II Corintios

Nuevo Testamento | 13 capítulos | 256 versículos

2 Cor

Capítulo 8

1 Os damos a conocer, hermanos, la gracia que Dios ha otorgado a las Iglesias de Macedonia.

2 Pues, aunque probados por muchas tribulaciones, su rebosante alegría y su extrema pobreza han desbordado en tesoros de generosidad.

3 Porque atestiguo que según sus posibilidades, y aun sobre sus posibilidades, espontáneamente

4 nos pedían con mucha insistencia la gracia de participar en el servicio en bien de los santos.

5 Y superando nuestras esperanzas, se entregaron a sí mismos, primero al Señor, y luego a nosotros, por voluntad de Dios,

6 de forma que rogamos a Tito llevara a buen término entre vosotros esta generosidad, tal como la había comenzado.

7 Y del mismo modo que sobresalís en todo: en fe, en palabra, en ciencia, en todo interés y en la caridad que os hemos comunicado, sobresalid también en esta generosidad.

8 No es una orden; sólo quiero, mediante el interés por los demás, probar la sinceridad de vuestra caridad.

9 Pues conocéis la generosidad de nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, por vosotros se hizo pobre a fin de que os enriquecierais con su pobreza.

10 Os doy un consejo sobre el particular: que es lo que os conviene a vosotros, ya que desde el año pasado habéis sido los primeros no sólo en hacer la colecta, sino también en tomar la iniciativa.

11 Ahora llevadla también a cabo, de forma que a vuestra prontitud en la iniciativa corresponda la realización conforme a vuestras posibilidades.

12 Pues si hay prontitud de voluntad es bien acogida con lo que se tenga, y no importa si nada se tiene.

13 No que paséis apuros para que otros tengan abundancia, sino con igualdad.

14 Al presente, vuestra abundancia remedia su necesidad, para que la abundancia de ellos pueda remediar también vuestra necesidad y reine la igualdad,

15 como dice la Escritura: El que mucho recogió, no tuvo de más; y el que poco, no tuvo de menos.

16 ¡Gracias sean dadas a Dios, que pone en el corazón de Tito el mismo interés por vosotros!,

17 pues aceptó mi ruego y, más solícito que nunca, por propia iniciativa fue donde vosotros.

18 Con él enviamos al hermano, cuyo renombre a causa del Evangelio se ha extendido por todas las Iglesias.

19 Y no sólo eso, sino que fue designado por elección de todas las Iglesias como compañero nuestro de viaje en esta generosidad, en que servimos nosotros para la gloria del mismo Señor, por iniciativa nuestra.

20 Así evitaremos todo motivo de reproche por esta abundante suma que administramos;

21 pues procuramos el bien no sólo ante el Señor sino también ante los hombres.

22 Con ellos os enviamos también al hermano nuestro, cuya solicitud tenemos ya comprobada muchas veces y de muchas maneras; solicitud aún mayor ahora por la gran confianza que tiene en vosotros.

23 En cuanto a Tito, es compañero y colaborador mío cerca de vosotros; en cuanto a los demás hermanos, son los delegados de las Iglesias: la gloria de Cristo.

24 Mostrad, pues, ante la faz de las Iglesias, vuestra caridad y la razón de nuestro orgullo respecto de vosotros.

Reflexión del capítulo 8

El octavo capítulo promueve la colecta para los santos de Jerusalén, presentando el ejemplo de las Iglesias de Macedonia, que en «profunda pobreza» rebosaron en riqueza de generosidad. Pablo anima a los corintios a completar la obra comenzada, no por mandato, sino por amor, recordando la gracia del Señor que, siendo rico, se hizo pobre por nosotros. El capítulo nos enseña la teología de la caridad: la pobreza de Cristo es la fuente de nuestra capacidad de dar. La colecta no es simple recaudación, sino expresión de la comunión entre las Iglesias y de la igualdad deseada por Dios. Para nosotros, el texto recuerda que la generosidad brota de la gratitud y no de la abundancia; quien ama da incluso desde la estrechez. La administración honesta de los dones también importa: Tito y otros hermanos son enviados para evitar cualquier sospecha. La caridad es criterio de autenticidad evangélica. El dar con alegría es sacrificio agradable a Dios. La solidaridad concreta entre hermanos lejanos es signo visible de la unidad de la Iglesia.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Hoy da con alegría y desde tu propia limitación (tiempo, recursos) a quien lo necesita, imitando a Macedonia. Colabora en la colecta de tu comunidad con honestidad y amor. Que tu generosidad nazca de la gracia de Cristo.

Oración

Señor, que siendo rico te hiciste pobre por nosotros, enséñanos a dar con alegría desde la gratitud. Que nuestra caridad sea comunión y signo de tu Iglesia una. Amén.

Acerca del libro de II Corintios

La segunda carta a los Corintios es una de las epístolas más personales y emocionantes del apóstol san Pablo, escrita hacia el año 56 o 57 d.C. desde Macedonia, poco después de una dolorosa visita y de una «carta de lágrimas». Dirigida a la Iglesia de Corinto, una comunidad vibrante pero dividida y expuesta a falsos apóstoles, el texto revela el corazón de Pablo más que su doctrina sistemática. El apóstol defiende su ministerio, no con arrogancia, sino mostrando su debilidad, sus sufrimientos y la fuerza de Cristo que en ella se manifiesta. La carta es tesoro de la teología católica sobre el ministerio, la reconciliación, la colecta para los pobres de Jerusalén y la cruz como poder de Dios. Nos enseña que el verdadero apóstol es «vaso de barro» que porta un tesoro inmenso, y que la autoridad cristiana se ejerce en el servicio y el amor. La Iglesia lee II Corintios como escuela de la vida espiritual: el consuelo de Dios, el aguijón de la carne, la gloria en las debilidades y la certeza de la resurrección. Leerla con oración nos acerca al misterio de un Dios que se revela en la fragilidad humana y nos convoca a la reconcilación con Él y con los hermanos.

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