II Samuel
Antiguo Testamento | 24 capítulos | 695 versículos
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Capítulo 13 de 24Capítulo 13
1 Sucedió después que Absalón, hijo de David, tenía una hermana que era hermosa, llamada Tamar, y Amnón, hijo de David, se prendó de ella.
2 Estaba Amnón tan atormentado que se puso enfermo, porque su hermana Tamar era virgen y le parecía difícil a Ammón hacerle algo.
3 Tenía Amnón un amigo llamado Yonadab, hijo de Simá, hermano de David; era Yonadab hombre muy astuto,
4 y le dijo: «¿Qué te sucede, hijo del rey, que de día en día estás más afligido? ¿No me lo vas a descubrir?» Amnón le dijo: «Estoy enamorado de Tamar, hermana de mi hermano Absalón.»
5 Yonadab le dijo: «Acuéstate en tu lecho y fíngete enfermo y cuando tu padre venga en verte le dices: Que venga, por favor, mi hermana Tamar a darme de comer; que prepare delante de mí algún manjar para que lo vea yo y lo coma de su mano.»
6 Y Amnón se acostó fingiéndose enfermo. Entró el rey a verle y Amnón dijo al rey: «Que venga, por favor, mi hermana Tamar y fría delante de mí un par de frituras y yo las comeré de su mano.»
7 David envió a decir a Tamar a su casa: «Vete a casa de tu hermano Amnón y prepárale algo de comer.»
8 Fue, pues, Tamar a casa de su hermano, que estaba acostado; tomó harina, la amasó, hizo los pasteles y los puso a freír delante de su hermano;
9 tomó la sartén y la vació delante de él, pero él no quiso comer; y dijo Amnón: «Que salgan todos de aquí.» Y todos salieron de allí.
10 Entonces Amnón dijo a Tamar: «Tráeme la comida a la alcoba para que coma de tu mano.» Tomo Tamar las frituras que había hecho, se las llevó a su hermano Amnón a la alcoba
11 y se las acercó para que comiese, pero él la sujetó y le dijo: «Ven, acuéstate conmigo, hermana mía.»
12 Pero ella respondió: «No, hermano mío, no me fuerces, pues no se hace esto en Israel. No cometas esta infamia.
13 ¿A dónde iría yo deshonrada? Y tú serías como un infame en Israel. Habla, te lo suplico, al rey, que no rehusará entregarme a ti.»
14 Pero él no quiso escucharla, sino que la sujetó y forzándola se acostó con ella.
15 Después Amnón la aborreció con tan gran aborrecimiento que fue mayor su aborrecimiento que el amor con que la había amado. Y le dijo Amnón: «Levántate y vete.»
16 Ella le dijo: «No, hermano mío, por favor, porque si me echas, este segundo mal es peor que el que me hiciste primero.» Pero él no quiso escucharla.
17 Llamó al criado que le servía y le dijo: «Echame a ésta fuera y cierra la puerta tras ella.»
18 (Vestía ella una túnica con mangas, porque así vestían antes las hijas del rey que eran vírgenes). Su criado la hizo salir fuera y cerró la puerta tras ella.
19 Tamar puso ceniza sobre su cabeza, rasgó la túnica de mangas que llevaba, puso sus manos sobre la cabeza y se iba gritando mientras caminaba.
20 Su hermano Absalón le dijo: «¿Es que tu hermano Amnón ha estado contigo? Ahora calla, hermana mía; es tu hermano. No te preocupes de este asunto.» Y Tamar quedó desolada en casa de su hermano Absalón.
21 Cuando el rey David supo todas estas cosas se irritó en extremo, pero no quiso castigar a su hijo Amnón, al que amaba porque era su primogénito.
22 Absalón no dijo a Amnón ni una palabra, ni buena ni mala, pues odiaba Absalón a Amnón porque había humillado a su hermana Tamar.
23 Dos años después, estaban los esquiladores con Absalón esquilando en Baal Jasor, junto a Efraím, y Absalón invitó a todos los hijos del rey.
24 Se presentó Absalón al rey y le dijo: «Ya que estoy de esquileo, que vengan, por favor, conmigo el rey y sus servidores.»
25 El rey dijo a Absalón: «No, hijo mío, no podemos ir todos para no serte gravosos.» Insistió, pero el rey no quiso ir y le dio su bendición.
26 Absalón le dijo: «Que venga, por favor, con nosotros mi hermano Amnón.» Respondió el rey: «¿Para qué ha de ir contigo?»
27 Pero Absalón le insistió y dejó que fueran con él Amnón y todos los hijos del rey. Absalón mandó preparar un convite regio.
28 Y ordenó a sus criados: «Estad atentos: cuando el corazón de Amnón esté alegre por el vino y yo os diga: "Herid a Amnón", le mataréis. No tengáis temor, porque os lo mando yo. Cobrad ánimo y sed valerosos.»
29 Los criados de Absalón hicieron con Amnón lo que Absalón les había mandado. Entonces todos los hijos del rey se levantaron y montando cada cual en su mulo huyeron.
30 Estando ellos en camino llegó a David el rumor de que Absalón había matado a todos los hijos del rey y que no había quedado ni uno solo de ellos.
31 Se levantó el rey, rasgó sus vestidos y se echó en tierra; todos los servidores que estaban a su lado rasgaron también, sus vestidos.
32 Pero Yonadab, hijo de Simá, hermano de David, tomó la palabra y dijo: «No piense mi señor el rey que han muerto todos los muchachos, los hijos del rey, porque solamente ha muerto Amnón; pues era cosa decidida en boca de Absalón desde el día en que aquél humilló a su hermana Tamar.
33 Así que no haga caso mi señor el rey de esos rumores de que han muerto todos los hijos del rey, porque sólo ha muerto Amnón.»
34 Absalón huyó. El joven que estaba de centinela levantó la vista y vio multitud que venía por el camino de Bajurim, a la bajada, y fue a avisar el rey: «He visto algunos hombres que bajan por el camino de Bajurim, por la ladera de la montaña.»
35 Yonadab dijo al rey: «Son los hijos del rey que llegan; ha sido lo que tu servidor había dicho.»
36 Apenas había acabado de hablar, entraron los hijos del rey y alzando su voz lloraron. También el rey y todos los servidores se echaron a llorar con gran llanto.
37 Absalón huyó yéndose adonde Talmay, hijo de Ammijud, rey de Guesur; y el rey lloraba todos los días por su hijo.
38 Absalón, por su parte, había huido yéndose a Guesur: allí se quedó tres años.
39 El espíritu del rey cesó de airarse contra Absalón, porque se había consolado ya de la muerte de Ammón.
Reflexión del capítulo 13
La semilla sembrada por el pecado de David germina ahora en su propia familia. Amnón, su hijo mayor, se obsesiona con su media hermana Tamar y, aconsejado por un amigo astuto, finge una enfermedad para atraerla y forzarla. La escena es de una crueldad estremecedora: después de la violencia, el mismo que decía amarla la desprecia y la echa de su casa, negándole incluso el consuelo de reparar el mal. Tamar queda destrozada, con la ceniza sobre la cabeza y el vestido rasgado. Absalón, su hermano, calla y espera dos años; luego, en medio de un banquete, manda matar a Amnón y huye. El capítulo describe cómo el silencio de David ante el primer crimen —no quiso castigar a su primogénito— abre la puerta a un segundo crimen. La omisión del padre se convierte en la venganza del hermano. Aquí vemos que la justicia que se posterga no desaparece: se transforma en violencia. Y vemos también, con dolor, cómo las víctimas quedan desamparadas cuando quienes debían protegerlas prefieren mirar a otro lado.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
No calles hoy ante un abuso del que tengas noticia, aunque el agresor sea alguien cercano o querido y callar resulte más cómodo. Escucha a la víctima, créela y protégela, sin pedirle pruebas ni culparla. Revisa también si en tu casa o en tu entorno has dejado pasar injusticias para no complicar las cosas: la omisión y el silencio cómplice también hacen daño, y a veces abren la puerta a males mayores. Si tú mismo has sido víctima, busca ayuda y no cargues con una culpa que no te corresponde.
Oración
Señor, protégenos de la violencia y del silencio cómplice. Dame valentía para defender a la víctima y sabiduría para no dejar que el mal crezca por omisión. Sana a quienes han sido heridos en su dignidad. Amén.
Acerca del libro de II Samuel
El Segundo Libro de Samuel prosigue el relato comenzado en el primero y tiene como figura central a David, el pastor de Belén que llega a ser rey de Israel. Aunque la tradición lo vincula al profeta Samuel, ya desaparecido en buena parte de la obra, el texto reúne tradiciones de distintas épocas, recogidas y ordenadas por los círculos proféticos y sacerdotales de Israel. El libro se abre con la muerte de Saúl y la elegía que David entona por él y por Jonatán; sigue después el largo camino hacia el trono: siete años en Hebrón como rey de Judá, la unificación de las tribus, la conquista de Jerusalén, el traslado del arca y la promesa que Dios le hace por medio de Natán de una dinastía eterna. Esa promesa es el corazón teológico del libro y la raíz de la esperanza mesiánica que culminará en Cristo. Pero el Segundo Libro de Samuel no es una crónica triunfal. Presenta sin disimulo la cara oscura del rey: el adulterio con Betsabé, la muerte de Urías, la violación de Tamar, la rebelión de Absalón, la guerra civil. La grandeza y la miseria de David se entrelazan, y precisamente ahí está su valor para el creyente: Dios no elige a los perfectos, sino a quienes reconocen su culpa y se dejan perdonar. El libro muestra que el pecado tiene consecuencias, pero también que la misericordia divina es más grande que la ruina humana. Para el cristianismo, David es el antepasado del Mesías y el modelo del rey humilde que se arrepiente. Leer estos capítulos es aprender a confiar en la fidelidad de Dios incluso cuando la propia vida parece desmoronarse.
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