II Corintios
Nuevo Testamento | 13 capítulos | 256 versículos
Capítulo 13
1 Por tercera vez voy a vosotros. Por la palabra de dos o tres testigos se zanjará todo asunto.
2 Ya lo tengo dicho a los que anteriormente pecaron y a todos los demás, y vuelvo a decirlo de antemano ahora que estoy ausente, lo mismo que la segunda vez estando presente: Si vuelvo otra vez, obraré sin miramientos,
3 ya que queréis una prueba de que habla en mí Cristo, el cual no es débil para con vosotros, sino poderoso entre vosotros.
4 Pues, ciertamente, fue crucificado en razón de su flaqueza, pero está vivo por la fuerza de Dios. Así también nosotros: somos débiles en él, pero viviremos con él por la fuerza de Dios sobre vosotros.
5 Examinaos vosotros mismos si estáis en la fe. Probaos a vosotros mismos. ¿No reconocéis que Jesucristo está en vosotros? ¡A no ser que os encontréis ya reprobados!
6 Espero que reconoceréis que nosotros no estamos reprobados.
7 Rogamos a Dios que no hagáis mal alguno. No para que nosotros aparezcamos probados, sino para que obréis el bien, aun cuando quedáramos nosotros reprobados.
8 Pues nada podemos contra la verdad, sino sólo a favor de la verdad.
9 Ciertamente, nos alegramos cuando somos nosotros débiles y vosotros fuertes. Lo que pedimos es vuestro perfeccionamiento.
10 Por eso os escribo esto ausente, para que, presente, no tenga que obrar con severidad conforme al poder que me otorgó el Señor para edificar y no para destruir.
11 Por lo demás, hermanos, alegraos; sed perfectos; animaos; tened un mismo sentir; vivid en paz, y el Dios de la caridad y de la paz estará con vosotros.
12 Saludaos mutuamente con el beso santo. Todos los santos os saludan.
13 La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros.
Reflexión del capítulo 13
El decimotercer y último capítulo cierra la carta con una advertencia y una bendición. Pablo anuncia que, si va de nuevo, no perdonará a los rebeldes, pues buscan prueba de que Cristo habla por él; y les recuerda que Cristo fue crucificado por su debilidad, pero vive por el poder de Dios, y así ellos son débiles en Él pero vivirán con Él. Exhorta: «examinaos si estáis en la fe; poned a prueba vuestro propio ser». Pide que sean perfectos, que se alegren, que vivan en paz, y concluye con la bendición trinitaria. El capítulo nos enseña que la autoridad apostólica busca la edificación, no la destrucción, y que la fe ha de ser verificada personalmente. La cruz y la resurrección de Cristo son el modelo de la vida cristiana: debilidad ahora, vida plena en Él. Para nosotros, el texto es llamada al examen honesto: ¿vivo realmente en la fe? La paz, el gozo y la corrección mutua construyen la comunidad. La carta termina en bendición, no en condena. El Dios de la paz estará con los que se examinan y se enmiendan. La fe auténtica persevera hasta el fin.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Hoy haz un examen sincero: «¿Estoy realmente en la fe?» Corrige lo que encuentres con paz, no con angustia. Busca la perfección y la reconciliación. Cierra el día recibiendo la bendición trinitaria con gratitud.
Oración
Dios de la paz, que nos llamas a examinar nuestra fe, ayúdame a vivir en ti con verdad. Que tu gracia me edifique y tu bendición trinitaria repose sobre mí. Amén.
Acerca del libro de II Corintios
La segunda carta a los Corintios es una de las epístolas más personales y emocionantes del apóstol san Pablo, escrita hacia el año 56 o 57 d.C. desde Macedonia, poco después de una dolorosa visita y de una «carta de lágrimas». Dirigida a la Iglesia de Corinto, una comunidad vibrante pero dividida y expuesta a falsos apóstoles, el texto revela el corazón de Pablo más que su doctrina sistemática. El apóstol defiende su ministerio, no con arrogancia, sino mostrando su debilidad, sus sufrimientos y la fuerza de Cristo que en ella se manifiesta. La carta es tesoro de la teología católica sobre el ministerio, la reconciliación, la colecta para los pobres de Jerusalén y la cruz como poder de Dios. Nos enseña que el verdadero apóstol es «vaso de barro» que porta un tesoro inmenso, y que la autoridad cristiana se ejerce en el servicio y el amor. La Iglesia lee II Corintios como escuela de la vida espiritual: el consuelo de Dios, el aguijón de la carne, la gloria en las debilidades y la certeza de la resurrección. Leerla con oración nos acerca al misterio de un Dios que se revela en la fragilidad humana y nos convoca a la reconcilación con Él y con los hermanos.
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