I Reyes

Antiguo Testamento | 22 capítulos | 815 versículos

1 Re

Capítulo 12

1 Roboam se fue a Siquem, porque todo Israel había ido a Siquem para proclamarle rey.

2 Lo supo Jeroboam, hijo de Nebat, que estaba todavía en Egipto, adonde había ido huyendo del rey Salomón y se volvió Jeroboam de Egipto.

3 Enviaron a llamarle y llegó Jeroboam con toda la asamblea de Israel y hablaron a Roboam diciendo:

4 «Tu padre ha hecho pesado nuestro yugo; ahora tú aligera la dura servidumbre de tu padre y el pesado yugo que puso sobre nosotros, y te serviremos.»

5 El les dijo: «Id, y dentro de tres días volved a mí», y el pueblo se fue.

6 El rey Roboam pidió consejo a los ancianos que habían servido a su padre Salomón en vida de éste, diciendo: «¿ Qué me aconsejáis que responda a este pueblo?»

7 Ellos le respondieron: «Si tú te haces hoy servidor de este pueblo y les sirves y les das buenas palabras, ellos serán siervos tuyos para siempre».

8 Pero él abandonó el consejo que los ancianos le aconsejaron y pidió consejo a los jóvenes que se habían criado con él y estaban a su servicio.

9 Les dijo: «¿Qué me aconsejáis que responda a este pueblo que me ha hablado diciendo: aligera el yugo que tu padre puso sobre nosotros?»

10 Los jóvenes que se habían criado con él respondieron diciendo: «Esto debes responder a este pueblo que te ha dicho: "Tu padre hizo pesado nuestro yugo; ahora tú aligera nuestro yugo", esto debes responder: Mi dedo meñique es más grueso que los lomos de mi padre.

11 Un yugo pesado cargó mi padre, mas yo haré más pesado vuestro yugo; mi padre os azotaba con azotes pero yo os azotaré con escorpiones.»

12 Vino Jeroboam con todo el pueblo a Roboam al tercer día, según lo había dicho el rey: «Volved a mí al tercer día.»

13 El rey repondió al pueblo con dureza, abandonando el consejo que los ancianos le aconsejaron,

14 y hablándoles según el consejo de los jóvenes diciendo: «Mi padre hizo pesado vuestro yugo, yo lo haré más pesado todavía. Mi padre os ha azotado con azotes, mas yo os azotaré con escorpiones.»

15 No escuchó el rey al pueblo, pues se trataba de una intervención de Yahveh para cumplimiento de la palabra que Yahveh había anunciado a Jeroboam, hijo de Nebat, por medio de Ajías de Silo.

16 Viendo todo Israel que el rey no le oía, replicó el pueblo al rey diciendo: «¿Qué parte tenemos nosotros con David? ¡No tenemos herencia en el hijo de Jesé! ¡A tus tiendas, Israel! ¡Mira ahora por tu casa, David!» Israel se fue a sus tiendas.

17 Roboam reinó sobre los israelitas que habitaban en las ciudades de Judá.

18 El rey Roboam envió a Adoram, jefe de la leva, pero todo Israel le mató a pedradas; el rey Roboam se apresuró a subir a su carro para huir a Jerusalén.

19 Israel está en desobediencia contra la casa de David hasta el día de hoy.

20 Cuando todo Israel supo que Jeroboam había vuelto, enviaron a llamarle a la asamblea y le hicieron rey sobre todo Israel; no hubo quien siguiera a la casa de David, aparte sólo la tribu de Judá.

21 En llegando a Jerusalén reunió Roboam a toda la casa de Judá y a la tribu de Benjamín, 180.000 hombres guerreros escogidos, para combatir contra la casa de Israel y devolver el reino a Roboam, hijo de Salomón.

22 Pero fue dirigida la palabra de Dios a Semaías, hombre de Dios, diciendo:

23 «Habla a Roboam, hijo de Salomón, rey de Judá, y a toda la casa de Judá, a Benjamín y al resto del pueblo y diles:

24 Así habla Yahveh: No subáis a combatir con vuestros hermanos los israelitas. Que cada uno se vuelva a su casa porque esto es cosa mía.» Ellos escucharon la palabra de Yahveh, y se volvieron para ir conforme a la palabra de Yahveh.

25 Jeroboam fortificó Siquem, en la montaña de Efraím, y habitó en ella. Salió de ella y fortificó Penuel.

26 Jeroboam se dijo en su corazón: «En esta situación el reino acabará por volver a la casa de David.

27 Si este pueblo continúa subiendo para ofrecer sacrificios en la Casa de Yahveh en Jerusalén, el corazón de este pueblo se volverá a su señor, a Roboam, rey de Judá, y me matarán.»

28 Tomó consejo el rey, hizo dos becerros de oro, y dijo al pueblo: «Basta ya de subir a Jerusalén. Este es tu dios, Israel, el que te hizo subir de la tierra de Egipto.»

29 Colocó uno en Betel,

30 y el pueblo fue con el otro hasta Dan.

31 Hizo Casas en los altos y estableció sacerdotes del común del pueblo que no eran de los hijos de Leví.

32 Hizo Jeroboam una fiesta en el mes octavo, el día quince del mes, parecida a la fiesta de Judá, y subió al altar. Así hizo en Betel, ofreciendo sacrificios a los becerros que había hecho y estableciendo en Betel sacerdotes para los altos que había instituido.

33 Subió al altar que había hecho en Betel el día quince del octavo mes, el mes que se había discurrido por su cuenta para instituir una fiesta para los israelitas, y subió al altar para quemar incienso.

Reflexión del capítulo 12

El capítulo narra la ruptura del reino con una claridad impresionante. Roboam va a Siquem para ser proclamado rey, y el pueblo le pide aligerar el yugo pesado que impuso su padre. El rey pide tres días y consulta a los ancianos, que le aconsejan suavidad: «Si tú te haces hoy servidor de este pueblo y les das buenas palabras, ellos serán siervos tuyos para siempre». Pero Roboam desprecia ese consejo y escucha a los jóvenes que se criaron con él, que le animan a responder con dureza: «Mi padre os azotaba con azotes, yo os azotaré con escorpiones».

El resultado es la escisión. Todo Israel responde con el grito de ruptura —«¿Qué parte tenemos nosotros con David?»— y proclama rey a Jeroboam. El texto señala que esto fue una intervención de Yahveh para cumplir la palabra anunciada. La soberbia de un rey y un consejo necio se convierten en instrumento de un designio mayor.

La segunda parte muestra el pecado que marcará al reino del norte. Jeroboam, temiendo perder al pueblo si sigue subiendo a Jerusalén, fabrica dos becerros de oro y dice: «Basta ya de subir a Jerusalén. Este es tu dios, Israel». Funda santuarios en Betel y Dan, instituye sacerdotes a su gusto y una fiesta inventada. Es la religión al servicio de la política: un culto cómodo que sustituye la confianza en Dios por el cálculo.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Cuando tengas que tomar una decisión difícil, busca consejo en quien tenga experiencia y sabiduría, no solo en quien te dé la razón o te halague. Y revisa si alguna práctica de tu fe la has ido adaptando a tu comodidad en lugar de ajustarla a la verdad de Dios. Escuchar buenos consejos es un acto de humildad que evita muchos males.

Oración

Señor, que resistes a los soberbios: danos humildad para escuchar buenos consejos y suavidad para tratar a los que dependen de nosotros. Líbranos de fabricar dioses cómodos que solo sirvan a nuestros propios intereses. Amén.

Acerca del libro de I Reyes

El Primer Libro de los Reyes continúa la historia de Israel desde la muerte de David hasta el reinado de Ocozías. En la Biblia hebrea forma una sola obra con el Segundo Libro de los Reyes, y abarca aproximadamente cuatro siglos, desde el esplendor de Salomón hasta los umbrales del destierro. Narra la construcción del Templo de Jerusalén, la división del reino en dos —Israel al norte y Judá al sur— y la irrupción de los grandes profetas Elías y Eliseo en un tiempo de idolatría y crisis.

El autor escribe desde la tradición deuteronomista: juzga a cada rey con un único criterio, la fidelidad a la alianza con Yahveh. Por eso el libro no es una crónica neutral, sino una lectura creyente de la historia, en la que la prosperidad sigue a la obediencia y la ruina a la apostasía. Los reyes son medidos por su corazón, no por sus victorias.

Sus grandes temas son la presencia de Dios en medio de su pueblo, la tentación constante de la idolatría, y la voz de los profetas como conciencia viva de la nación. El Templo de Jerusalén, morada del Nombre de Dios, ocupa el centro de la primera mitad; el enfrentamiento de Elías con los profetas de Baal en el Carmelo, el de la segunda.

Para la fe católica, estos relatos iluminan la historia de la salvación. El Templo prefigura a Cristo, presencia definitiva de Dios entre los hombres; la voz de Elías en el Horeb enseña que Dios habla en la brisa suave y no en el estruendo; y el conflicto entre la fe y la idolatría sigue interpelando a cada generación, también a la nuestra.

Compartir

Enlace copiado