Levítico
Antiguo Testamento | 27 capítulos | 858 versículos
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Capítulo 9 de 27Capítulo 9
1 El día octavo Moisés llamó a Aarón y a sus hijos, y a los ancianos de Israel.
2 Dijo a Aarón: «Trae un becerro para el sacrificio por el pecado y un carnero para el holocausto, ambos sin defecto, para ofrecerlos ante Yahveh.
3 Hablarás a los israelitas, diciendo: "Tomad un macho cabrío para el sacrificio por el pecado y un becerro y un cordero, ambos de un año y sin defecto, para el holocausto;
4 para los sacrificios de comunión, un toro y un carnero, que se sacrificarán ante Yahveh; y una oblación amasada con aceite. Cierto que hoy se os mostrará Yahveh."»
5 Trajeron, pues, ante la Tienda del Encuentro lo que Moisés había mandado; toda la comunidad se acercó y se mantuvo delante de Yahveh.
6 Dijo entonces Moisés: «Esto es lo que ha mandado Yahveh; hacedlo y se os mostrará la gloria de Yahveh.»
7 Después Moisés dijo a Aarón: «Acércate al altar, ofrece tu sacrificio por el pecado y tu holocausto, y haz la expiación por ti mismo y por tu casa; presenta también la ofrenda del pueblo y haz la expiación por ellos, como Yahveh lo ha prescrito.»
8 Acercóse, pues, Aarón al altar e inmoló el becerro del sacrificio por su propio pecado.
9 Los hijos de Aarón le presentaron la sangre; y él, mojando su dedo en la sangre, untó con ella los cuernos del altar y derramó la sangre al pie del altar.
10 Luego quemó sobre el altar el sebo, los riñones y lo que queda junto al hígado de la víctima por el pecado, como Yahveh había mandado a Moisés;
11 pero quemó la carne y la piel fuera del campamento.
12 Después inmoló la víctima del holocausto y los hijos de Aarón le presentaron la sangre, que derramó sobre todos los lados del altar.
13 Le presentaron la víctima del holocausto en trozos, juntamente con la cabeza, y lo quemó todo sobre el altar.
14 Y habiendo lavado las entrañas y las patas, las quemó encima del holocausto sobre el altar.
15 Después presentó la ofrenda del pueblo: tomó el macho cabrío correspondiente al sacrificio por el pecado del pueblo, lo inmoló y lo sacrificó como el primero.
16 Ofreció el holocausto, haciéndolo según la norma.
17 Además presentó lo oblación. Tomando un puñado de ella, la quemó en el altar encima del holocausto de la mañana.
18 Inmoló asimismo el toro y el carnero como sacrificio de comunión por el pueblo. Los hijos de Aarón le entregaron la sangre, que él derramó sobre todos los lados del altar.
19 En cuanto a las partes grasas del toro y del carnero, el rabo, el sebo que cubre las entrañas, los riñones y lo que queda junto al hígado,
20 las puso sobre los pechos de las víctimas, y él las quemó sobre el altar;
21 Aarón por su parte meció los pechos y la pierna derecha como ofrenda mecida ante Yahveh conforme Moisés había mandado.
22 Entonces Aarón, alzando las manos hacia el pueblo, lo bendijo; después de haber acabado el sacrificio por el pecado, el holocausto y el sacrificio de comunión, descendió.
23 Luego Moisés y Aarón entraron en la Tienda del Encuentro y, cuando salieron, bendijeron al pueblo. La gloria de Yahveh se dejó ver de todo el pueblo.
24 Salió fuego de la presencia de Yahveh que consumió el holocausto y las partes grasas puestas sobre el altar. Todo el pueblo al verlo prorrumpió en gritos de júbilo y cayó rostro en tierra.
Reflexión del capítulo 9
Tras la consagración, Aarón ofrece los primeros sacrificios y la gloria del Señor se manifiesta al pueblo con fuego que consume la ofrenda sobre el altar. El pueblo cae postrado, reconociendo la presencia viva de Dios. Pero el capítulo se ensombrece con la muerte de Nadab y Abihú, hijos de Aarón, que ofrecen fuego profano, no mandado por el Señor, y son consumidos. El contraste es severo: la cercanía al santuario exige reverencia absoluta. Dios dice por Moisés que ha de ser santificado por quienes se acercan a él. Este relato enseña que el culto no es asunto de improvisación o emoción, sino de obediencia a la voluntad revelada. La gloria y el juicio proceden del mismo Dios santo. Para el creyente, es advertencia contra la ligereza en las cosas sagradas y estímulo para acercarse a Dios con temor filial. La liturgia se celebra en espíritu y verdad, no según nuestro capricho, pues el Señor habita en medio de su pueblo.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Cuando participes en la Misa hoy, acércate con reverencia consciente: silencia tu prisa, dispón tu corazón y evita cualquier 'fuego profano' de distracción o irreverencia. Trata lo sagrado con el respeto que merece.
Oración
Señor santo, tú habitas entre nosotros y exiges reverencia. Líbrame de la ligereza ante lo sagrado y enséñame a adorarte en espíritu y verdad. Amén.
Acerca del libro de Levítico
Levítico es el tercer libro del Pentateuco y el corazón litúrgico de la alianza del Sinaí. Tradicionalmente atribuido a Moisés, recoge las instrucciones que el Señor comunica desde la Tienda del Encuentro, dirigidas en especial a los sacerdotes hijos de Aarón, de la tribu de Leví, de donde recibe su nombre. No es un libro de narrativa, sino de ley sagrada y culto, compuesto en el desierto durante la peregrinación de Israel, en torno al siglo XIII a.C. Su contexto es el de un pueblo recién liberado de Egipto que debe aprender a vivir como nación santa en presencia de un Dios tres veces santo. Los temas centrales son el sacrificio, la pureza, la santidad y la expiación: Dios habita entre su pueblo, pero su santidad exige un camino de acercamiento y de reparación del pecado. Levítico ocupa un lugar clave en la historia de la salvación porque prepara, como sombra y pedagogía, la obra definitiva de Cristo; la Carta a los Hebreos lee en sus ritos el anuncio del único sacrificio perfecto. Para leerlo hoy en oración conviene no detenerse en la letra de las prescripciones rituales, sino descubrir su mensaje permanente: el respeto al Creador, el sentido del pecado, la necesidad de la reparación y la llamada universal a la santidad. La Iglesia ve en este libro una escuela de adoración y de misericordia que alcanza su plenitud en la Eucaristía, donde la ofrenda se vuelve communión.
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