II Corintios
Nuevo Testamento | 13 capítulos | 256 versículos
Capítulo 3
1 ¿Comenzamos de nuevo a recomendarnos? ¿O es que, como algunos, necesitamos presentaros cartas de recomendación o pedíroslas?
2 Vosotros sois nuestra carta, escrita en nuestros corazones, conocida y leída por todos los hombres.
3 Evidentemente sois una carta de Cristo, redactada por ministerio nuestro, escrita no con tinta, sino con el Espíritu de Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne, en los corazones.
4 Esta es la confianza que tenemos delante de Dios por Cristo.
5 No que por nosotros mismos seamos capaces de atribuirnos cosa alguna, como propia nuestra, sino que nuestra capacidad viene de Dios,
6 el cual nos capacitó para ser ministros de una nueva Alianza, no de la letra, sino del Espíritu. Pues la letra mata mas el Espíritu da vida.
7 Que si el ministerio de la muerte, grabado con letras sobre tablas de piedra, resultó glorioso hasta el punto de no poder los hijos de Israel fijar su vista en el rostro de Moisés a causa de la gloria de su rostro, aunque pasajera,
8 ¡cuánto más glorioso no será el ministerio del Espíritu!
9 Efectivamente, si el ministerio de la condenación fue glorioso, con mucha más razón lo será el ministerio de la justicia.
10 Pues en este aspecto, no era gloria aquella glorificación en comparación de esta gloria sobreeminente.
11 Porque si aquello, que era pasajero, fue glorioso, ¡cuánto más glorioso será lo permanente!
12 Teniendo, pues, esta esperanza, hablamos con toda valentía,
13 y no como Moisés, que se ponía un velo sobre su rostro para impedir que los israelitas vieran el fin de lo que era pasajero...
14 Pero se embotaron sus inteligencias. En efecto, hasta el día de hoy perdura ese mismo velo en la lectura del Antiguo Testamento. El velo no se ha levantado, pues sólo en Cristo desaparece.
15 Hasta el día de hoy, siempre que se lee a Moisés, un velo está puesto sobre sus corazones.
16 Y cuando se convierte al Señor, se arranca el velo.
17 Porque el Señor es el Espíritu, y donde está el Espíritu del Señor, allí está la libertad.
18 Mas todos nosotros, que con el rostro descubierto reflejamos como en un espejo la gloria del Señor, nos vamos transformando en esa misma imagen cada vez más gloriosos: así es como actúa el Señor, que es Espíritu.
Reflexión del capítulo 3
El tercer capítulo es una defensa del ministerio de Pablo como carta de recomendación escrita por el Espíritu en los corazones. El apóstol se presenta como ministro de una «alianza nueva», no de la letra que mata, sino del Espíritu que da vida. Mientras Moisés veló su rostro por el resplandor pasajero, los cristianos contemplamos la gloria del Señor «con el rostro descubierto» y nos vamos transformando en esa imagen. El capítulo contiene una de las afirmaciones más bellas: donde está el Espíritu del Señor, hay libertad. Para nosotros, el texto enseña que la auténtica autoridad espiritual no se legitima con títulos externos, sino con la obra del Espíritu en la vida. La Ley sin gracia mata; el Evangelio en el Espíritu vivifica. La transformación progresiva en Cristo es la meta de la vida cristiana: no somos estáticos, sino meteoros hacia la semejanza divina. La libertad cristiana es libertad de la esclavitud al pecado y capacidad de contemplar a Dios. La carta escrita por el Espíritu en el corazón es la recomendación más elocuente del creyente.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Hoy deja que el Espíritu te transforme contemplando a Cristo en la oración o la Misa. Renuncia a una «letra» que mata (rigorismo sin amor). Vive tu fe desde la libertad interior, no desde la apariencia.
Oración
Espíritu Santo, que escribes en nuestros corazones la ley nueva, transfórmame en imagen de Cristo. Danos la libertad de los hijos de Dios y la vida que tú das. Amén.
Acerca del libro de II Corintios
La segunda carta a los Corintios es una de las epístolas más personales y emocionantes del apóstol san Pablo, escrita hacia el año 56 o 57 d.C. desde Macedonia, poco después de una dolorosa visita y de una «carta de lágrimas». Dirigida a la Iglesia de Corinto, una comunidad vibrante pero dividida y expuesta a falsos apóstoles, el texto revela el corazón de Pablo más que su doctrina sistemática. El apóstol defiende su ministerio, no con arrogancia, sino mostrando su debilidad, sus sufrimientos y la fuerza de Cristo que en ella se manifiesta. La carta es tesoro de la teología católica sobre el ministerio, la reconciliación, la colecta para los pobres de Jerusalén y la cruz como poder de Dios. Nos enseña que el verdadero apóstol es «vaso de barro» que porta un tesoro inmenso, y que la autoridad cristiana se ejerce en el servicio y el amor. La Iglesia lee II Corintios como escuela de la vida espiritual: el consuelo de Dios, el aguijón de la carne, la gloria en las debilidades y la certeza de la resurrección. Leerla con oración nos acerca al misterio de un Dios que se revela en la fragilidad humana y nos convoca a la reconcilación con Él y con los hermanos.
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