II Samuel

Antiguo Testamento | 24 capítulos | 695 versículos

2 Sam

Capítulo 5

1 Vinieron todas las tribus de Israel donde David a Hebrón y le dijeron: «Mira: hueso tuyo y carne tuya somos nosotros.

2 Ya de antes, cuando Saúl era nuestro rey, eras tú el que dirigías las entradas y salidas de Israel. Yahveh te ha dicho: Tú apacentarás a mi pueblo Israel, tú serás el caudillo de Israel.»

3 Vinieron, pues, todos los ancianos de Israel donde el rey, a Hebrón. El rey David hizo un pacto con ellos en Hebrón, en presencia de Yahveh, y ungieron a David como rey de Israel.

4 Treinta años tenía cuando comenzó a reinar y reinó cuarenta años.

5 Reinó en Hebrón sobre Judá siete años y seis meses. Reinó en Jerusalén sobre todo Israel y sobre Judá 33 años.

6 Marchó el rey con sus hombres sobre Jerusalén contra los jebuseos que habitaban aquella tierra. Dijeron éstos a David: «No entrarás aquí; porque hasta los ciegos y cojos bastan para rechazarte.» (Querían decir: no entrará David aquí.)

7 Pero David conquistó la fortaleza de Sión que es la Ciudad de David.

8 Y dijo David aquel día: «Todo el que quiera atacar a los jebuseos que suba por el canal..., en cuanto a los ciegos y a los cojos, David los aborrece.» Por eso se dice: «Ni cojo ni ciego entrarán en la Casa.»

9 David se instaló en la fortaleza y la llamó Ciudad de David. Edificó una muralla en derredor, desde el Milló hacia el interior.

10 David iba medrando y Yahveh el Dios Sebaot estaba con él.

11 Jiram, rey de Tiro, envió a David mensajeros con maderas de cedro, carpinteros y canteros que construyeron la casa de David.

12 Y David conoció que Yahveh le había confirmado como rey de Israel y que había exaltado su reino a causa de su pueblo Israel.

13 Tomó David más concubinas y mujeres de Jerusalén, después de venir de Hebrón, y le nacieron a David hijos e hijas.

14 Estos son los nombres de los que le nacieron en Jerusalén: Sammúa, Sobab, Natán, Salomón,

15 Yibjar, Elisua, Néfeg, Yafía,

16 Elisamá, Baalyadá, Elifélet.

17 Cuando los filisteos oyeron que David había sido ungido rey de Israel, subieron todos en busca de David. Lo supo David y bajó al refugio.

18 Llegaron los filisteos y se desplegaron por el Valle de Refaím.

19 Entonces David consultó a Yahveh diciendo: «¿Debo subir contra los filisteos? ¿Los entregarás en mis manos?» Respondió Yahveh a David: «Sube, porque ciertamente entregaré a los filisteos en tus manos.»

20 Llegó David a Baal Perasim. Allí los derrotó David y dijo: «Yahveh me ha abierto brecha entre mis enemigos como brecha de aguas.» Por eso se llamó aquel lugar Baal Perasim.

21 Ellos abandonaron allí sus ídolos y David y sus hombres se los llevaron.

22 Volvieron a subir los filisteos y se desplegaron por el Valle de Refaím.

23 David consultó a Yahveh, que le dijo: «No subas contra ellos. Da un rodeo detrás de ellos y atácalos frente a las balsameras.

24 Cuando oigas ruido de pasos en la cima de las balsameras, ataca con decisión porque Yahveh sale delante de ti para derrotar al ejército de los filisteos.»

25 Hizo David lo que Yahveh le ordenaba y batió a los filisteos desde Gabaón hasta la entrada de Guézer.

Reflexión del capítulo 5

Por fin todas las tribus de Israel acuden a Hebrón y reconocen en David al pastor que Dios había destinado a guiar a su pueblo. Le ungen rey, y el nuevo monarca emprende una de sus obras más decisivas: la conquista de Jerusalén, la ciudad jebusea que se convierte en la Ciudad de David y, con el tiempo, en el corazón espiritual de Israel. El capítulo subraya que David crecía porque el Señor estaba con él, y que incluso un rey pagano como Jiram de Tiro contribuye a construirle una casa. A la vez, asoma ya un rasgo que tendrá consecuencias graves: David multiplica esposas y concubinas, y de esas uniones nacerán hijos que luego se enfrentarán entre sí. La unidad alcanzada no es fruto de la sola habilidad del rey, sino de la fidelidad de Dios a su promesa. Sin embargo, la abundancia de poder y de posesiones empieza a mostrarse ambigua. Este capítulo nos invita a reconocer la mano de Dios en los logros y a vigilar las puertas por donde entra la desmesura: el éxito puede ser una bendición o el comienzo de una caída, según cómo se reciba.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Haz hoy memoria agradecida de un logro reciente y atribúyelo con sinceridad a Dios y a quienes te ayudaron, sin quedarte solo con el mérito. Da las gracias por su nombre a alguien que hizo posible tu éxito. Y revisa con honestidad si algún triunfo te está llevando a la soberbia, al desprecio de los demás o a acumular más de lo que necesitas. Si detectas esa tendencia, corrige hoy mismo: comparte algo de lo que tienes y pide a Dios un corazón humilde que no confunda sus dones con la propia gloria.

Oración

Señor, gracias por todo lo bueno que has hecho en mí y por medio de mí, y por las personas que pusiste a mi lado. Guárdame humilde en el éxito, generoso en la abundancia y atento a no confundir tus dones con mi propia gloria. Amén.

Acerca del libro de II Samuel

El Segundo Libro de Samuel prosigue el relato comenzado en el primero y tiene como figura central a David, el pastor de Belén que llega a ser rey de Israel. Aunque la tradición lo vincula al profeta Samuel, ya desaparecido en buena parte de la obra, el texto reúne tradiciones de distintas épocas, recogidas y ordenadas por los círculos proféticos y sacerdotales de Israel. El libro se abre con la muerte de Saúl y la elegía que David entona por él y por Jonatán; sigue después el largo camino hacia el trono: siete años en Hebrón como rey de Judá, la unificación de las tribus, la conquista de Jerusalén, el traslado del arca y la promesa que Dios le hace por medio de Natán de una dinastía eterna. Esa promesa es el corazón teológico del libro y la raíz de la esperanza mesiánica que culminará en Cristo. Pero el Segundo Libro de Samuel no es una crónica triunfal. Presenta sin disimulo la cara oscura del rey: el adulterio con Betsabé, la muerte de Urías, la violación de Tamar, la rebelión de Absalón, la guerra civil. La grandeza y la miseria de David se entrelazan, y precisamente ahí está su valor para el creyente: Dios no elige a los perfectos, sino a quienes reconocen su culpa y se dejan perdonar. El libro muestra que el pecado tiene consecuencias, pero también que la misericordia divina es más grande que la ruina humana. Para el cristianismo, David es el antepasado del Mesías y el modelo del rey humilde que se arrepiente. Leer estos capítulos es aprender a confiar en la fidelidad de Dios incluso cuando la propia vida parece desmoronarse.

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