II Samuel

Antiguo Testamento | 24 capítulos | 695 versículos

2 Sam

Capítulo 16

1 Había pasado David un poco más allá de la cumbre, cuando le salió al encuentro Sibá, criado de Meribbaal, con dos asnos aparejados, cargados con doscientos panes, cien racimos de uvas pasas, cien frutas maduras y un odre de vino.

2 El rey preguntó a Sibá: «¿Para qué es esto?» Sibá contestó: «Los asnos son para que la familia del rey pueda montar, los panes y frutas son para que los muchachos coman y el vino para que beba el que se fatigue en el desierto.»

3 El rey preguntó: «¿Dónde está el hijo de tu señor?» Sibá respondió al rey: «Se ha quedado en Jerusalén porque se ha dicho: Hoy me devolverá la casa de Israel el reino de mi padre.»

4 El rey dijo a Sibá: «Todo lo de Meribbaal es para ti» Sibá respondió: «Me postro ante ti. ¡Que halle yo gracia a tus ojos, oh rey mi señor!»

5 Cuando el rey David llegó a Bajurim salió de allí un hombre del mismo clan que la casa de Saúl, llamado Semeí, hijo de Guerá. Iba maldiciendo mientras avanzaba.

6 Tiraba piedras a David y a todos los servidores del rey, mientras toda la gente y todos los servidores se colocaban a derecha e izquierda.

7 Semeí decía maldiciendo: «Vete, vete, hombre sanguinario y malvado.

8 Yahveh te devuelva toda la sangre de la casa de Saúl, cuyo reino usurpaste. Así Yahveh ha entregado tu reino en manos de Absalón tu hijo. Has caído en tu propia maldad, porque eres un hombre sanguinario.»

9 Abisay, hijo de Sarvia, dijo al rey: «¿Por qué ha de maldecir este perro muerto a mi señor el rey? Voy ahora mismo y le corto la cabeza.»

10 Respondió el rey: «¿Qué tengo yo con vosotros, hijos de Sarvia? Deja que maldiga, pues si Yahveh le ha dicho: "Maldice a David" ¿quién le puede decir: «Por qué haces esto?»

11 Y añadió David a Abisay y a todos sus siervos: «Mirad, mi hijo, salido de mis entrañas, busca mi muerte, pues ¿cuánto más ahora un benjaminita? Dejadle que maldiga, pues se lo ha mandado Yahveh.

12 Acaso Yahveh mire mi aflicción y me devuelva Yahveh bien por las maldiciones de este día.»

13 Y David y sus hombres prosiguieron su camino, mientras Semeí marchaba por el flanco de la montaña, paralelo a él; iba malcidiendo, tirando piedras y arrojandos polvo.

14 El rey y todo el pueblo que iba con él, llegaron extenuados a... y allí tomaron aliento.

15 Absalón y todos hombres de Israel entraron en Jerusalén; Ajitófel estaba con él.

16 Llegó Jusay el arquita, amigo de David, donde Absalón y dijo Jusay a Absalón: «¡Viva el rey, viva el rey!»

17 Absalón dijo a Jusay: «¿Es éste tu afecto por tu amigo? ¿Por qué no te has ido con tu amigo?»

18 Jusay respondió a Absalón: «No. Yo quiero estar y permanecer con aquel a quien ha elegido Yahveh, este pueblo y todos los hombres de Israel.

19 Por lo demás ¿a quién voy a servir? ¿No es a su hijo? Como he servido a tu padre, te serviré a ti.»

20 Absalón dijo a Ajitófel: «Tomad consejo sobre lo que se debe hacer.»

21 Ajitófel dijo a Absalón: «Llégate a las concubinas que tu padre ha dejado para guardar la casa; todo Israel sabrá que te has hecho odioso a tu padre y se fortalecerán las manos de todos los que están contigo.

22 Se levantó, pues, una tienda para Absalón sobre el terrado y Absalón se unió a las concubinas de su padre a la vista de todo Israel.

23 El consejo que daba Ajitófel aquellos días era como si se hubiese pedido un oráculo a Dios. Así era tenido el consejo de Ajitófel, tanto por David como por Absalón.

Reflexión del capítulo 16

En la huida, David atraviesa una serie de encuentros que revelan los corazones. Primero le sale al paso Sibá, el criado de Meribbaal, con víveres y con una mentira: acusa a su señor de esperar recuperar el trono, y David, sin comprobar nada, le entrega todos sus bienes. Después, en Bajurim, un hombre de la familia de Saúl llamado Semeí comienza a maldecirlo, a arrojarle piedras y a acusarlo de haber usurpado el reino. Abisay quiere matarlo, pero David lo impide: si el mismo Dios le ha permitido aquella humillación, ¿quién es él para acallarla? Acepta la maldición con una mansedumbre asombrosa y espera que Dios le devuelva bien por tanto ultraje. Mientras tanto, en Jerusalén, Absalón sigue el consejo de Ajitófel y se une públicamente a las concubinas de su padre, escenificando la ruptura total. El capítulo nos enseña que la prueba muestra lo que hay dentro de cada uno, y que la humildad de David bajo la injuria es más fuerte que cualquier venganza. A veces Dios permite la ofensa para purificar el corazón.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Si hoy alguien te calumnia, te insulta o te desprecia, no respondas con violencia ni busques vengarte, y no te dejes arrastrar por quienes te animan a "cobrártela". Ofrece ese dolor a Dios y guarda silencio como David, confiando en que él hará justicia a su tiempo. Tampoco tomes decisiones sobre otros basándote en rumores sin comprobar la verdad, como hizo David con Sibá. Y si estás sufriendo una humillación, pregúntate qué quiere purificar Dios en ti a través de ella.

Oración

Señor, cuando me insulten o me calumnien, dame la mansedumbre de David. Enséñame a callar y a ofrecerte la humillación, confiando en que tú harás justicia y sacarás bien de mi dolor. No permitas que el rencor me domine. Amén.

Acerca del libro de II Samuel

El Segundo Libro de Samuel prosigue el relato comenzado en el primero y tiene como figura central a David, el pastor de Belén que llega a ser rey de Israel. Aunque la tradición lo vincula al profeta Samuel, ya desaparecido en buena parte de la obra, el texto reúne tradiciones de distintas épocas, recogidas y ordenadas por los círculos proféticos y sacerdotales de Israel. El libro se abre con la muerte de Saúl y la elegía que David entona por él y por Jonatán; sigue después el largo camino hacia el trono: siete años en Hebrón como rey de Judá, la unificación de las tribus, la conquista de Jerusalén, el traslado del arca y la promesa que Dios le hace por medio de Natán de una dinastía eterna. Esa promesa es el corazón teológico del libro y la raíz de la esperanza mesiánica que culminará en Cristo. Pero el Segundo Libro de Samuel no es una crónica triunfal. Presenta sin disimulo la cara oscura del rey: el adulterio con Betsabé, la muerte de Urías, la violación de Tamar, la rebelión de Absalón, la guerra civil. La grandeza y la miseria de David se entrelazan, y precisamente ahí está su valor para el creyente: Dios no elige a los perfectos, sino a quienes reconocen su culpa y se dejan perdonar. El libro muestra que el pecado tiene consecuencias, pero también que la misericordia divina es más grande que la ruina humana. Para el cristianismo, David es el antepasado del Mesías y el modelo del rey humilde que se arrepiente. Leer estos capítulos es aprender a confiar en la fidelidad de Dios incluso cuando la propia vida parece desmoronarse.

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