II Samuel

Antiguo Testamento | 24 capítulos | 695 versículos

2 Sam

Capítulo 1

1 Después de la muerte de Saúl, volvió David de derrotar a los amalecitas y se quedó dos días en Siquelag.

2 Al tercer día llegó del campamento uno de los hombres de Saúl, con los vestidos rotos y cubierta de polvo su cabeza; al llegar donde David cayó en tierra y se postró.

3 David le dijo: «¿De dónde vienes?» Le respondió: «Vengo huyendo del campamento de Israel.»

4 Le preguntó David: «¿Qué ha pasado? Cuéntamelo.» Respondió: «Que el pueblo ha huido de la batalla; han caído muchos del pueblo y también Saúl y su hijo Jonatán han muerto.»

5 Dijo David al joven que le daba la noticia ": «¿Cómo sabes que han muerto Saúl y su hijo Jonatán?»

6 Respondió el joven que daba la noticia: «Yo estaba casualmente en el monte Gelboé; Saúl se apoyaba en su lanza, mientras los carros y sus guerreros le acosaban.

7 Se volvió y al verme me llamó y contesté: "Aquí estoy."

8 Me dijo: "¿Quién eres tú?" Le respondí: "Soy un amalecita."

9 Me dijo: "Acércate a mí y mátame, porque me ha acometido un vértigo aunque tengo aún toda la vida en mí."

10 Me acerqué a él y le maté, pues sabía que no podría vivir después de su caída; luego tomé la diadema que tenía en su cabeza y el brazalete que tenía en el brazo y se los he traído aquí a mi señor.»

11 Tomando David sus vestidos los desgarró, y lo mismo hicieron los hombres que estaban con él.

12 Se lamentaron y lloraron y ayunaron hasta la noche por Saúl y por su hijo Jonatán, por el pueblo de Yahveh, y por la casa de Israel, pues habían caído a espada.

13 David preguntó al joven que le había llevado la noticia: «¿De dónde eres?» Respondió: «Soy hijo de un forastero amalecita.»

14 Le dijo David: «¿Cómo no has temido alzar tu mano para matar al ungido de Yahveh?»

15 Y llamó David a uno de los jóvenes y le dijo: «Acércate y mátale.» El le hirió y murió.

16 David le dijo: «Tu sangre sobre tu cabeza, pues tu misma boca te acusó cuando dijiste: "Yo maté al ungido de Yahveh".»

17 David entonó esta elegía por Saúl y por su hijo Jonatán.

18 Está escrita en el Libro del Justo, para que sea enseñado el arco a los hijos de Judá. Dijo:

19 La gloria, Israel, ha sucumbido en tus montañas. ¡Cómo han caído los héroes!

20 No lo anunciéis en Gat, no lo divulguéis por las calles de Ascalón, que no se regocijen las hijas de los filisteos, no salten de gozo las hijas de los incircuncisos.

21 Montañas de Gelboé: Ni lluvia ni rocío sobre vosotras, campos de perfidia, porque allí fue deshonrado el escudo de los héroes.

22 El escudo de Saúl ungido no de aceite ¡mas de sangre de muertos, de grasa de héroes! El arco de Jonatán jamás retrocedía, nunca fracasaba la espada de Saúl.

23 Saúl y Jonatán, amados y amables, ni en vida ni en muerte separados, más veloces que águilas, más fuertes que leones.

24 Hijas de Israel, por Saúl llorad, que de lino os vestía y carmesí, que prendía joyas de oro de vuestros vestidos.

25 ¡Cómo cayeron los héroes en medio del combate! ¡Jonatán! Por tu muerte estoy herido,

26 por ti lleno de angustia, Jonatán, hermano mío, en extremo querido, más delicioso para mí tu amor que el amor de las mujeres.

27 ¡Cómo cayeron los héroes, cómo perecieron las armas de combate!

Reflexión del capítulo 1

El libro se abre con una escena de duelo. Un fugitivo llega al campamento de David trayendo noticias del desastre del monte Gelboé y, creyendo ganarse un premio, se atribuye haber dado muerte al rey Saúl. David no se alegra. Rompe sus vestidos, ayuna y llora, y manda ajusticiar al mensajero por haber alzado la mano contra el ungido del Señor. En un momento en que la muerte de su perseguidor le abría las puertas del trono, David escoge el respeto y el luto antes que la oportunidad. Su reacción revela un corazón que no mide la fidelidad por la conveniencia. Después entona una elegía conmovedora por Saúl y por Jonatán, su amigo del alma, al que llama hermano y describe con un cariño más fuerte que cualquier afecto humano. Es una lección sobre el modo cristiano de tratar al enemigo y de vivir el dolor: David no borra la memoria de quien lo persiguió, sino que reconoce en él la dignidad de consagrado por Dios. También nos enseña que la ambición nunca debe construirse sobre la desgracia ajena, y que la verdadera grandeza consiste en saber llorar y en no aprovecharse del mal ajeno.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Examina hoy si en alguna relación difícil has deseado la caída del otro para salir ganando, o si te has alegrado en secreto de su fracaso. Renuncia de verdad a esa satisfacción y reza por esa persona por su nombre, pidiendo a Dios que la bendiga. Si arrastras un duelo que no has querido mirar, dedica hoy un rato a llorarlo ante el Señor, sin fingir fortaleza ni apresurar la paz. Y si alguien te ha humillado o perseguido, decide no devolverle el mal: deja su caso en manos de Dios y hazle, si puedes, un bien pequeño y concreto.

Oración

Señor, guarda mi corazón de la ambición y del rencor, y enséñame a respetar a todos, incluso a quien me hiere. Dame la valentía de llorar con verdad lo que merece ser llorado y la libertad de no buscar nunca mi bien sobre la ruina del hermano. Amén.

Acerca del libro de II Samuel

El Segundo Libro de Samuel prosigue el relato comenzado en el primero y tiene como figura central a David, el pastor de Belén que llega a ser rey de Israel. Aunque la tradición lo vincula al profeta Samuel, ya desaparecido en buena parte de la obra, el texto reúne tradiciones de distintas épocas, recogidas y ordenadas por los círculos proféticos y sacerdotales de Israel. El libro se abre con la muerte de Saúl y la elegía que David entona por él y por Jonatán; sigue después el largo camino hacia el trono: siete años en Hebrón como rey de Judá, la unificación de las tribus, la conquista de Jerusalén, el traslado del arca y la promesa que Dios le hace por medio de Natán de una dinastía eterna. Esa promesa es el corazón teológico del libro y la raíz de la esperanza mesiánica que culminará en Cristo. Pero el Segundo Libro de Samuel no es una crónica triunfal. Presenta sin disimulo la cara oscura del rey: el adulterio con Betsabé, la muerte de Urías, la violación de Tamar, la rebelión de Absalón, la guerra civil. La grandeza y la miseria de David se entrelazan, y precisamente ahí está su valor para el creyente: Dios no elige a los perfectos, sino a quienes reconocen su culpa y se dejan perdonar. El libro muestra que el pecado tiene consecuencias, pero también que la misericordia divina es más grande que la ruina humana. Para el cristianismo, David es el antepasado del Mesías y el modelo del rey humilde que se arrepiente. Leer estos capítulos es aprender a confiar en la fidelidad de Dios incluso cuando la propia vida parece desmoronarse.

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