I Reyes

Antiguo Testamento | 22 capítulos | 815 versículos

1 Re

Capítulo 7

1 Salomón edificó su casa, y en trece años la concluyó del todo.

2 Edificó la Casa «Bosque del Líbano», de cien codos de longitud, cincuenta codos de anchura y treinta codos de altura, sobre cuatro filas de columnas de cedro; había capiteles de cedro sobre las columnas.

3 Había un artesonado de cedro sobre la parte superior de las planchas que estaban sobre las columnas.

4 Había tres filas de ventanas con celosías, 45 en total, quince por cada fila, y una daba frente a la otra tres veces.

5 Todas las puertas y montantes eran cuadrangulares y una daba frente a la otra tres veces.

6 Hizo el Pórtico de las columnas de cincuenta codos de longitud, treinta codos de anchura... con un pórtico por delante.

7 Hizo el Vestíbulo del trono donde administraba justicia, que es el Vestíbulo del Juicio; estaba recubierto de cedro desde el suelo hasta las vigas.

8 La casa en que vivía en el otro recinto, el opuesto al Vestíbulo, tenía la misma configuración; hizo también una casa como este Vestíbulo para la hija de Faraón que Salomón había tomado por mujer.

9 Todo esto era de piedras selectas, talladas a medida, serradas con sierra por dentro y por fuera, desde los cimientos hasta las cornisas.

10 El cimiento era de piedras excelentes, grandes piedras, unas de diez codos y otras de ocho;

11 en la parte superior había piedras excelentes, talladas a medida, y cedro.

12 Al exterior, el patio grande tenía en derredor tres filas de piedras talladas y una fila de planchas de cedro, igual que el patio interior de la Casa de Yahveh y el vestíbulo de la Casa.

13 El rey Salomón envió a buscar a Jiram de Tiro;

14 era hijo de una viuda de la tribu de Neftalí; su padre era de Tiro; trabajaba en bronce y estaba lleno de ciencia, pericia y experiencia para realizar todo trabajo en bronce; fue donde el rey Salomón y ejecutó todos sus trabajos.

15 Fundió las dos columnas de bronce; la altura de una columna era de dieciocho codos, un hilo de doce codos medía la circunferencia; y lo mismo la segunda columna.

16 Hizo dos capiteles fundidos en bronce para colocarlos sobre la cima de las columnas, de cinco codos de altura un capitel y de cinco codos de altura el capitel segundo.

17 Hizo dos encajes y dos trenzados a modo de cadenas para los capiteles de la cima de las columnas, un trenzado para un capitel y otro trenzado para el capitel segundo.

18 Hizo granadas: dos filas alrededor de cada trenzado,

19 Los capiteles que estaban en la cima de las columnas tenían forma de azucenas, cuatrocientas en total,

20 colocadas sobre la prominencia que estaba detrás del trenzado; doscientas granadas alrededor del segundo capitel.

21 Erigió las columnas ante el Ulam del Hekal; erigió la columna de la derecha y la llamó Yakín; erigió la columna de la izquierda y la llamó Boaz.

22 Y quedó acabado el trabajo de las columnas.

23 Hizo el Mar de metal fundido que tenía diez codos de borde a borde; era enteramente redondo, y de cinco codos de altura; un cordón de treinta codos medía su contorno.

24 Debajo del borde había calabazas todo en derredor; daban vuelta al Mar a largo de treinta codos; había dos filas de calabazas fundidas en una sola pieza.

25 Se apoyaba sobre doce bueyes, tres mirando al Norte, tres mirando al Oeste, tres mirando al Sur y tres mirando al Este; el Mar estaba sobre ellos, quedando sus partes traseras hacia el interior.

26 Su espesor era de un palmo y su borde era como el borde del cáliz de la flor de la azucena. Contenía 2.000 medidas.

27 Hizo también las diez basas de bronce de cuatro codos de largo cada basa, cuatro codos su anchura y tres su altura.

28 Las basas estaban hechas así: tenían paneles y los paneles estaban entre listones.

29 Sobre el panel que estaba entre los listones había leones, bueyes y querubines. Lo mismo sobre los listones. Por encima y por debajo de los leones y de los toros había volutas...

30 Cada basa tenía cuatro ruedas de bronce y ejes de bronce; sus cuatro pies tenían asas debajo de la jofaina, y los apliques estaban fundidos...

31 Su boca, desde el interior de las asas hasta arriba, tenía un codo; la boca era redonda, teniendo un soporte de codo y medio; había también sobre la boca esculturas, pero los paneles eran cuadrados, no redondos.

32 Las cuatro ruedas estaban bajo los paneles, y los ejes de las ruedas estaban en la basa; la altura de cada rueda era de codo y medio.

33 La forma de las ruedas era como la forma de la rueda de un carro, y sus ejes, sus llantas, sus radios y sus cubos, todo era de fundición.

34 Había cuatro asas en los cuatro ángulos de cada basa; la basa formaba un cuerpo con su asa.

35 En la cima de la basa había un soporte de medio codo de altura completamente redondo; y en la cima de la basa, los ejes y el armazón formaban un cuerpo con ella.

36 Grabó sobre las tablas querubines, leones y palmeras... y volutas alrededor.

37 De esta forma hizo las diez basas: una misma fundición y un mismo tamaño para todas.

38 Hizo diez pilas de bronce de cuarenta medidas cada una; cada pila medía cuatro codos; había una pila sobre cada una de las diez basas.

39 Colocó las basas, cinco al lado derecho de la Casa y cinco al lado izquierdo de la Casa. El Mar lo colocó del lado derecho de la Casa hacia el sureste.

40 Jiram hizo los ceniceros, las paletas y los acetres. Jiram terminó de hacer toda la obra que el rey Salomón le encargó que hiciera para la Casa de Yahveh:

41 dos columnas, las molduras de los capiteles que estaban sobre la cima de las dos columnas, los dos trenzados para recubrir las dos molduras de los capiteles que estaban en la cima de las columnas;

42 las cuatrocientas granadas para los dos trenzados; dos filas de granadas para cada trenzado;

43 las diez basas y las diez pilas sobre las basas;

44 el Mar y los doce bueyes debajo del Mar;

45 los ceniceros, las paletas y los acetres. Todos estos objetos que hizo Jiram al rey Salomón para la Casa de Yahveh eran de bronce bruñido.

46 El rey los hizo fundir en la vega del Jordán, en el mismo suelo, entre Sukkot y Sartán;

47 en tan enorme cantidad que no se pudo calcular el peso del bronce.

48 Puso Salomón todos los objetos que había hecho en la Casa de Yahveh; el altar de oro y la mesa de oro sobre la que se ponían los panes de la presencia;

49 los candelabros de oro fino, cinco a la derecha y cinco a la izquierda delante del Debir; las flores, las lámparas y las despabiladeras de oro;

50 las cucharas, los cuchillos, los acetres, las copas y los braseros de oro fino, los goznes de oro para las puertas de la cámara interior, el Santo de los Santos, y para las puertas de la Casa y el Hekal.

51 Así fue concluida toda la obra que hizo el rey Salomón para la Casa de Yahveh; Salomón hizo traer todo lo consagrado por David su padre, la plata, el oro y los objetos, y lo puso en los tesoros de la Casa de Yahveh.

Reflexión del capítulo 7

El capítulo describe las obras de Salomón —su palacio, el Bosque del Líbano, el Pórtico de las columnas, el Vestíbulo del trono— y luego, con enorme detalle, el mobiliario sagrado: las dos columnas de bronce, el Mar de metal fundido, las diez basas con ruedas, las pilas, los ceniceros y las paletas. Es un capítulo de artesanía, y en él aparece un personaje admirable: Jiram de Tiro, hijo de una viuda de Neftalí, lleno de ciencia, pericia y experiencia para trabajar el bronce.

Lo que impresiona no es solo la riqueza, sino la calidad del trabajo. Las columnas llevan nombre propio —Yakín y Boaz—, los capiteles tienen forma de azucenas, las basas están decoradas con leones, bueyes y querubines, y las ruedas se hacen como las de un carro. Todo está pensado, medido y cuidado. El culto a Dios no desprecia la belleza ni el oficio: convoca lo mejor del arte humano para honrar al Señor.

Hay también una lección sobre el trabajo compartido. Salomón proyecta, Jiram ejecuta, los obreros de Tiro, de Sidón y los guiblitas cortan y disponen los materiales. La Casa de Dios se levanta gracias a muchas manos, creyentes y extranjeras, cada una con su don. La obra sagrada no es tarea de un solo hombre, sino de un pueblo entero que pone su talento al servicio de algo mayor que sí mismo.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Ofrece hoy a Dios lo mejor de tu oficio o de tu talento, haciéndolo con esmero, sin chapuzas ni prisas. Reconoce también el trabajo de quienes colaboran contigo y agradécelo en voz alta; la obra buena siempre es fruto de muchas manos. Y si algo te sale especialmente bien, no busques tu lucimiento, sino que tu trabajo sirva y honre a Dios.

Oración

Señor, que te honras con la belleza y el trabajo bien hecho: danos esmero y paciencia en lo que hacemos. Que sepamos ofrecerte nuestro oficio, colaborar con los demás y no buscar nuestro lucimiento, sino tu gloria. Amén.

Acerca del libro de I Reyes

El Primer Libro de los Reyes continúa la historia de Israel desde la muerte de David hasta el reinado de Ocozías. En la Biblia hebrea forma una sola obra con el Segundo Libro de los Reyes, y abarca aproximadamente cuatro siglos, desde el esplendor de Salomón hasta los umbrales del destierro. Narra la construcción del Templo de Jerusalén, la división del reino en dos —Israel al norte y Judá al sur— y la irrupción de los grandes profetas Elías y Eliseo en un tiempo de idolatría y crisis.

El autor escribe desde la tradición deuteronomista: juzga a cada rey con un único criterio, la fidelidad a la alianza con Yahveh. Por eso el libro no es una crónica neutral, sino una lectura creyente de la historia, en la que la prosperidad sigue a la obediencia y la ruina a la apostasía. Los reyes son medidos por su corazón, no por sus victorias.

Sus grandes temas son la presencia de Dios en medio de su pueblo, la tentación constante de la idolatría, y la voz de los profetas como conciencia viva de la nación. El Templo de Jerusalén, morada del Nombre de Dios, ocupa el centro de la primera mitad; el enfrentamiento de Elías con los profetas de Baal en el Carmelo, el de la segunda.

Para la fe católica, estos relatos iluminan la historia de la salvación. El Templo prefigura a Cristo, presencia definitiva de Dios entre los hombres; la voz de Elías en el Horeb enseña que Dios habla en la brisa suave y no en el estruendo; y el conflicto entre la fe y la idolatría sigue interpelando a cada generación, también a la nuestra.

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