necesidades en tu Iglesia. Amén.
Acerca del libro de II Corintios
La segunda carta a los Corintios es una de las epístolas más personales y emocionantes del apóstol san Pablo, escrita hacia el año 56 o 57 d.C. desde Macedonia, poco después de una dolorosa visita y de una «carta de lágrimas». Dirigida a la Iglesia de Corinto, una comunidad vibrante pero dividida y expuesta a falsos apóstoles, el texto revela el corazón de Pablo más que su doctrina sistemática. El apóstol defiende su ministerio, no con arrogancia, sino mostrando su debilidad, sus sufrimientos y la fuerza de Cristo que en ella se manifiesta. La carta es tesoro de la teología católica sobre el ministerio, la reconciliación, la colecta para los pobres de Jerusalén y la cruz como poder de Dios. Nos enseña que el verdadero apóstol es «vaso de barro» que porta un tesoro inmenso, y que la autoridad cristiana se ejerce en el servicio y el amor. La Iglesia lee II Corintios como escuela de la vida espiritual: el consuelo de Dios, el aguijón de la carne, la gloria en las debilidades y la certeza de la resurrección. Leerla con oración nos acerca al misterio de un Dios que se revela en la fragilidad humana y nos convoca a la reconcilación con Él y con los hermanos.
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