Levítico
Antiguo Testamento | 27 capítulos | 858 versículos
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Capítulo 12 de 27Capítulo 12
1 Yahveh habló a Moisés y dijo:
2 Habla a los israelitas y diles: Cuando una mujer conciba y tenga un hijo varón, quedará impura durante siete días; será impura como en el tiempo de sus reglas.
3 Al octavo día será circuncidado el niño en la carne de su prepucio;
4 pero ella permanecerá todavía 33 días purificándose de su sangre. No tocará ninguna cosa santa ni irá al santuario hasta cumplirse los días de su purificación.
5 Mas si da a luz una niña, durante dos semanas será impura, como en el tiempo de sus reglas, y permanecerá 66 días más purificándose de su sangre.
6 Al cumplirse los días de su purificación, sea por niño o niña, presentará al sacerdote, a la entrada de la Tienda del Encuentro, un cordero de un año como holocausto, y un pichón o una tórtola como sacrificio por el pecado.
7 El sacerdote lo ofrecerá ante Yahveh, haciendo expiación por ella, y quedará purificada del flujo de su sangre. Esta es la ley referente a la mujer que da a luz a un niño o una niña.
8 Mas si a ella no le alcanza para presentar una res menor, tome dos tórtolas o dos pichones, uno como holocausto y otro como sacrificio por el pecado; y el sacerdote hará expiación por ella y quedará pura.
Reflexión del capítulo 12
La ley de la purificación de la mujer después del parto refleja la sensibilidad del antiguo culto ante el nacimiento, momento de sangre y de frontera entre la vida y la muerte. La madre quedaba en espera y, al cumplirse el tiempo, ofrecía un cordero y una tórtola o paloma; si era pobre, bastaban dos aves. Lejos de despreciar la maternidad, la costumbre honraba el don de la vida y reservaba un espacio de reposo y de presentación del niño a Dios. La ofrenda recuerda que todo hijo es regalo del Señor. En la Encarnación este rito adquiere luz plena: María y José presentan al Niño Jesús en el templo y ofrecen las aves de los pobres, cumpliendo la ley con exactitud. Para el creyente, el texto invita a recibir la vida como misterio sagrado y a confiar a Dios a los hijos. La Iglesia bendice hoy a las madres y a las familias, viendo en la generación humana una participación humilde en el amor creador de Dios.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Encomienda hoy a una madre o a una familia concreta, especialmente si atraviesa dificultades. Como gesto, ofrece una oración de acción de gracias por el don de la vida y bendice a quienes cuidan niños pequeños.
Oración
Señor, dador de toda vida, bendice a las madres y a los niños. Enséñame a recibir cada vida como regalo sagrado y a confiar en tu providencia. Amén.
Acerca del libro de Levítico
Levítico es el tercer libro del Pentateuco y el corazón litúrgico de la alianza del Sinaí. Tradicionalmente atribuido a Moisés, recoge las instrucciones que el Señor comunica desde la Tienda del Encuentro, dirigidas en especial a los sacerdotes hijos de Aarón, de la tribu de Leví, de donde recibe su nombre. No es un libro de narrativa, sino de ley sagrada y culto, compuesto en el desierto durante la peregrinación de Israel, en torno al siglo XIII a.C. Su contexto es el de un pueblo recién liberado de Egipto que debe aprender a vivir como nación santa en presencia de un Dios tres veces santo. Los temas centrales son el sacrificio, la pureza, la santidad y la expiación: Dios habita entre su pueblo, pero su santidad exige un camino de acercamiento y de reparación del pecado. Levítico ocupa un lugar clave en la historia de la salvación porque prepara, como sombra y pedagogía, la obra definitiva de Cristo; la Carta a los Hebreos lee en sus ritos el anuncio del único sacrificio perfecto. Para leerlo hoy en oración conviene no detenerse en la letra de las prescripciones rituales, sino descubrir su mensaje permanente: el respeto al Creador, el sentido del pecado, la necesidad de la reparación y la llamada universal a la santidad. La Iglesia ve en este libro una escuela de adoración y de misericordia que alcanza su plenitud en la Eucaristía, donde la ofrenda se vuelve communión.
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