Levítico

Antiguo Testamento | 27 capítulos | 858 versículos

Lv

Capítulo 15

1 Yahveh habló a Moisés y Aarón diciendo:

2 Hablad a los israelitas y decidles: Cualquier hombre que padece flujo seminal es impuro a causa del flujo.

3 En esto consiste la impureza causada por su flujo: sea que su cuerpo deje destilar el flujo, o lo retenga, es impuro.

4 Todo lecho en que duerma el que padece flujo será impuro y todo asiento en que se siente será impuro.

5 Quien toque su lecho lavará sus vestidos, se bañará en agua y quedará impuro hasta la tarde.

6 Quien se siente sobre un mueble donde se haya sentado cualquiera que padece flujo lavará sus vestidos, se bañará en agua y será impuro hasta la tarde.

7 Quien toque el cuerpo del que padece flujo lavará sus vestidos, se bañará en agua y será impuro hasta la tarde.

8 Si el que tiene flujo escupe sobre un hombre puro, éste lavará sus vestidos, se bañará en agua y quedará impuro hasta la tarde.

9 Todo aparejo sobre el cual haya montado el que padece flujo será inmundo.

10 Quien toque un objeto que haya estado debajo de él quedará impuro hasta la tarde. Y el que los lleve lavará sus vestidos, se bañará en agua y será impuro hasta la tarde.

11 Todo aquel a quien toque el que padece flujo sin haberse lavado las manos con agua lavará sus vestidos, se bañará en agua y quedará impuro hasta la tarde.

12 Toda vasija de barro tocada por el que padece flujo será rota, y todo utensilio de madera será lavado con agua.

13 Si el que padece flujo sana de él, se contarán siete días para su purificaión; después lavará sus vestidos, se bañará en agua viva y quedará puro.

14 Al día octavo tomará dos tórtolas o dos pichones y se presentará ante Yahveh a la entrada de la Tienda del Encuentro, para entregarlos al sacerdote.

15 El sacerdote los ofrecerá, uno como sacrificio por el pecado, el otro como holocausto, y de esta manera el sacerdote hará expiación por él ante Yahveh, a causa de su flujo.

16 El hombre que tenga derrame seminal lavará con agua todo su cuerpo y quedará impuro hasta la tarde.

17 Toda ropa y todo cuero sobre los cuales se haya derramado el semen serán lavados con agua y quedarán impuros hasta la tarde.

18 Cuando una mujer se acueste con un hombre, produciéndose efusión de semen, se bañarán ambos con agua y quedarán impuros hasta la tarde.

19 La mujer que tiene flujo, el flujo de sangre de su cuerpo, permanecerá en su impureza por espacio de siete días. Y quien la toque será impuro hasta la tarde.

20 Todo aquello sobre lo que se acueste durante su impureza quedará impuro; y todo aquello sobre lo que se siente quedará impuro.

21 Quien toque su lecho lavará los vestidos, se bañará en agua y permanecerá impuro hasta la tarde.

22 Quien toque un mueble cualquiera sobre el que ella se haya sentado lavará sus vestidos, se bañará en agua y será impuro hasta la tarde.

23 Quien toque algo que esté puesto sobre el lecho o sobre el mueble donde ella se sienta quedará impuro hasta la tarde.

24 Si uno se acuesta con ella se contamina de la impureza de sus reglas y queda impuro siete días; todo lecho en que él se acueste será impuro.

25 Cuando una mujer tenga flujo de sangre durante muchos días, fuera del tiempo de sus reglas o cuando sus reglas se prolonguen, quedará impura mientras dure el flujo de su impureza como en los días del flujo menstrual.

26 Todo lecho en que se acueste mientras dura su flujo será impuro como el lecho de la menstruación, y cualquier mueble sobre el que se siente quedará impuro como en la impureza de las reglas.

27 Quien los toque quedará impuro y lavará sus vestidos, se bañará en agua u quedará impuro hasta la tarde.

28 Una vez que ella sane de su flujo, contará siete días, quedando después pura.

29 Al octavo día tomará para sí dos tórtolas o dos pichones y los presentará al sacerdote a la entrada de la Tienda del Encuentro.

30 El sacerdote los ofrecerá uno como sacrificio por el pecado, el otro como holocausto; y hará expiación por ella ante Yahveh por la impureza de su flujo.

31 Mantendréis alejados a los israelitas de sus impurezas para que no mueran a causa de ellas por contaminar mi Morada, la que está en medio de ellos.

32 Esta es la ley relativa al hombre que padece flujo o que se hace impuro con efusión de semen,

33 a la indispuesta por el flujo menstrual, a aquel que padece flujo, sea varón o mujer, y a aquel que se acueste con una mujer en período de impureza.

Reflexión del capítulo 15

Se regulan los flujos corporales, masculinos y femeninos, que conferían impureza temporal por el contacto con la fuente de la vida. Quien los padecía debía lavarse, lavar sus ropas y quedar apartado hasta la tarde; la cama y los objetos tocados también se purificaban. Al concluir, se ofrecía un sacrificio. Estas prescripciones, lejanas a nuestra sensibilidad, enseñaban a Israel que la vida y su fragilidad son sagradas y que el cuerpo es morada del Espíritu. El contacto con lo que se escapa del cuerpo recordaba la vulnerabilidad humana frente a la santidad de Dios. Jesús transforma esta visión al no contaminarse nunca: las hemorroisa que lo toca queda curada por la fe, no él impurificado. Para el creyente, el cuerpo es templo que debe cuidarse y respetarse; la pureza de corazón vale más que cualquier rito externo. La Iglesia invita a la castidad y al respeto de la propia corporalidad como camino de santidad.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Hoy cuida tu cuerpo como templo de Dios: duerme lo necesario, aliméntate bien y evita lo que lo degrade. Ofrece esta atención como acto de respeto al Espíritu que habita en ti.

Oración

Señor, mi cuerpo es templo de tu Espíritu. Enséñame a respetarlo y a vivir la pureza de corazón que tú bendices. Amén.

Acerca del libro de Levítico

Levítico es el tercer libro del Pentateuco y el corazón litúrgico de la alianza del Sinaí. Tradicionalmente atribuido a Moisés, recoge las instrucciones que el Señor comunica desde la Tienda del Encuentro, dirigidas en especial a los sacerdotes hijos de Aarón, de la tribu de Leví, de donde recibe su nombre. No es un libro de narrativa, sino de ley sagrada y culto, compuesto en el desierto durante la peregrinación de Israel, en torno al siglo XIII a.C. Su contexto es el de un pueblo recién liberado de Egipto que debe aprender a vivir como nación santa en presencia de un Dios tres veces santo. Los temas centrales son el sacrificio, la pureza, la santidad y la expiación: Dios habita entre su pueblo, pero su santidad exige un camino de acercamiento y de reparación del pecado. Levítico ocupa un lugar clave en la historia de la salvación porque prepara, como sombra y pedagogía, la obra definitiva de Cristo; la Carta a los Hebreos lee en sus ritos el anuncio del único sacrificio perfecto. Para leerlo hoy en oración conviene no detenerse en la letra de las prescripciones rituales, sino descubrir su mensaje permanente: el respeto al Creador, el sentido del pecado, la necesidad de la reparación y la llamada universal a la santidad. La Iglesia ve en este libro una escuela de adoración y de misericordia que alcanza su plenitud en la Eucaristía, donde la ofrenda se vuelve communión.

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