Levítico

Antiguo Testamento | 27 capítulos | 858 versículos

Lv

Capítulo 18

1 Habló Yahveh a Moisés, diciendo:

2 Habla a los israelitas, y diles: Yo soy Yahveh vuestro Dios.

3 No hagáis como se hace en la tierra de Egipto, donde habéis habitado, ni hagáis como se hace en la tierra de Canaán a donde os llevo; no debéis seguir sus costumbres.

4 Cumplid mis normas y guardad mis preceptos, caminando según ellos. Yo soy Yahveh, vuestro Dios.

5 Guardad mis preceptos y mis normas. El hombre que los cumpla, por ellos vivirá. Yo, Yahveh.

6 Ninguno de vosotros se acerque a una consanguínea suya para descubrir su desnudez. Yo, Yahveh.

7 No descubrirás la desnudez de tu padre ni la desnudez de tu madre. Es tu madre; no descubrirás su desnudez.

8 No descubrirás la desnudez de la mujer de tu padre; es la misma desnudez de tu padre.

9 No descubrirás la desnudez de tu hermana, hija de tu padre o hija de tu madre, nacida en casa o fuera de ella.

10 No descubrirás la desnudez de la hija de tu hijo o de la hija de tu hija, pues es tu propia desnudez.

11 Nu descubrirás la desnudez de la hija de la mujer de tu padre, engendrada de tu padre, que es tu hermana.

12 No descubrirás la desnudez de la hermana de tu padre; es carne de tu padre.

13 No descubrirás la desnudez de la hermana de tu madre; es carne de tu madre.

14 No descubrirás la desnudez del hermano de tu padre; no te acercarás a su mujer; es la mujer de tu tío.

15 No descubrirás la desnudez de tu nuera, es la mujer de tu hijo; no descubrirás su desnudez.

16 No descubrirás la desnudez de la mujer de tu hermano; es la desnudez de tu hermano.

17 No descubrirás la desnudez de una mujer y la de su hija, ni tomarás la hija de su hijo ni la hija de su hija para descubrir su desnudez; son tu propia carne; sería un incesto.

18 No tomarás a una mujer juntamente con su hermana, haciéndola rival de ella y descubriendo su desnudez mientras viva la primera.

19 Tampoco te acercarás a una mujer durante la impureza menstrual, para descubrir su desnudez.

20 No te juntes carnalmente con la mujer de tu prójimo, contaminándote con ella.

21 No darás ningún hijo tuyo para hacerlo pasar ante Mólek; no profanarás así el nombre de tu Dios. Yo, Yahveh.

22 No te acostarás con varón como con mujer; es abominación.

23 No te unirás con bestia haciéndote impuro por ella. La mujer no se pondrá ante una bestia para unirse con ella; es una imfamia.

24 No os hagáis impuros con ninguna de estas acciones, pues con ellas se han hecho impuras las naciones que yo voy a arrojar ante vosotros.

25 Se ha hecho impuro el país; por eso he castigado su iniquidad, y el país ha vomitado a sus habitantes.

26 Vosotros, pues, guardad mis preceptos y mis normas, y nos cometáis ninguna de estas abominaciones, ni los de vuestro pueblo ni los forasteros que residen entre vosotros.

27 Porque todas estas abominaciones han cometido los hombres que habitaron el país antes que vosotros, y por eso el país se ha llenado de impurezas.

28 Y no os vomitará la tierra por vuestras impurezas, del mismo modo que vomitó a las naciones anteriores a vosotros;

29 sino que todos los que cometan una de estas abominaciones, ésos serán exterminados de en medio de su pueblo.

30 Guardad, pues, mis observancias; no practicaréis ninguna de las costumbres abominables que se practicaban antes de vosotros, ni os hagáis impuros con ellas. Yo, Yahveh, vuestro Dios.

Reflexión del capítulo 18

Se proclaman las leyes de castidad que separan a Israel de las prácticas de Egipto y Canaán: prohibiciones del incesto, de la unión con la mujer del prójimo, de la idolatría y de los ritos sexuales ligados al culto pagano. El motivo repetido es la santidad de la tierra que Dios entregará a su pueblo, la cual 'vomita' a quienes la profanan. Estas normas protegían la familia y la dignidad de la persona en culturas donde la sexualidad era objeto de abuso sagrado. Revelan un Dios que bendice el matrimonio y defiende la integridad del cuerpo. Para el cristiano, la enseñanza vale plenamente: la sexualidad es don sagrado, llamado al amor fiel y fecundo, no terreno de dominación. El Catecismo recoge esta visión de la castidad como integración de las potencias humanas. El texto recuerda que la santidad se juega también en la intimidad, y que el respeto al otro es base de la convivencia del pueblo de Dios.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Hoy cuida la pureza de tu mirada y de tus palabras. Como gesto concreto, respeta la dignidad de una persona con quien trates, evitando cualquier broma o actitud que la reduzca a objeto.

Oración

Señor, tú creaste la sexualidad como don sagrado. Danos castidad y respeto a la dignidad de cada persona, para que nuestra vida sea santa como tú. Amén.

Acerca del libro de Levítico

Levítico es el tercer libro del Pentateuco y el corazón litúrgico de la alianza del Sinaí. Tradicionalmente atribuido a Moisés, recoge las instrucciones que el Señor comunica desde la Tienda del Encuentro, dirigidas en especial a los sacerdotes hijos de Aarón, de la tribu de Leví, de donde recibe su nombre. No es un libro de narrativa, sino de ley sagrada y culto, compuesto en el desierto durante la peregrinación de Israel, en torno al siglo XIII a.C. Su contexto es el de un pueblo recién liberado de Egipto que debe aprender a vivir como nación santa en presencia de un Dios tres veces santo. Los temas centrales son el sacrificio, la pureza, la santidad y la expiación: Dios habita entre su pueblo, pero su santidad exige un camino de acercamiento y de reparación del pecado. Levítico ocupa un lugar clave en la historia de la salvación porque prepara, como sombra y pedagogía, la obra definitiva de Cristo; la Carta a los Hebreos lee en sus ritos el anuncio del único sacrificio perfecto. Para leerlo hoy en oración conviene no detenerse en la letra de las prescripciones rituales, sino descubrir su mensaje permanente: el respeto al Creador, el sentido del pecado, la necesidad de la reparación y la llamada universal a la santidad. La Iglesia ve en este libro una escuela de adoración y de misericordia que alcanza su plenitud en la Eucaristía, donde la ofrenda se vuelve communión.

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