I Reyes
Antiguo Testamento | 22 capítulos | 815 versículos
Capítulo 14
1 Por aquel tiempo cayó enfermo Abías, hijo de Jeroboam.
2 Dijo Jeroboam a su mujer: «Levántate y disfrázate para que no se sepa que eres la mujer de Jeroboam, y vete a Silo, pues estará allí el profeta Ajías, el que me predijo que yo reinaría sobre este pueblo.
3 Toma en tus manos diez panes, tortas y un tarro de miel, y entra donde él; él te revelará qué será del niño.»
4 Así lo hizo la mujer de Jeroboam: se levantó, se fue a Silo, y entró en la casa de Ajías. Ajías no podía ver porque sus pupilas se habían quedado rígidas a causa de su vejez,
5 pero Yahveh había dicho a Ajías: «Mira, la mujer de Jeroboam viene a pedirte un oráculo acerca de su hijo que está enfermo. Esto y esto le dirás. Cuando ella entre, se hará pasar por otra.»
6 En oyendo Ajías el ruido de sus pasos, cuando entraba por la puerta, dijo: «Entra, mujer de Jeroboam. ¿Por qué quieres pasar por otra? Tengo un duro mensaje para ti.
7 Vete a decir a Jeroboam: "Así dice Yahveh, Dios de Israel: Por cuanto te levanté de en medio del pueblo y te puse como caudillo de mi pueblo Israel,
8 arranqué el reino de la casa de David para dártelo a ti, pero tú no has sido como mi siervo David que guardó mis mandamientos y me siguió con todo su corazón haciendo sólo lo que es recto a mis ojos,
9 mientras que tú has hecho más mal que todos los que fueron antes que tú, y has ido a hacerte otros dioses, imágenes fundidas, para irritarme, y me has arrojado detrás de tus espaldas,
10 por esto, voy a hacer venir el mal sobre la casa de Jeroboam y quitaré a Jeroboam todos los varones, esclavos o libres en Israel, barreré a fondo la casa de Jeroboam como se barre del todo la basura.
11 Los de Jeroboam que mueran en la ciudad serán comidos por los perros, y los que mueran en el campo, serán comidos por las aves del cielo, porque ha hablado Yahveh."
12 Cuanto a ti, levántate y vete a tu casa; cuando tus pies entren en la ciudad, morirá el niño.
13 Todo Israel le llorará y le darán sepultura. Este tan sólo de los de Jeroboam entrará en el sepulcro, porque de la casa de Jeroboam sólo en él se ha hallado algo bueno ante Yahveh, Dios de Israel.
14 Yahveh se suscitará un rey sobre Israel que exterminará la casa de Jeroboam.
15 Yahveh golpeará a Israel como las aguas agitan una caña, y arrojará a Israel de esta tierra buena que dio a sus padres, y los dispersará al otro lado del Río, porque hicieron sus cipos que irritaban a Yahveh.
16 Y entregará a Israel a causa de los pecados que cometió Jeroboam e hizo cometer a Israel.»
17 La mujer de Jeroboam se levantó, se fue y entró en Tirsá; y cuando ella entraba en el umbral de su casa, había muerto el niño.
18 Le dieron sepultura y todo Israel hizo duelo según la palabra que Yahveh había dicho por boca de su siervo, el profeta Ajías.
19 El resto de los hechos de Jeroboam, cómo guerreó y cómo reinó, están escritos en el libro de los Anales de los reyes de Israel.
20 El tiempo que reinó Jeroboam fueron veintidós años y se acostó con sus padres. Reinó en su lugar su hijo Nadab.
21 Roboam, hijo de Salomón, reinó en Judá; tenía 41 años Roboam cuando comenzó a reinar y reinó diecisiete años en Jerusalén, la ciudad que había elegido Yahveh de entre todas las tribus de Israel para poner en ella su Nombre. El nombre de su madre era Naamá, ammonita.
22 Judá hizo el mal a los ojos de Yahveh. Irritaron su celo más que lo hicieron sus padres por los pecados que cometían:
23 también ellos se construyeron altos, estelas y cipos en toda colina elevada y bajo todo árbol frondoso.
24 Hasta consagrados a la prositución hubo en la tierra. Hicieron todas las abominaciones de las gentes que Yahveh había arrojado de delante de los israelitas.
25 El año quinto del rey Roboam, Sosaq, rey de Egipto, subió contra Jerusalén
26 y se apoderó de los tesoros de la Casa de Yahveh y de los tesoros de la casa del rey; de todo se apoderó. Y, como llevó todos los escudos de oro que había hecho Salomón,
27 el rey Roboam hizo en su lugar escudos de bronce, que confió a los jefes de la guardia que custodiaban la entrada de la casa del rey.
28 Cuando el rey entraba en la Casa de Yahveh, la guardia los llevaba y después los devolvía a la sala de la guardia.
29 El resto de los hechos de Roboam, todo cuanto hizo, ¿no está escrito en el libro de los Anales de los reyes de Judá?
30 Hubo guerra continua entre Roboam y Jeroboam.
31 Roboam se acostó con sus padres y fue sepultado en la ciudad de David. Reinó en su lugar su hijo Abiyyam.
Reflexión del capítulo 14
La esposa de Jeroboam se disfraza para ir a consultar al profeta Ajías sobre su hijo enfermo. Pero Dios ya ha revelado al profeta quién viene y qué debe decir. Y cuando Ajías, ya ciego, oye sus pasos, la desenmascara con una palabra durísima: «Entra, mujer de Jeroboam. ¿Por qué quieres pasar por otra?». El disfraz no sirve de nada ante quien ve los corazones.
El oráculo repasa la historia de Jeroboam: Dios lo levantó de en medio del pueblo y le dio el reino, pero él no fue como David, sino que hizo más mal que todos los que le precedieron, fabricando dioses de fundición. Por eso el mal vendrá sobre su casa. Y hay un detalle de gran hondura: de toda la familia de Jeroboam, solo el niño enfermo entrará en el sepulcro, «porque solo en él se ha hallado algo bueno para Yahveh». La misericordia de Dios se fija incluso en un niño anónimo, y su muerte es a la vez juicio y rescate.
La segunda parte pasa a Judá. Roboam también hizo el mal: altos, estelas y las abominaciones de los pueblos vecinos. Y el año quinto de su reinado, Sosaq, rey de Egipto, sube contra Jerusalén y se lleva los tesoros de la Casa de Yahveh y los escudos de oro de Salomón. El esplendor se marchita en una generación. La infidelidad tiene un precio histórico, no solo espiritual.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Deja hoy las apariencias y preséntate ante Dios tal como eres, sin disfraces ni justificaciones. Y si has recibido dones, responsabilidades o talentos, examina si los estás usando para servir a Dios y a los demás o para construir tu propio pequeño reino. La sinceridad con uno mismo es el primer paso de toda conversión, y Dios no se deja engañar por las apariencias.
Oración
Señor, que ves los corazones y no te dejas engañar por las apariencias: danos sinceridad y humildad. Que sepamos reconocer lo bueno que hay en los pequeños, y no desperdiciar con infidelidad lo que tu gracia nos ha confiado. Amén.
Acerca del libro de I Reyes
El Primer Libro de los Reyes continúa la historia de Israel desde la muerte de David hasta el reinado de Ocozías. En la Biblia hebrea forma una sola obra con el Segundo Libro de los Reyes, y abarca aproximadamente cuatro siglos, desde el esplendor de Salomón hasta los umbrales del destierro. Narra la construcción del Templo de Jerusalén, la división del reino en dos —Israel al norte y Judá al sur— y la irrupción de los grandes profetas Elías y Eliseo en un tiempo de idolatría y crisis.
El autor escribe desde la tradición deuteronomista: juzga a cada rey con un único criterio, la fidelidad a la alianza con Yahveh. Por eso el libro no es una crónica neutral, sino una lectura creyente de la historia, en la que la prosperidad sigue a la obediencia y la ruina a la apostasía. Los reyes son medidos por su corazón, no por sus victorias.
Sus grandes temas son la presencia de Dios en medio de su pueblo, la tentación constante de la idolatría, y la voz de los profetas como conciencia viva de la nación. El Templo de Jerusalén, morada del Nombre de Dios, ocupa el centro de la primera mitad; el enfrentamiento de Elías con los profetas de Baal en el Carmelo, el de la segunda.
Para la fe católica, estos relatos iluminan la historia de la salvación. El Templo prefigura a Cristo, presencia definitiva de Dios entre los hombres; la voz de Elías en el Horeb enseña que Dios habla en la brisa suave y no en el estruendo; y el conflicto entre la fe y la idolatría sigue interpelando a cada generación, también a la nuestra.
Compartir
Enlace copiado