Exodo

Antiguo Testamento | 40 capítulos | 1213 versículos

Ex

Capítulo 1

1 Estos son los nombres de los israelitas que entraron con Jacob en Egipto, cada uno con su familia:

2 Rubén, Simeón, Leví, Judá,

3 Isacar, Zabulón, Benjamín,

4 Dan, Neftalí, Gad y Aser.

5 El número de los descendientes de Jacob era de setenta personas. José estaba ya en Egipto.

6 Murió José, y todos sus hermanos, y toda aquella generación;

7 pero los israelitas fueron fecundos y se multiplicaron; llegaron a ser muy numerosos y fuertes y llenaron el país.

8 Se alzó en Egipto un nuevo rey, que nada sabía de José;

9 y que dijo a su pueblo: «Mirad, los israelitas son un pueblo más númeroso y fuerte que nosotros.

10 Tomemos precauciones contra él para que no siga multiplicándose, no sea que en caso de guerra se una también él a nuestros enemigos para luchar contra nosotros y salir del país.»

11 Les impusieron pues, capataces para aplastarlos bajo el peso de duros trabajos; y así edificaron para Faraón las ciudades de depósito: Pitom y Ramsés.

12 Pero cuanto más les oprimían, tanto más crecían y se multiplicaban, de modo que los egipcios llegaron a temer a los israelitas.

13 Y redujeron a cruel servidumbre a los israelitas,

14 les amargaron la vida con rudos trabajos de arcilla y ladrillos, con toda suerte de labores del campo y toda clase de servidumbre que les imponían por crueldad.

15 El rey de Egipto dio también orden a las parteras de las hebreas, una de las cuales se llamaba Sifrá, y la otra Puá,

16 diciéndoles: «Cuando asistáis a las hebreas, observad bien las dos piedras: si es niño, hacedle morir; si es niña dejadla con vida.»

17 Pero las parteras temían a Dios, y no hicieron lo que les había mandado el rey de Egipto, sino que dejaban con vida a los niños.

18 Llamó el rey de Egipto a las parteras y les dijo: «¿ Por qué habéis hecho esto y dejáis con vida a los niños?»

19 Respondieron las parteras a Faraón: «Es que las hebreas no son como las egipcias. Son más robustas, y antes que llegue la partera, ya han dado a luz.»

20 Y Dios favoreció a las parteras. El pueblo se multiplicó y se hizo muy poderoso.

21 Y por haber temido las parteras a Dios, les concedió numerosa prole.

22 Entonces Faraón dio a todo su pueblo esta orden: «Todo niño que nazca lo echaréis al Río; pero a las niñas las dejaréis con vida.»

Reflexión del capítulo 1

El Éxodo comienza con una bendición que se vuelve amenaza. Los descendientes de Jacob se multiplican en Egipto hasta llenar el país, y un nuevo faraón «que nada sabía de José» mira esa fecundidad con miedo. La lógica del poder es siempre la misma: lo que no controla, lo teme; y lo que teme, lo oprime. Así impone capataces, trabajos de arcilla y ladrillo, y la construcción de las ciudades de depósito de Pitom y Ramsés.

Pero el relato subraya un contraste desconcertante: «cuanto más les oprimían, tanto más crecían». La opresión no logra ahogar la vida que Dios bendice. El faraón pasa entonces del trabajo forzado al exterminio: ordena a las parteras Sifrá y Puá matar a los niños varones.

Aquí aparece la primera resistencia del libro, y es una resistencia de conciencia: las parteras «temían a Dios» y desobedecieron al rey. Su valentía silenciosa salva vidas, y Dios las favorece con numerosa prole. Frente al poder que decide quién puede vivir, dos mujeres creyentes eligen la vida. El capítulo prepara así el gran tema del Éxodo: Dios está del lado de los pequeños y de quienes, por temor a él, se atreven a desobedecer la injusticia.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

El capítulo nos pregunta de qué lado estamos cuando el poder atropella a los débiles. Hoy identifica una situación donde callar te hace cómplice —un abuso, una injusticia laboral, una burla— y decide una forma concreta de no colaborar con ella, aunque sea pequeña: no reír, no compartir, decir algo con respeto. Y reza por quienes defienden la vida con riesgo personal.

Oración

Señor, que defiendes a los débiles y bendices a quien te teme: dame la valentía de las parteras Sifrá y Puá. Que nunca sea cómplice de la injusticia, ni por miedo ni por comodidad, y que sepa elegir la vida. Amén.

Acerca del libro de Exodo

El Éxodo, segundo libro del Pentateuco y de la Torá, recibe su nombre del griego éxodos, «salida» o «partida»; su título hebreo, Shemot, significa «nombres», por las palabras con que comienza. La tradición lo atribuye a Moisés, mediador entre Dios y su pueblo, aunque el libro recoge y transmite la memoria viva de la liberación de Israel, celebrada en la liturgia y transmitida de generación en generación.

Su relato abarca los acontecimientos fundadores de la fe de Israel: la esclavitud en Egipto, el nacimiento y la vocación de Moisés, la zarza ardiente y la revelación del nombre divino, las plagas, la Pascua y el paso del mar Rojo, el camino por el desierto, la alianza del Sinaí con los Diez Mandamientos, y la construcción del santuario donde Dios habita en medio de su pueblo.

Los temas centrales son la compasión de Dios que escucha el clamor de los oprimidos, la libertad como don que se recibe de él, la alianza que hace de Israel un pueblo consagrado, la ley como camino de vida y la presencia divina que camina con los suyos.

Para la fe católica, el Éxodo es la gran figura de la salvación. El cordero pascual prefigura a Cristo, cordero de Dios; el paso del mar anticipa el Bautismo que nos libera de la esclavitud del pecado; el maná anuncia la Eucaristía. Jesús es el nuevo Moisés que nos conduce a la libertad de los hijos de Dios.

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