Levítico

Antiguo Testamento | 27 capítulos | 858 versículos

Lv

Capítulo 6

1 Habló así Yahveh a Moisés:

2 Da esta orden a Aarón y a sus hijos: Esta es la ley del holocausto. (Este es el holocausto que estará sobre el fuego encendido, sobre el altar, toda la noche hasta la mañana, y que el fuego del altar mantendrá encendido.)

3 El sacerdote se vestirá su túnica de lino y cubrirá su cuerpo con calzones de lino. Sacará las cenizas a que el fuego haya reducido las grasas del holocausto sobre el altar y las depositará junto al altar.

4 Después se quitará los vestidos y se pondrá otros para llevar las cenizas fuera del campamento a un lugar puro.

5 Arderá el fuego sobre el altar sin apagarse; el sacerdote lo alimentará con leña todas las mañanas, colocará encima el holocausto y sobre él quemará el sebo de los sacrificios de comunión.

6 Fuego permanente arderá sobre el altar sin apagarse.

7 Esta es la ley de la oblación: Los hijos de Aarón la presentarán delante de Yahveh, frente al altar;

8 uno de ellos tomará de la oblación un puñado de flor de harina (con su aceite, y todo el incienso que se añade a la oblación), y lo quemará en el altar, en memorial, como calmante aroma para Yahveh.

9 Aarón y sus hijos comerán lo que quede de ella; debe comerse sin levadura, en lugar santo. Han de comerlo en el atrio de la Tienda del Encuentro.

10 No se la cocerá con levadura: es la porción que yo les doy de los manjares que se abrasan para mí. Es cosa sacratísima, como el sacrificio por el pecado y como el sacrificio de reparación.

11 Todos los varones de los hijos de Aarón podrán comer de ello. Es ley perpetua para vuestros descendientes, relativa a los manjares que se abrasan para Yahveh. Todo cuanto los toque quedará consagrado.

12 Habló Yahveh a Moisés, diciendo:

13 Esta es la ofrenda que Aarón y sus hijos ofrecerán a Yahveh el día de su unción: una décima de medida de flor de harina, como oblación perpetua, la mitad por la mañana, y la mitad por la tarde.

14 Será preparada con aceite en la sartén; la ofrecerás bien frita y la presentarás partida en trozos como una oblación, como calmante aroma para Yahveh.

15 También la ofrecerá el sacerdote ungido que le suceda de entre sus hijos. Es decreto perpetuo. La oblación será totalmente quemada para Yahveh.

16 Cualquier oblación de sacerdote será total; no se podrá comer.

17 Habló Yahveh a Moisés, diciendo:

18 Habla a Aarón y a sus hijos y diles: Esta es la ley del sacrificio por el pecado: En el lugar donde se inmola el holocausto, delante de Yahveh, será inmolada también la víctima por el pecado. Es cosa sacratísima.

19 La comerá el sacerdote que ofrece la víctima por el pecado. Será comida en lugar santo, en el atrio de la Tienda del Encuentro.

20 Todo cuanto toque esta carne quedará consagrado y, si su sangre salpica los vestidos, lavarás en lugar santo la parte salpicada.

21 La vasija de barro en que haya sido cocida se romperá; y si ha sido cocida en vasija de bronce, ésta se fregará y lavará con agua.

22 Todos los varones de entre los sacerdotes podrán comer de ella. Es cosa sacratísima.

23 Pero no se comerá ninguna víctima ofrecida por el pecado, cuya sangre haya sido introducida en la Tienda del Encuentro para hacer la expiación en el Santuario: será consumida por el fuego.

Reflexión del capítulo 6

El capítulo dirige las normas a Aarón y sus hijos, centradas en el fuego perpetuo del altar y en la porción de las ofrendas reservada a los sacerdotes. El fuego nunca debía apagarse: signo de una adoración incesante que sostiene la vida del pueblo. Se detalla cómo el sacerdote come la oblación y la víctima del sacrificio por el pecado en lugar santo, pues lo sagrado exige separación. Quien toca la carne queda consagrado, y cualquier contacto con algo impuro la invalida. Estas prescripciones subrayan la dignidad y la responsabilidad del ministro: él vive del altar pero debe guardar su santidad. Para la Iglesia, este texto ilumina el ministerio ordenado y la reverencia debida a los sacramentos. El fuego perpetuo evoca al Espíritu que mantiene viva la oración de la comunidad. Nos recuerda que la liturgia no es espectáculo, sino servicio sagrado en el que Dios mismo se da y exige pureza de quienes lo administran.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Pídele hoy al Señor por los sacerdotes y ministros de tu comunidad, para que vivan su consagración con fidelidad. En tu propia oración, enciende como ese fuego perpetuo un momento diario que nada ni nadie apague.

Oración

Señor, mantén encendido en tu Iglesia el fuego de tu amor. Santifica a quienes sirven en tu altar y haz de mí un ministro fiel de tu misericordia. Amén.

Acerca del libro de Levítico

Levítico es el tercer libro del Pentateuco y el corazón litúrgico de la alianza del Sinaí. Tradicionalmente atribuido a Moisés, recoge las instrucciones que el Señor comunica desde la Tienda del Encuentro, dirigidas en especial a los sacerdotes hijos de Aarón, de la tribu de Leví, de donde recibe su nombre. No es un libro de narrativa, sino de ley sagrada y culto, compuesto en el desierto durante la peregrinación de Israel, en torno al siglo XIII a.C. Su contexto es el de un pueblo recién liberado de Egipto que debe aprender a vivir como nación santa en presencia de un Dios tres veces santo. Los temas centrales son el sacrificio, la pureza, la santidad y la expiación: Dios habita entre su pueblo, pero su santidad exige un camino de acercamiento y de reparación del pecado. Levítico ocupa un lugar clave en la historia de la salvación porque prepara, como sombra y pedagogía, la obra definitiva de Cristo; la Carta a los Hebreos lee en sus ritos el anuncio del único sacrificio perfecto. Para leerlo hoy en oración conviene no detenerse en la letra de las prescripciones rituales, sino descubrir su mensaje permanente: el respeto al Creador, el sentido del pecado, la necesidad de la reparación y la llamada universal a la santidad. La Iglesia ve en este libro una escuela de adoración y de misericordia que alcanza su plenitud en la Eucaristía, donde la ofrenda se vuelve communión.

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