II Corintios
Nuevo Testamento | 13 capítulos | 256 versículos
Capítulo 7
1 Teniendo, pues, estas promesas, queridos míos, purifiquémonos de toda mancha de la carne y del espíritu, consumando la santificación en el temor de Dios.
2 Dadnos lugar en vuestros corazones. A nadie hemos ofendido; a nadie hemos arruinado; a nadie hemos explotado.
3 No os digo esto con ánimo de condenaros. Pues acabo de deciros que en vida y muerte estáis unidos en mi corazón.
4 Tengo plena confianza en hablaros; estoy muy orgulloso de vosotros. Estoy lleno de consuelo y sobreabundo de gozo en todas nuestras tribulaciones.
5 Efectivamente, en llegando a Macedonia, no tuvo sosiego nuestra carne, sino, toda suerte de tribulaciones: por fuera, luchas; por dentro, temores.
6 Pero el Dios que consuela a los humillados, nos consoló con la llegada de Tito,
7 y no sólo con su llegada, sino también con el consuelo que le habíais proporcionado, comunicándonos vuestra añoranza, vuestro pesar, vuestro celo por mí hasta el punto de colmarme de alegría.
8 Porque si os entristecí con mi carta, no me pesa. Y si me pesó - pues veo que aquella carta os entristeció, aunque no fuera más que por un momento -
9 ahora me alegro. No por haberos entristecido, sino porque aquella tristeza os movió a arrepentimiento. Pues os entristecisteis según Dios, de manera que de nuestra parte no habéis sufrido perjuicio alguno.
10 En efecto, la tristeza según Dios produce firme arrepentimiento para la salvación; mas la tristeza del mundo produce la muerte.
11 Mirad qué ha producido entre vosotros esa tristeza según Dios: ¡qué interés y qué disculpas, qué enojo, qué temor, qué añoranza, qué celo, qué castigo! En todo habéis mostrado que erais inocentes en este asunto.
12 Así pues, si os escribí no fue a causa del que injurió, ni del que recibió la injuria. Fue para que se pusiera de manifiesto entre vosotros ante Dios vuestro interés por nosotros.
13 Eso es lo que nos ha consolado. Y mucho más que por este consuelo, nos hemos alegrado por el gozo de Tito, cuyo espíritu fue tranquilizado por todos vosotros.
14 Y si en algo me he gloriado de vosotros ante él, no he quedado avergonzado. Antes bien, así como os hemos dicho siempre la verdad, así también el motivo de nuestra gloria ante Tito ha resultado verdadero.
15 Y su corazón se inclina todavía más hacia vosotros al recordar la obediencia de todos vosotros y cómo le acogisteis con temor y temblor.
16 Me alegro de poder confiar totalmente en vosotros.
Reflexión del capítulo 7
El séptimo capítulo narra el consuelo de Pablo al llegar Tito con buenas noticias de Corinto: la carta de corrección produjo tristeza según Dios, que llevó a arrepentimiento, y no a la muerte. El apóstol distingue la tristeza del mundo, que produce muerte, de la tristeza según Dios, que produce arrepentimiento firme hacia la salvación. Confiesa que, aunque su carta los entristeció, ahora se alegra al ver su conversión. El capítulo nos enseña el fruto de una corrección hecha con amor: no resentimiento, sino crecimiento. La angustia de Pablo por la comunidad se disuelve en gozo al comprobar su fidelidad. Para nosotros, el texto es lección sobre el arrepentimiento verdadero, que no se queda en culpa paralizante, sino que se convierte en cambio de vida. La preocupación pastoral de Tito y Pablo muestra el cuidado mutuo en la Iglesia. La alegría del apóstol es signo de la alegría de Dios cuando un pecador se convierte. La comunión se restaura cuando la verdad se dice con caridad y se acoge con humildad. El gozo es el clima de la comunidad reconciliada.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Hoy acoge con humildad una corrección (de un superior, un amigo, tu conciencia) y conviértela en cambio, no en resentimiento. Si debes corregir, hazlo con amor buscando el bien. Alegra al Señor con tu arrepentimiento.
Oración
Dios de la misericordia, que das tristeza según ti para salvación, concédenme arrepentimiento verdadero y no amargura. Que mi conversión alegre tu corazón y el de tu Iglesia. Amén.
Acerca del libro de II Corintios
La segunda carta a los Corintios es una de las epístolas más personales y emocionantes del apóstol san Pablo, escrita hacia el año 56 o 57 d.C. desde Macedonia, poco después de una dolorosa visita y de una «carta de lágrimas». Dirigida a la Iglesia de Corinto, una comunidad vibrante pero dividida y expuesta a falsos apóstoles, el texto revela el corazón de Pablo más que su doctrina sistemática. El apóstol defiende su ministerio, no con arrogancia, sino mostrando su debilidad, sus sufrimientos y la fuerza de Cristo que en ella se manifiesta. La carta es tesoro de la teología católica sobre el ministerio, la reconciliación, la colecta para los pobres de Jerusalén y la cruz como poder de Dios. Nos enseña que el verdadero apóstol es «vaso de barro» que porta un tesoro inmenso, y que la autoridad cristiana se ejerce en el servicio y el amor. La Iglesia lee II Corintios como escuela de la vida espiritual: el consuelo de Dios, el aguijón de la carne, la gloria en las debilidades y la certeza de la resurrección. Leerla con oración nos acerca al misterio de un Dios que se revela en la fragilidad humana y nos convoca a la reconcilación con Él y con los hermanos.
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