II Samuel
Antiguo Testamento | 24 capítulos | 695 versículos
Seleccionar Capítulo
Capítulo 3 de 24Capítulo 3
1 Se prolongó la guerra entra la casa de Saúl y la casa de David; pero David se iba fortaleciendo, mientras que la casa de Saúl se debilitaba.
2 David tuvo hijos en Hebrón. Su primogénito Amnón, hijo de Ajinoam de Yizreel;
3 su segundo, Kilab, de Abigaíl, mujer de Nabal de Carmelo; el tercero, Absalón, hijo de Maaká, la hija de Talmay, rey de Guesur;
4 el cuarto, Adonías, hijo de Jagguit; el quinto, Sefatías, hijo de Abital;
5 el sexto, Yitream, de Eglá, mujer de David. Estos le nacieron a David en Hebrón.
6 Durante la guerra entre la casa de Saúl y la casa de David, Abner adquirió predominio en la casa de Saúl.
7 Había tenido Saúl una concubina, llamada Rispá, hija de Ayyá, y Abner la tomó. Pero Isbaal dijo a Abner: «¿Por qué te has llegado a la concubina de mi padre?»
8 Abner se irritó mucho por las palabras de Isbaal y respondió: «¿Soy yo una cabeza de perro? Hasta hoy he favorecido a la casa de tu padre Saúl, a sus hermanos y sus amigos, para que no cayeras en manos de David, ¿y hoy me llamas la atención por una falta con esta mujer?
9 Esto haga Dios a Abner y esto le añada si no cumplo a David lo que Yahveh le ha jurado,
10 que quitaría la realeza a la casa de Saúl y levantaría el trono de David sobre Israel y sobre Judá, desde Dan hasta Berseba.»
11 Isbaal no se atrevió a contestar una palabra a Abner, por el miedo que le tenía.
12 Envió Abner mensajeros para decir a David: «... Haz un pacto conmigo y me pondré de tu parte para traer a ti todo Israel.»
13 David respondió: «Bien. Haré un pacto contigo. Solamente te pido una cosa. No te admitiré a mí presencia si cuando vengas a verme no traes a Mikal, la hija de Saúl.»
14 Envió David mensajeros a Isbaal, hijo de Saúl, para decirle: «Devuélveme a mi mujer Mikal, que adquirí por cien prepucios de filisteos.»
15 Isbaal mandó que la tomaran de casa de su marido Paltiel, hijo de Layis.
16 Su marido partió con ella; la seguía llorando detrás de ella, hasta Bajurim. Abner le dijo: «Anda vuélvete.» Y se volvió.
17 Abner había hablado con los ancianos de Israel diciendo: «Desde siempre habéis estado buscando a David para rey vuestro.
18 Pues hacedlo ahora, ya que Yahveh ha dicho a David: Por mano de David mi siervo libraré a mi pueblo Israel de mano de los filisteos y de mano de todos sus enemigos.»
19 Abner habló igualmente a Benjamín y marchó después a Hebrón a comunicar a David lo que había parecido bien a los ojos de Israel y a los ojos de toda la casa de Benjamín.
20 Llegó Abner a donde David, en Hebrón, con veinte hombres. Y David ofreció un banquete a Abner y a los hombres que le acompañaban.
21 Abner dijo a David: «Voy a levantarme e iré a reunir todo Israel junto a mi señor, el rey; harán un pacto contigo y reinarás conforme a tus deseos.» Despidió David a Abner, que se fue en paz.
22 Vinieron los veteranos de David, con Joab, de hacer una correría, trayendo un gran botín. No estaba ya Abner con David en Hebrón, pues David le había despedido y él había marchado en paz.
23 Llegaron, pues, Joab y todo el ejército que le acompañaba; y se hizo saber a Joab: «Abner, hijo de Ner, ha venido donde el rey, que le ha despedido y él se ha ido en paz.»
24 Entró Joab donde el rey y dijo: «¿Qué has hecho? Abner ha venido a ti, ¿por qué le has dejado marcharse?
25 ¿No sabes que Abner, hijo de Ner, ha venido para engañarte, para enterarse de tus idas y venidas y saber todo lo que haces?»
26 Salió Joab de donde David y envió gentes en pos de Abner que le hicieron volver desde la cisterna de Sirá, sin saberlo David.
27 Volvió Abner a Hebrón y le tomó aparte Joab en la misma puerta, como para hablarle en secreto; y le hirió en el veintre allí mismo y lo mató por la sangre de su hermano Asahel.
28 Lo supo David inmediatamente y dijo: «Limpio estoy yo, y mi reino, ante Yahveh para siempre de la sangre de Abner, hijo de Ner.
29 Caiga sobre la cabeza de Joab y sobre toda la casa de su padre, nunca falte en la casa de Joab quien padezca flujo de sangre, ni leproso, ni quien ande con cachava, ni quien muera a espada, ni quien carezca de pan.»
30 (Joab y su hermano Abisay asesinaron a Abner porque éste había matado a su hermano Asahel en la batalla de Gabaón.)
31 Y dijo David a Joab y a todo el ejército que le acompañaba: «Rasgad vuestros vestidos, ceñíos los sayales y llorad por Abner.» El rey David iba detrás de las andas.
32 Sepultaron a Abner en Hebrón. El rey alzó su voz y lloró junto al sepulcro de Abner, y también lloró todo el pueblo.
33 El rey entonó esta elegía por Abner: «¿Como muere un necio había de morir Abner?
34 No ligadas tus manos ni puestos en cadenas tus pies. Has caído como quien cae ante malhechores.» Y arreció el pueblo en su llanto por él.
35 Fue todo el pueblo y, siendo aún de día, rogaban a David que comiese, pero David juró: «Esto me haga Dios y esto me añada, si pruebo el pan o cualquiera otra cosa antes de ponerse el sol.»
36 Todo el pueblo lo supo y lo aprobó. Todo lo que hizo el rey pareció bien a toto el pueblo.
37 Y aquel día supo todo el pueblo y todo Israel que el rey no había tenido parte en la muerte de Abner, hijo de Ner.
38 El rey dijo a sus servidores: «¿No sabéis que hoy ha caído un gran caudillo en Israel?
39 Hoy estoy reblandecido, pues soy rey ungido, pero estos hombres, hijos de Sarvia, son más duros que yo. Que Yahveh devuelva al malhechor según su malicia.»
Reflexión del capítulo 3
La guerra entre la casa de Saúl y la de David se prolonga, pero la suerte de las dos casas es distinta: David se fortalece y la otra se apaga. El capítulo muestra cómo Abner, el hombre fuerte del norte, rompe con Isbaal por una ofensa y decide pasarse a David, devolviendo incluso a Mikal, la esposa que le había sido arrebatada. Todo parecía encaminarse hacia una reunificación pacífica. Sin embargo, Joab, movido por la venganza por la muerte de su hermano, tiende una trampa a Abner y lo asesina a la puerta de Hebrón. David se declara inocente, maldice la violencia de Joab y organiza un funeral solemne, caminando detrás del féretro y ayunando hasta el atardecer. El contraste es elocuente: el rey llora al que muchos consideraban su enemigo, mientras sus propios generales actúan por cuenta propia. Aquí aprendemos que la justicia verdadera no se confunde con la venganza personal, y que un líder debe distanciarse del mal aunque lo cometan los suyos. David no puede deshacer el crimen de Joab, pero sí puede negarse a legitimarlo, y esa honestidad es la que sostiene su autoridad ante el pueblo.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Piensa hoy si guardas algún rencor que te empuja a cobrarte un daño antiguo, y reconoce que la venganza suele disfrazarse de justicia. Elige perdonar de verdad y, si es posible, dilo en voz alta ante Dios, nombrando a la persona concreta. Si alguien a tu cargo comete una injusticia, no la justifiques por lealtad ni por miedo a quedar mal: marca distancia y defiende a la víctima, aunque te cueste. Y si tú has sido el que hizo daño, da el primer paso para repararlo sin esperar a que el otro lo pida.
Oración
Señor, líbrame de la venganza disfrazada de justicia y dame valentía para no avalar el mal, ni siquiera cuando lo cometen los míos. Dame un corazón capaz de llorar por el enemigo y de buscar la paz antes que tener razón. Amén.
Acerca del libro de II Samuel
El Segundo Libro de Samuel prosigue el relato comenzado en el primero y tiene como figura central a David, el pastor de Belén que llega a ser rey de Israel. Aunque la tradición lo vincula al profeta Samuel, ya desaparecido en buena parte de la obra, el texto reúne tradiciones de distintas épocas, recogidas y ordenadas por los círculos proféticos y sacerdotales de Israel. El libro se abre con la muerte de Saúl y la elegía que David entona por él y por Jonatán; sigue después el largo camino hacia el trono: siete años en Hebrón como rey de Judá, la unificación de las tribus, la conquista de Jerusalén, el traslado del arca y la promesa que Dios le hace por medio de Natán de una dinastía eterna. Esa promesa es el corazón teológico del libro y la raíz de la esperanza mesiánica que culminará en Cristo. Pero el Segundo Libro de Samuel no es una crónica triunfal. Presenta sin disimulo la cara oscura del rey: el adulterio con Betsabé, la muerte de Urías, la violación de Tamar, la rebelión de Absalón, la guerra civil. La grandeza y la miseria de David se entrelazan, y precisamente ahí está su valor para el creyente: Dios no elige a los perfectos, sino a quienes reconocen su culpa y se dejan perdonar. El libro muestra que el pecado tiene consecuencias, pero también que la misericordia divina es más grande que la ruina humana. Para el cristianismo, David es el antepasado del Mesías y el modelo del rey humilde que se arrepiente. Leer estos capítulos es aprender a confiar en la fidelidad de Dios incluso cuando la propia vida parece desmoronarse.
Compartir
Enlace copiado