Levítico

Antiguo Testamento | 27 capítulos | 858 versículos

Lv

Capítulo 3

1 Si su ofrenda es un sacrificio de comunión, si lo que ofrece es vacuno, macho o hembra, ofrecerá ante Yahveh una res sin defecto.

2 Impondrá su mano sobre la cabeza de la ofrenda y la inmolará en la entrade de la Tienda del Encuentro. Luego los hijos de Aarón, los sacerdotes, derramarán la sangre alrededor del altar.

3 El ofrecerá parte del sacrificio de communión como manjar abrasado para Yahveh: el sebo que cubre las entrañas y todo el que hay sobre las mismas;

4 los dos riñones y el sebo adherido a ellos y a los lomos; y el resto que cubre el hígado; quitará todo este sebo junto con los riñones.

5 Los hijos de Aarón lo quemarán en el altar encima del holocausto que está sobre la leña, que está encima del fuego. Será un manjar abrasado de calmante aroma para Yahveh.

6 Si su ofrenda de sacrificio de comunión para Yahveh es de ganado menor, macho o hembra, ofrecerá una res sin defecto.

7 Si ofrece como ofrenda un cordero, lo prensentará ante Yahveh,

8 impondrá su mano sobre la cabeza de la ofrenda y la inmolará ante la Tienda del Encuentro; los hijos de Aarón derramarán la sangre alrededor del altar.

9 El ofrecerá, de este sacrificio de comunión, el sebo, como manjar abrasado para Yahveh: el rabo entrero que se cortará desde la rabadilla; el sebo que cubre las entrañas y todo el que hay sobre las mismas;

10 los dos riñones y el sebo adherido a ellos y a los lomos, y el resto que cubre el hígado; quitará todo este sebo junto con los riñones.

11 El sacerdote lo quemará en el altar como alimento, manjar abrasado para Yahveh.

12 Si su ofrenda consiste en una cabra, la presentará ante Yahveh,

13 impondrá la mano sobre su cabeza y la inmolará ante la Tienda del Encuentro; los hijos de Aarón derramarán su sangre alrededor del altar.

14 Presentará de ella como ofrenda suya, manjar abrasado para Yahveh: el sebo que cubre las entrañas y todo el que hay sobre las mismas;

15 los dos riñones y el sebo adherido a ellos y a los lomos; y el resto que cubre el hígado; quitará todo este sebo junto con los riñones.

16 El sacerdote lo quemará en el altar como alimento, manjar abrasado de calmante aroma para Yahveh. Toda la grasa perpetua de generación en generación, dondequiera que habitéis: no comeréis nada de grasa ni de sangre.

Reflexión del capítulo 3

El sacrificio de comunión o de paz celebra la amistad restaurada entre Dios e Israel. A diferencia del holocausto, aquí parte de la víctima se come en un banquete sagrado ante el Señor, signo de que la alianza se vive en comunión. Se ofrecía grasa y sangre en el altar, mientras la carne alimentaba a los participantes; comer juntos era participar del don divino. El texto distingue entre acción de gracias, voto y ofrenda voluntaria, mostrando que la paz se celebra en diversas circunstancias de la vida. Este rito revela el deseo de Dios de sentarse a la mesa con su pueblo, anticipo de las bodas del Cordero anunciadas en el Apocalipsis. Para el cristiano, la misa es el banquete de paz por excelencia: recibimos el Cuerpo y la Sangre de Cristo y somos enviados a ser artesanos de reconciliación. La verdadera paz no es ausencia de conflicto, sino presencia de Dios que comparte su vida con nosotros y nos manda amar al hermano.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Hoy busca la reconciliación con alguien de quien te hayas alejado. Como gesto de comunión, comparte una comida o un momento de atención sincera, y deja que la paz de Cristo sea el centro de ese encuentro.

Oración

Jesús, tú eres nuestra paz y nuestro banquete. Haz que mi vida sea comunión contigo y con los hermanos, y enséñame a ser instrumento de tu reconciliación. Amén.

Acerca del libro de Levítico

Levítico es el tercer libro del Pentateuco y el corazón litúrgico de la alianza del Sinaí. Tradicionalmente atribuido a Moisés, recoge las instrucciones que el Señor comunica desde la Tienda del Encuentro, dirigidas en especial a los sacerdotes hijos de Aarón, de la tribu de Leví, de donde recibe su nombre. No es un libro de narrativa, sino de ley sagrada y culto, compuesto en el desierto durante la peregrinación de Israel, en torno al siglo XIII a.C. Su contexto es el de un pueblo recién liberado de Egipto que debe aprender a vivir como nación santa en presencia de un Dios tres veces santo. Los temas centrales son el sacrificio, la pureza, la santidad y la expiación: Dios habita entre su pueblo, pero su santidad exige un camino de acercamiento y de reparación del pecado. Levítico ocupa un lugar clave en la historia de la salvación porque prepara, como sombra y pedagogía, la obra definitiva de Cristo; la Carta a los Hebreos lee en sus ritos el anuncio del único sacrificio perfecto. Para leerlo hoy en oración conviene no detenerse en la letra de las prescripciones rituales, sino descubrir su mensaje permanente: el respeto al Creador, el sentido del pecado, la necesidad de la reparación y la llamada universal a la santidad. La Iglesia ve en este libro una escuela de adoración y de misericordia que alcanza su plenitud en la Eucaristía, donde la ofrenda se vuelve communión.

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