II Samuel
Antiguo Testamento | 24 capítulos | 695 versículos
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Capítulo 10 de 24Capítulo 10
1 Después de esto murió el rey de los ammonitas y reinó en su lugar su hijo Janún.
2 Dijo David: «Tendré con Janún, hijo de Najás, la misma benevolencia que su padre tuvo conmigo.» David envió a sus servidores para que le consolaran por su padre. Cuando los servidores de David llegaron al país de los ammonitas,
3 dijeron los jefes de los ammonitas a Janún, su señor: «¿Acaso David te envía a consolar porque quiere hacer honor a tu padre ante tus ojos? ¿No te ha enviado David sus siervos para espiar la ciudad, explorarla y destruirla?»
4 Entonces Janún prendió a los servidores de David, les rapó la mitad de la barba, cortó sus vestidos hasta la mitad de las nalgas, y los despachó.
5 Se lo comunicaron a David y envió gente a su encuentro porque los hombres estaban cubiertos de vergüenza; el rey les mandó a decir: «Quedaos en Jericó hasta que os crezca la barba; después volveréis.»
6 Vieron los ammonitas que se habían hecho odiosos a David y enviaron para tomar a sueldo arameos de Bet Rejob y arameos de Sobá 20.000 infantes; del rey de Maaká mil hombres y del rey de Tob 12.000.
7 Lo supo David y mandó a Joab con toda la tropa, los valientes.
8 Salieron a campaña los ammonitas y se ordenaron en batalla a la entrada de la puerta, mientras que los arameos de Sobá y de Rejob, y los hombres de Tob y de Maaká estaban aparte en el campo.
9 Viendo Joab que tenía un frente de combate por delante y otro por detrás, escogió a los mejores de Israel y los puso en línea contra los arameos.
10 Puso el resto del ejército al mando de su hermano Abisay y lo ordenó en batalla frente a los ammonitas.
11 Y dijo: «Si los arameos me dominan, ven en mi ayuda; si los ammonitas te dominan a ti, vendré en tu socorro.
12 Ten fortaleza, esforcémonos por nuestr pueblo y por las ciudades de nuestro Dios y que Yahveh haga lo que bien le parezca.»
13 Y avanzó Joab con su ejército para luchar contra los arameos, que huyeron ante él.
14 Viendo los ammonitas que los arameos emprendían la fuga, huyeron también ellos ante Abisay y entraron en la ciudad, mientras que Joab se alejó de los ammonitas y entró en Jerusalén.
15 Vieron los arameos que habían sido vencidos por Israel y se concentraron todos.
16 Hadadézer mandó venir a los arameos del otro lado del Río. Y llegaron a Jelam, viniendo a su cabeza Sobak, jefe del ejército de Hadadézer.
17 Se dio aviso a David, quien reuniendo a todo Israel pasó el Jordán y llegó a Jelam; los arameos se ordenaron en batalla frente a David y combatieron contra él.
18 Huyeron los arameos ante Israel y David abatió a los arameos setecientos carros y 40.000 de carro. Hirió también a Sobak, jefe de su ejército, que murió allí mismo.
19 Cuando todos les reyes vasallos de Hadadézer vieron que habían sido batidos ante Israel, hicieron la paz con Israel y le quedaron sometidos. Los arameos no se atrevieron a seguir ayudando a los ammonitas.
Reflexión del capítulo 10
Al morir el rey de los ammonitas, David envía mensajeros para consolar a su hijo y darle el pésame, recordando la benevolencia que había recibido del difunto. Pero los consejeros del nuevo rey interpretan mal el gesto y convencen a su señor de que aquellos enviados son espías. El resultado es una humillación deliberada: los mensajeros son rapados y sus vestidos cortados, y se los devuelve deshonrados. David, en lugar de vengarse precipitadamente, los acoge y les permite recuperar la compostura antes de volver. Pronto estalla la guerra, y Joab organiza sus tropas con una sabiduría digna de notar: reparte el mando con su hermano, se coordinan y se animan mutuamente con palabras de confianza en Dios. El capítulo muestra cómo la sospecha y el orgullo pueden convertir un gesto de paz en un conflicto armado, y cómo la prudencia y la cooperación evitan males mayores. Nos enseña a no dejarnos llevar por la desconfianza, a no responder al desprecio con violencia y a recordar que el resultado final está en las manos de Dios, no en nuestras solas fuerzas.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Si hoy te sientes ofendido o malinterpretado, no respondas al instante ni desde el orgullo herido. Espera, busca la verdad de los hechos, pregunta antes de juzgar y responde con serenidad. Y cuando trabajes en equipo, coordina, anima y reparte responsabilidades en lugar de competir o desconfiar. Antes de interpretar mal las intenciones de alguien, date el tiempo de comprobarlas: muchas guerras empiezan por una sospecha no verificada.
Oración
Señor, líbrame de la sospecha y del orgullo herido. Dame serenidad ante el desprecio y sabiduría para buscar la paz antes que tener razón. Que confíe en ti el resultado de mis esfuerzos y que trabaje siempre por la unidad. Amén.
Acerca del libro de II Samuel
El Segundo Libro de Samuel prosigue el relato comenzado en el primero y tiene como figura central a David, el pastor de Belén que llega a ser rey de Israel. Aunque la tradición lo vincula al profeta Samuel, ya desaparecido en buena parte de la obra, el texto reúne tradiciones de distintas épocas, recogidas y ordenadas por los círculos proféticos y sacerdotales de Israel. El libro se abre con la muerte de Saúl y la elegía que David entona por él y por Jonatán; sigue después el largo camino hacia el trono: siete años en Hebrón como rey de Judá, la unificación de las tribus, la conquista de Jerusalén, el traslado del arca y la promesa que Dios le hace por medio de Natán de una dinastía eterna. Esa promesa es el corazón teológico del libro y la raíz de la esperanza mesiánica que culminará en Cristo. Pero el Segundo Libro de Samuel no es una crónica triunfal. Presenta sin disimulo la cara oscura del rey: el adulterio con Betsabé, la muerte de Urías, la violación de Tamar, la rebelión de Absalón, la guerra civil. La grandeza y la miseria de David se entrelazan, y precisamente ahí está su valor para el creyente: Dios no elige a los perfectos, sino a quienes reconocen su culpa y se dejan perdonar. El libro muestra que el pecado tiene consecuencias, pero también que la misericordia divina es más grande que la ruina humana. Para el cristianismo, David es el antepasado del Mesías y el modelo del rey humilde que se arrepiente. Leer estos capítulos es aprender a confiar en la fidelidad de Dios incluso cuando la propia vida parece desmoronarse.
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