I Reyes

Antiguo Testamento | 22 capítulos | 815 versículos

1 Re

Capítulo 21

1 Después de estos sucesos ocurrió que Nabot, de Yizreel, tenía una viña junto al palacio de Ajab, rey de Samaría,

2 y Ajab habló a Nabot diciendo: «Dame tu viña para que me sirva de huerto para hortalizas, pues está pegando a mi casa, y yo te daré por ella una viña mejor que está, o si parece bien a tus ojos te daré su precio en dinero.»

3 Respondió Nabot a Ajab: «Líbreme Yahveh de darte la herencia de mis padres.»

4 Se fue Ajab a su casa triste e irritado por la palabra que le dijo Nabot de Yizreel: «No te daré la heredad de mis padres»; se acostó en su lecho, volvió su rostro y no quiso comer.

5 Vino a donde él su mujer Jezabel, y le habló: «¿Por qué está triste tu espíritu y por qué no quieres comer?»

6 El le respondió: «Porque he hablado con Nabot de Yizreel y le he dicho: "Dame tu viña por dinero o, si lo prefieres, te daré una viña a cambio", y me dijo: "No te daré mi viña."»

7 Su mujer Jezabel le dijo: «¿Y eres tú el que ejerces la realeza en Israel? Levántate, come y que se alegre tu corazón. Yo te daré la viña de Nabot de Yizreel.»

8 Escribió cartas en nombre de Ajab y las selló con su sello, y envió las cartas a los ancianos y notables que vivían junto a Nabot.

9 En las cartas había escrito: «Proclamad un ayuno y haced sentar a Nabot a la cabeza del pueblo.

10 Haced que se sienten frente a él dos malvados que le acusarán diciendo: "Has maldecido a Dios y al rey" y le sacaréis y le apedrearéis para que muera.»

11 Los hombres de la ciudad, los ancianos y notables que vivían junto a Nabot en su ciudad, hicieron lo que Jezabel les había mandado, de acuerdo con lo escrito en las cartas que les había remitido.

12 Proclamaron un ayuno e hicieron sentar a Nabot a la cabeza del pueblo.

13 Llegaron los dos malvados, se sentaron frente a él y acusaron los malvados a Nabot delante del pueblo diciendo: «Nabot ha maldecido a Dios y al rey»; le sacaron fuera de la ciudad, le apedrearon y murió.

14 Enviaron a decir a Jezabel: «Nabot ha sido apedreado y ha muerto.»

15 Cuando Jezabel oyó que Nabot había sido apedreado y muerto, dijo a Ajab: «Levántate, toma posesión de la viña de Nabot, el de Yizreel, el que se negó a dártela por dinero, pues Nabot ya no vive, ha muerto.»

16 Apenas oyó Ajab que Nabot había muerto, se levantó y bajó a la viña de Nabot, el de Yizreel, para tomar posesión de ella.

17 Entonces fue dirigida la palabra de Yahveh a Elías tesbita diciendo:

18 «Levántate, baja al encuentro de Ajab, rey de Israel, que está en Samaría. Está en la viña de Nabot, a donde ha bajado a apropiársela.

19 Le hablarás diciendo: Así habla Yahveh: Has asesinado ¿y además usurpas? Luego le hablarás diciendo: Por esto, así habla Yahveh: En el mismo lugar en que los perros han lamido la sangre de Nabot, lamerán también los perros tu propia sangre.»

20 Ajab dijo a Elías: «Has vuelto a encontrarme, enemigo mío.» Respondió: «Te he vuelto a encontrar porque te has vendido para hacer el mal a los ojos de Yahveh.

21 Yo mismo voy a traer el mal sobre ti y voy a barrer tu posteridad y a exterminar todo varón de los de Ajab, libre o esclavo, en Israel.

22 Y haré tu casa como la casa de Jeroboam, hijo de Nebat, y como la casa de Basá, hijo de Ajías, por la irritación con que me has irritado y por haber hecho pecar a Israel.

23 También contra Jezabel ha hablado Yahveh diciendo: "Los perros comerán a Jezabel en la parcela de Yizreel."

24 A los hijos de Ajab que mueran en la ciudad los comerán los perros y a los que mueran en el campo los comerán las aves del cielo.»

25 No hubo quien se prestara como Ajab para hacer el mal a los ojos de Yahveh, porque su mujer Jezabel le había seducido.

26 Su proceder fue muy abominable, yendo tras los ídolos, en todo como los amorreos a los que expulsó Yahveh ante los israelitas.

27 Cuando Ajab oyó estas palabras desgarró sus vestidos y se puso un sayal sobre su carne, ayunó y se acostó con el sayal puesto; y caminaba a paso lento.

28 Fue dirigida la palabra de Yahveh a Elías tesbita diciendo:

29 «¿Has visto cómo Ajab se ha humillado en mi presencia? Por haberse humillado en mi presencia, no traeré el mal en vida suya; en vida de su hijo traeré el mal sobre su casa.»

Reflexión del capítulo 21

El capítulo narra uno de los crímenes más repugnantes del Antiguo Testamento y uno de los gestos proféticos más valientes. Ajab quiere la viña de Nabot, contigua a su palacio, y le ofrece dinero o una viña mejor. Nabot responde con una frase que encierra toda la teología de la tierra de Israel: «Líbreme Yahveh de darte la herencia de mis padres». La tierra no es una mercancía: es el don que Dios repartió a cada familia.

Ajab se acuesta triste e irritado, y entonces interviene Jezabel. Escribe cartas en nombre del rey, proclama un ayuno y hace sentar a Nabot a la cabeza del pueblo; dos malvados lo acusan de maldecir a Dios y al rey, y es apedreado. Después le dice a su marido: «Levántate, toma posesión de la viña». El poder se convierte en instrumento de robo y asesinato, y la religión —un ayuno— en coartada de la injusticia.

Y entonces aparece Elías. Su encuentro con Ajab en la viña es intenso: «Has asesinado ¿y además usurpas?». Anuncia el juicio sobre la casa de Ajab y sobre Jezabel. Pero hay un giro final lleno de esperanza: cuando Ajab oye estas palabras, desgarra sus vestidos, se pone un sayal y ayuna. Y Dios dice a Elías: «¿Has visto cómo Ajab se ha humillado? Por haberse humillado, no traeré el mal en vida suya». Ni el peor de los reyes está fuera de la misericordia cuando se humilla.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

No te quedes cómplice de una injusticia por comodidad o por no buscarte problemas: si ves que se atropella a alguien, di algo o haz algo, aunque sea pequeño. Y si has hecho el mal, no te justifiques ni busques excusas: humíllate ante Dios, como Ajab, y confía en su misericordia, que es más grande que tu culpa. Hazlo hoy, sin esperar a tener más valor mañana.

Oración

Señor, defensor de los pobres y de la herencia de los humildes: danos valentía para denunciar la injusticia y no ser cómplices de ella. Y cuando pequemos, concédenos la humildad sincera que abre la puerta a tu perdón. Amén.

Acerca del libro de I Reyes

El Primer Libro de los Reyes continúa la historia de Israel desde la muerte de David hasta el reinado de Ocozías. En la Biblia hebrea forma una sola obra con el Segundo Libro de los Reyes, y abarca aproximadamente cuatro siglos, desde el esplendor de Salomón hasta los umbrales del destierro. Narra la construcción del Templo de Jerusalén, la división del reino en dos —Israel al norte y Judá al sur— y la irrupción de los grandes profetas Elías y Eliseo en un tiempo de idolatría y crisis.

El autor escribe desde la tradición deuteronomista: juzga a cada rey con un único criterio, la fidelidad a la alianza con Yahveh. Por eso el libro no es una crónica neutral, sino una lectura creyente de la historia, en la que la prosperidad sigue a la obediencia y la ruina a la apostasía. Los reyes son medidos por su corazón, no por sus victorias.

Sus grandes temas son la presencia de Dios en medio de su pueblo, la tentación constante de la idolatría, y la voz de los profetas como conciencia viva de la nación. El Templo de Jerusalén, morada del Nombre de Dios, ocupa el centro de la primera mitad; el enfrentamiento de Elías con los profetas de Baal en el Carmelo, el de la segunda.

Para la fe católica, estos relatos iluminan la historia de la salvación. El Templo prefigura a Cristo, presencia definitiva de Dios entre los hombres; la voz de Elías en el Horeb enseña que Dios habla en la brisa suave y no en el estruendo; y el conflicto entre la fe y la idolatría sigue interpelando a cada generación, también a la nuestra.

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