Levítico
Antiguo Testamento | 27 capítulos | 858 versículos
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Capítulo 2 de 27Capítulo 2
1 Cuando alguien ofrezca a Yahveh una oblación, su ofrenda consistirá en flor de harina, sobre la que derramará aceite y pondrá incienso.
2 La llevará a los hijos de Aarón, a los sacerdotes; tomará un puñado de la harina con aceite y todo el incienso; el sacerdote lo quemará en el altar como memorial, manjar abrasado de calmante aroma para Yahveh.
3 El resto de la oblación será para Aarón y para sus hijos, como porción sacrastísima del manjar abrasado para Yahveh.
4 Cuando ofrezcas una oblación de pasta cocida al horno, será de flor de harina en panes ázimos amasados con aceite, o en tortas ázimas untadas en aceite.
5 Si tu ofrenda es una oblación preparada en la chapa, ha de ser de flor de harina, amasada con aceite, sin levadura.
6 La partirás en trozos y encima derramarás aceite. Es una oblación.
7 Si tu ofrenda es una oblación preparada en cazuela, se hará de flor de harina con aceite.
8 La oblación que ha sido preparada con estas cosas, se la llevarás a Yahveh. Será presentada al sacerdote, quien la llevará al altar.
9 El sacerdote reservará parte de la oblación como memorial y lo quemará en el altar, como manjar abrasado de calmante aroma para Yahveh.
10 El resto de la oblación será para Aarón y para sus hijos, como porción sacratísima del manjar abrasado de Yahveh.
11 Toda la oblación que ofrezcáis a Yahveh será preparada sin levadura, pues ni de fermento ni de miel quemaréis nada como manjar abrasado para Yahveh.
12 Sí que los podréis ofrecer como ofrenda de primicias, pero no subirán al altar como sacrificio de calmante aroma.
13 Sazonarás con sal toda oblación que ofrezcas; en ninguna de tus oblaciones permitirás que falte nunca la sal de la alianza de tu Dios; en todas tus ofrendas ofrecerás sal.
14 Si ofreces a Yahveh una oblación de primicias ofrecerás, como oblación de tus primicias, espigas tostadas al fuego o grano tierno majado.
15 Derramarás sobre ella aceite y le echarás además incienso; es una oblación.
16 El sacerdote quemará, como memorial de la misma, parte del grano majado y del aceite, con todo el incienso, como manjar abrasado para Yahveh.
Reflexión del capítulo 2
La ofrenda de cereal complementa el holocausto con el fruto del trabajo humano: flor de harina, aceite e incienso. Señala que también el pan cotidiano es don de Dios y debe serle devuelto en acción de gracias. La sal de la alianza acompaña toda ofrenda, símbolo de durabilidad, fidelidad y preservación, y el sacerdote quema un memorial sobre el altar. Lo que no se quemaba quedaba para los ministros, mostrando que el culto sostiene a quienes sirven a la comunidad. Este rito nos recuerda que nada de lo que somos o poseemos es ajeno al Creador; incluso el pan que ganamos con el sudor merece ser santificado. Para el creyente de hoy, la oblación invita a descubrir la presencia de Dios en lo ordinario: el estudio, el oficio, el cuidado del hogar son materia de alabanza cuando se ofrecen con rectitud. La Eucaristía lleva esta lógica a su culmen, pues el mismo pan se convierte en Cuerpo de Cristo. La gratitud transforma lo profano en sagrado.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Antes de comer hoy, bendice de corazón tu alimento recordando que el pan es don de Dios. Ofrece además una tarea concreta de tu jornada como oblación silenciosa, uniéndola a la ofrenda eucarística para santificar lo cotidiano.
Oración
Padre bueno, todo lo que tengo viene de ti. Acepta mi trabajo y mi pan como ofrenda de alabanza, y haz de mi vida una oblación agradable. Amén.
Acerca del libro de Levítico
Levítico es el tercer libro del Pentateuco y el corazón litúrgico de la alianza del Sinaí. Tradicionalmente atribuido a Moisés, recoge las instrucciones que el Señor comunica desde la Tienda del Encuentro, dirigidas en especial a los sacerdotes hijos de Aarón, de la tribu de Leví, de donde recibe su nombre. No es un libro de narrativa, sino de ley sagrada y culto, compuesto en el desierto durante la peregrinación de Israel, en torno al siglo XIII a.C. Su contexto es el de un pueblo recién liberado de Egipto que debe aprender a vivir como nación santa en presencia de un Dios tres veces santo. Los temas centrales son el sacrificio, la pureza, la santidad y la expiación: Dios habita entre su pueblo, pero su santidad exige un camino de acercamiento y de reparación del pecado. Levítico ocupa un lugar clave en la historia de la salvación porque prepara, como sombra y pedagogía, la obra definitiva de Cristo; la Carta a los Hebreos lee en sus ritos el anuncio del único sacrificio perfecto. Para leerlo hoy en oración conviene no detenerse en la letra de las prescripciones rituales, sino descubrir su mensaje permanente: el respeto al Creador, el sentido del pecado, la necesidad de la reparación y la llamada universal a la santidad. La Iglesia ve en este libro una escuela de adoración y de misericordia que alcanza su plenitud en la Eucaristía, donde la ofrenda se vuelve communión.
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