II Corintios
Nuevo Testamento | 13 capítulos | 256 versículos
Capítulo 6
1 Y como cooperadores suyos que somos, os exhortamos a que no recibáis en vano la gracia de Dios.
2 Pues dice él: En el tiempo favorable te escuché y en el día de salvación te ayudé. Mirad ahora el momento favorable; mirad ahora el día de salvación.
3 A nadie damos ocasión alguna de tropiezo, para que no se haga mofa del ministerio,
4 antes bien, nos recomendamos en todo como ministros de Dios: con mucha constancia en tribulaciones, necesidades, angustias;
5 en azotes, cárceles, sediciones; en fatigas, desvelos, ayunos;
6 en pureza, ciencia, paciencia, bondad; en el Espíritu Santo, en caridad sincera,
7 en la palabra de verdad, en el poder de Dios; mediante las armas de la justicia: las de la derecha y las de la izquierda;
8 en gloria e ignominia, en calumnia y en buena fama; tenidos por impostores, siendo veraces;
9 como desconocidos, aunque bien conocidos; como quienes están a la muerte, pero vivos; como castigados, aunque no condenados a muerte;
10 como tristes, pero siempre alegres; como pobres, aunque enriquecemos a muchos; como quienes nada tienen, aunque todo lo poseemos.
11 ¡Corintios!, os hemos hablado con toda franqueza; nuestro corazón se ha abierto de par en par.
12 No está cerrado nuestro corazón para vosotros; los vuestros sí que lo están para nosotros.
13 Correspondednos; os hablo como a hijos; abríos también vosotros.
14 ¡No unciros en yugo desigual con los infieles! Pues ¿qué relación hay entre la justicia y la iniquidad? ¿Qué unión entre la luz y las tinieblas?
15 ¿Qué armonía entre Cristo y Beliar? ¿Qué participación entre el fiel y el infiel?
16 ¿Qué conformidad entre el santuario de Dios y el de los ídolos? Porque nosotros somos santuario de Dios vivo, como dijo Dios: Habitaré en medio de ellos y andaré entre ellos; yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo.
17 Por tanto, salid de entre ellos y apartaos, dice el Señor. No toquéis cosa impura, y yo os acogeré.
18 Yo seré para vosotros padre, y vosotros seréis para mí hijos e hijas, dice el Señor todopoderoso.
Reflexión del capítulo 6
El sexto capítulo exhorta a no recibir en vano la gracia de Dios y a vivir como hijos de la luz en medio de las pruebas: «en mucho padecer, en tribulaciones, en necesidades, en angustias... como desconocidos y sin embargo conocidos». Pablo describe el ministerio auténtico con una lista de contrastes luminosos: afligidos pero no ahogados, pobres que enriquecen a muchos, como quienes nada tienen y todo lo poseen. Luego advierte: «no os pongáis yugo con los infieles», pues la justicia no tiene comunión con la iniquidad. El capítulo nos enseña la coherencia bautismal: la gracia recibida exige una vida distinta, y la alianza con Dios no se compadece con los compromisos con las tinieblas. La metáfora del yugo recuerda que las uniones decisivas moldean el alma. Para nosotros, el texto es llamada a la separación del pecado y a la integridad: no podemos servir a dos señores. La fidelidad en las tribulaciones es la marca del verdadero ministro. El contraste «nada teniendo, todo lo poseyendo» sintetiza la libertad del que confía en Dios. La santidad es vivir ya como templo del Espíritu.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Hoy examina tus «yugos» discretos con lo incompatible con Cristo (aficiones, relaciones, negocios desordenados). Desámalos. Vive la coherencia bautismal con alegría, siendo pobre ante Dios y rico en Él.
Oración
Señor santo, que nos llamaste a ser templo tuyo, líbranos de yugos con las tinieblas. Danos vivir la gracia sin recibirla en vano y poseerte en medio de todo. Amén.
Acerca del libro de II Corintios
La segunda carta a los Corintios es una de las epístolas más personales y emocionantes del apóstol san Pablo, escrita hacia el año 56 o 57 d.C. desde Macedonia, poco después de una dolorosa visita y de una «carta de lágrimas». Dirigida a la Iglesia de Corinto, una comunidad vibrante pero dividida y expuesta a falsos apóstoles, el texto revela el corazón de Pablo más que su doctrina sistemática. El apóstol defiende su ministerio, no con arrogancia, sino mostrando su debilidad, sus sufrimientos y la fuerza de Cristo que en ella se manifiesta. La carta es tesoro de la teología católica sobre el ministerio, la reconciliación, la colecta para los pobres de Jerusalén y la cruz como poder de Dios. Nos enseña que el verdadero apóstol es «vaso de barro» que porta un tesoro inmenso, y que la autoridad cristiana se ejerce en el servicio y el amor. La Iglesia lee II Corintios como escuela de la vida espiritual: el consuelo de Dios, el aguijón de la carne, la gloria en las debilidades y la certeza de la resurrección. Leerla con oración nos acerca al misterio de un Dios que se revela en la fragilidad humana y nos convoca a la reconcilación con Él y con los hermanos.
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