Lucas

Nuevo Testamento | 24 capítulos | 1149 versículos

Lc

Capítulo 21

1 Alzando la mirada, vió a unos ricos que echaban sus donativos en el arca del Tesoro;

2 vio también a una viuda pobre que echaba allí dos moneditas,

3 y dijo: «De verdad os digo que esta viuda pobre ha echado más que todos.

4 Porque todos éstos han echado como donativo de lo que les sobraba, ésta en cambio ha echado de lo que necesitaba, todo cuanto tenía para vivir.»

5 Como dijeran algunos, acerca del Templo, que estaba adornado de bellas piedras y ofrendas votivas, él dijo:

6 «Esto que veis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea derruida.»

7 Le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo sucederá eso? Y ¿cuál será la señal de que todas estas cosas están para ocurrir?»

8 El dijo: «Mirad, no os dejéis engañar. Porque vendrán muchos usurpando mi nombre y diciendo: "Yo soy" y "el tiempo está cerca". No les sigáis.

9 Cuando oigáis hablar de guerras y revoluciones, no os aterréis; porque es necesario que sucedan primero estas cosas, pero el fin no es inmediato.»

10 Entonces les dijo: «Se levantará nación contra nación y reino contra reino.

11 Habrá grandes terremotos, peste y hambre en diversos lugares, habrá cosas espantosas, y grandes señales del cielo.

12 «Pero, antes de todo esto, os echarán mano y os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y cárceles y llevándoos ante reyes y gobernadores por mi nombre;

13 esto os sucederá para que deis testimonio.

14 Proponed, pues, en vuestro corazón no preparar la defensa,

15 porque yo os daré una elocuencia y una sabiduría a la que no podrán resistir ni contradecir todos vuestros adversarios.

16 Seréis entregados por padres, hermanos, parientes y amigos, y matarán a algunos de vosotros,

17 y seréis odiados de todos por causa de mi nombre.

18 Pero no perecerá ni un cabello de vuestra cabeza.

19 Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas.

20 «Cuando veáis a Jerusalén cercada por ejércitos, sabed entonces que se acerca su desolación.

21 Entonces, los que estén en Judea, huyan a los montes; y los que estén en medio de la ciudad, que se alejen; y los que estén en los campos, que no entren en ella;

22 porque éstos son días de venganza, y se cumplirá todo cuanto está escrito.

23 ¡Ay de las que estén encinta o criando en aquellos días! «Habrá, en efecto, una gran calamidad sobre la tierra, y Cólera contra este pueblo;

24 y caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones, y Jerusalén será pisoteada por los gentiles, hasta que se cumpla el tiempo de los gentiles.

25 «Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y en la tierra, angustia de las gentes, perplejas por el estruendo del mar y de las olas,

26 muriéndose los hombres de terror y de ansiedad por las cosas que vendrán sobre el mundo; porque las fuerzas de los cielos serán sacudidas.

27 Y entonces verán venir al Hijo del hombre en una nube con gran poder y gloria.

28 Cuando empiecen a suceder estas cosas, cobrad ánimo y levantad la cabeza porque se acerca vuestra liberación.»

29 Les añadió una parábola: «Mirad la higuera y todos los árboles.

30 Cuando ya echan brotes, al verlos, sabéis que el verano está ya cerca.

31 Así también vosotros, cuando veáis que sucede esto, sabed que el Reino de Dios está cerca.

32 Yo os aseguro que no pasará esta generación hasta que todo esto suceda.

33 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

34 «Guardaos de que no se hagan pesados vuestros corazones por el libertinaje, por la embriaguez y por las preocupacines de la vida, y venga aquel Día de improviso sobre vosotros,

35 como un lazo; porque vendrá sobre todos los que habitan toda la faz de la tierra.

36 Estad en vela, pues, orando en todo tiempo para que tengáis fuerza y escapéis a todo lo que está para venir, y podáis estar en pie delante del Hijo del hombre.»

37 Por el día enseñaba en el Templo y salía a pasar la noche en el monte llamado de los Olivos.

38 Y todo el pueblo madrugaba para ir donde él y escucharle en el Templo.

Reflexión del capítulo 21

Jesús ve a los ricos echar sus donativos en el arca del templo, y luego a una viuda pobre que deposita dos moneditas. Y declara que ella ha echado más que todos, porque los demás dieron de lo que les sobraba, mientras ella dio de su indigencia todo lo que tenía para vivir. Ante Dios no cuenta la cantidad, sino el corazón y el sacrificio. Después, al oír admirar las bellas piedras del templo, Jesús anuncia que no quedará piedra sobre piedra, y aprovecha para hablar del fin de los tiempos. Advierte que vendrán falsos mesías, guerras, terremotos, pestes y persecuciones, y que los discípulos serán entregados por sus propios familiares. Pero en medio de todo ello da una consigna llena de esperanza: con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas. Y anuncia señales en el cielo y en la tierra, y la venida del Hijo del hombre con gran poder y gloria. El capítulo cierra con una exhortación a la vigilancia: que los corazones no se vuelvan pesados por los excesos y las preocupaciones, sino que estén despiertos y orando en todo tiempo. La historia pasa; las palabras de Jesús, no.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Da hoy no de lo que te sobra, sino algo que te cueste de verdad, como la viuda que dio todo lo que tenía para vivir, y hazlo sin buscar que se sepa. Y vive este día con el corazón despierto y en oración, sin dejar que las preocupaciones, el exceso, el ruido o la comodidad te emboten la esperanza ni te hagan olvidar lo esencial.

Oración

Señor, tú ves el corazón y no la cantidad que damos. Enséñame a dar con generosidad y a perseverar en la prueba. Mantén mi corazón despierto y en oración, esperando tu venida con confianza. Amén.

Acerca del libro de Lucas

El Evangelio de Lucas es el tercero de los cuatro y el más extenso. Su autor, un médico culto y de origen gentil, compañero de viaje del apóstol Pablo, lo escribió para un tal Teófilo y para toda comunidad que quisiera conocer la solidez de la fe recibida. Lucas no fue testigo ocular, pero investigó diligentemente todo desde los orígenes y ordenó su relato con esmero de historiador. Su obra, inseparable de los Hechos de los Apóstoles, presenta a Jesús como el Salvador universal, el Hijo de Dios que viene a buscar y salvar lo que estaba perdido. Varios rasgos le dan un color propio. Es el evangelio de la misericordia: solo él narra las parábolas del buen samaritano, del hijo pródigo y del fariseo y el publicano. Es el evangelio de la oración: Jesús ora en los momentos decisivos y enseña a orar a los suyos. Es el evangelio de los pobres y de los pequeños: las bienaventuranzas se dirigen a los que no tienen nada, y los ricos reciben una advertencia severa. Es también el evangelio de las mujeres, que acompañan a Jesús, le sirven con sus bienes y son testigos de la resurrección. El Espíritu Santo recorre sus páginas, desde la anunciación hasta Pentecostés, y la alegría de la salvación impregna los cantos de María y de Zacarías. Leer a Lucas es contemplar el rostro misericordioso del Padre en el Hijo, y aprender que la salvación es un don ofrecido a todos, sin excluir a nadie.

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