Levítico

Antiguo Testamento | 27 capítulos | 858 versículos

Lv

Capítulo 19

1 Habló Yahveh a Moisés, diciendo:

2 Habla a toda la comunidad de los israelitas y diles: Sed santos, porque yo, Yahveh, vuestro Dios, soy santo.

3 Respete cada uno de vosotros a su madre y a su padre. Guardad mis sábados. Yo, Yahveh, vuestro Dios.

4 No os volváis hacia los ídolos, ni os hagáis dioses de fundición. Yo, Yahveh, vuestro Dios.

5 Cuando sacrifiquéis a Yahveh un sacrificio de comunión, sacrificadlo de modo que le seáis gratos.

6 La víctima se ha de comer el mismo día en que la inmoléis, o al día siguiente; y lo que sobre hasta el día tercero, será quemado.

7 Si se come algo al tercer día, será un manjar corrompido; el sacrificio no será grato.

8 El que lo coma, cargará con su iniquidad, porque ha profanado la Santidad de Yahveh. Esa persona será externinada de entre su parentela.

9 Cuando cosechéis la mies de vuestra tierra, no siegues hasta el borde de tu campo, ni espigues los restos de tu mies.

10 Tampoco harás rebusco de tu viña, ni recogerás de tu huerto los frutos caídos; los dejarás para el pobre y el forastero. Yo, Yahveh, vuestro Dios.

11 No hurtaréis; no mentiréis ni os defraudaréis unos a otros.

12 No juraréis en falso por mi nombre: profanarías el nombre de tu Dios. Yo, Yahveh.

13 No oprimirás a tu prójimo, ni lo despojarás. No retendrás el salario del jornalero hasta el día siguiente.

14 No maldecirás a un mudo, ni pondrás tropiezo ante un ciego, sino que temerás a tu Dios. Yo, Yahveh.

15 Siendo juez no hagas injusticia, ni por favor del pobre, ni por respeto al grande: con justicia juzgarás a tu prójimo.

16 No andes difamando entre los tuyos; no demandes contra la vida de tu prójimo. Yo, Yahveh.

17 No odies en tu corazón a tu hermano, pero corrige a tu prójimo, para que no te cargues con pecado por su causa.

18 No te vengarás ni guardarás rencor contre los hijos de tu pueblo. Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo, Yahveh.

19 Guardad mis preceptos. No aparearás ganado tuyo de diversa especie. No siembres tu campo con dos clases distintas de grano. No uses ropa de dos clases de tejido.

20 Si un hombre se acuesta maritalmente con una mujer que es una sierva perteneciente a otro, sin que haya sido rescatada ni liberada, será él castigado, pero no con pena de muerte, pues ella no era libre.

21 El ofrecerá un carnero, su sacrificio de reparación para Yahveh, a la entrade de la Tienda del Encuentro; será un carnero de reparación.

22 Con el carnero de reparación, el sacerdote hará expiación por él ante Yahveh por el pecado que cometío, y se le perdonará su pecado.

23 Cuando entréis en la tierra y plantéis toda clase de árboles frutales, consideraréis impuro su fruto, como incircunciso; por tres años os serán como incircuncisos y no se podrán comer.

24 Al cuarto año todos su frutos serán consagrados en fiesta de alabanza en honor de Yahveh.

25 Y en el quinto año podréis comer de su fruto y almacenar en vuestro provecho su producto. Yo, Yahveh, vuestro Dios.

26 No comáis nada con sangre. No practiquéis encantamiento ni astrología.

27 No rapéis en redondo vuestra cabellera, ni cortes los bordes de tu barba.

28 No haréis incisiones en vuestra carne por los muertos; ni os haréis tatuaje. Yo, Yahveh.

29 No profanarás a tu hija, prostituyéndola; no sea que la tierra se prostituya y se llene de incestos.

30 Guardad mis sábados y respetad mi santuario. Yo, Yahveh.

31 No os dirijáis a los nigromantes, ni consultéis a los adivinos haciéndoos impuros por su causa. Yo, Yahveh, vuestro Dios.

32 Ponte en pie ante las canas y honra el rostro del anciano; teme a tu Dios. Yo, Yahveh.

33 Cuando un forastero resida junto a ti, en vuestra tierra, no le molestéis.

34 Al forastero que reside junto a vosotros, le miraréis como a uno de vuestro pueblo y lo amarás como a ti mismo; pues forasteros fuisteis vosotros en la tierra de Egipto. Yo, Yahveh, vuestro Dios.

35 No cometáis injustica en los juicios, ni en las medidas de longitud, de peso o de capacidad:

36 tened balanza justa, peso justo, medida justa y sextario justo. Yo soy Yahveh vuestro Dios, que os saqué del país de Egipto.

37 Guardad todos mis preceptos y todas mis normas, y ponedlos en práctica. Yo, Yahveh.

Reflexión del capítulo 19

Es el capítulo programático de la santidad: 'Sed santos, porque yo, el Señor vuestro Dios, soy santo'. Reúne preceptos morales y rituales entrelazados: respeto a padres, guardar el sábado, rechazar la idolatría, dejar la espiga para el pobre, no robar ni mentir, no oprimir al jornalero, amar al extranjero como a uno mismo, practicar la justicia en los juicios y reprender al hermano con caridad. La santidad no es fuga del mundo, sino rectitud en la vida diaria. El amor al prójimo, incluido el extranjero, anticipa el mandamiento de Cristo de amar como él amó. Jesús citará este mandamiento como segundo después del amor a Dios. Para la Iglesia, el capítulo es cartilla de la vida social cristiana: la liturgia sin justicia es vacía. La santidad se construye en el mercado, en el juicio y en la mesa. El texto enseña que Dios no se contenta con ritos, sino con un pueblo que refleja su carácter misericordioso y justo.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Hoy practica concretamente el amor al extranjero o al necesitado: comparte algo con quien no espera nada, defiende a un trabajador mal pagado o acoge al que es distinto. La santidad se vive en lo cotidiano.

Oración

Dios santo, hazme santo como tú. Enséñame a amar al prójimo y al extranjero, y a vivir tu justicia en la vida de cada día. Amén.

Acerca del libro de Levítico

Levítico es el tercer libro del Pentateuco y el corazón litúrgico de la alianza del Sinaí. Tradicionalmente atribuido a Moisés, recoge las instrucciones que el Señor comunica desde la Tienda del Encuentro, dirigidas en especial a los sacerdotes hijos de Aarón, de la tribu de Leví, de donde recibe su nombre. No es un libro de narrativa, sino de ley sagrada y culto, compuesto en el desierto durante la peregrinación de Israel, en torno al siglo XIII a.C. Su contexto es el de un pueblo recién liberado de Egipto que debe aprender a vivir como nación santa en presencia de un Dios tres veces santo. Los temas centrales son el sacrificio, la pureza, la santidad y la expiación: Dios habita entre su pueblo, pero su santidad exige un camino de acercamiento y de reparación del pecado. Levítico ocupa un lugar clave en la historia de la salvación porque prepara, como sombra y pedagogía, la obra definitiva de Cristo; la Carta a los Hebreos lee en sus ritos el anuncio del único sacrificio perfecto. Para leerlo hoy en oración conviene no detenerse en la letra de las prescripciones rituales, sino descubrir su mensaje permanente: el respeto al Creador, el sentido del pecado, la necesidad de la reparación y la llamada universal a la santidad. La Iglesia ve en este libro una escuela de adoración y de misericordia que alcanza su plenitud en la Eucaristía, donde la ofrenda se vuelve communión.

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