Exodo

Antiguo Testamento | 40 capítulos | 1213 versículos

Ex

Capítulo 14

1 Habló Yahveh a Moisés, diciendo:

2 «Di a los israelitas que se vuelvan y acampen frente a Pi Hajirot, entre Migdol y el mar, enfrente de Baal Sefón. Frente a ese lugar acamparéis, junto al mar.

3 Faraón dirá de los israelitas: "Andan errantes en el país, y el desierto les cierra el paso."

4 Yo endureceré el corazón de Faraón, y os perseguirá; pero yo manifestaré mi gloria a costa de Faraón y de todo su ejército, y sabrán los egipcios que yo soy Yahveh.» Así lo hicieron.

5 Cuando anunciaron al rey de Egipto que había huido el pueblo, se mudó el corazón de Faraón y de sus servidores respecto del pueblo, y dijeron: «¿Qué es lo que hemos hecho dejando que Israel salga de nuestro servicio?»

6 Faraón hizo enganchar su carro y llevó consigo sus tropas.

7 Tomó seiscientos carros escogidos y todos los carros de Egipto, montados por sus combatientes.

8 Endureció Yahveh el corazón de Faraón rey de Egipto, el cual persiguió a los israelitas, pero los israelitas salieron con la mano alzada.

9 Los egipcios los persiguieron: todos los caballos, los carros de Faraón, con la gente de los carros y su ejército; y les dieron alcance mientras acampaban junto al mar, cerca de Pi Hajirot, frente a Baal Sefón.

10 Al acercarse Faraón, los israelitas alzaron sus ojos, y viendo que los egipcios marchaban tras ellos, temieron mucho los israelitas y clamaron a Yahveh.

11 Y dijeron a Moisés: «¿Acaso no había sepulturas en Egipto para que nos hayas traído a morir en el desierto? ¿Qué has hecho con nosotros sacándonos de Egipto?

12 ¿No te dijimos claramente en Egipto: Déjanos en paz, queremos servir a los egipcios? Porque mejor nos es servir a los egipcios que morir en el desierto.»

13 Contestó Moisés al pueblo: «No temáis; estad firmes, y veréis la salvación que Yahveh os otorgará en este día, pues los egipcios que ahora veis, no los volveréis a ver nunca jamás.

14 Yahveh peleará por vosotros, que vosotros no tendréis que preocuparos.»

15 Dijo Yahveh a Moisés: «¿Por qué sigues clamando a mí? Di a los israelitas que se pongan en marcha.

16 Y tú, alza tu cayado, extiende tu mano sobre el mar y divídelo, para que los israelitas entren en medio del mar a pie enjuto.

17 Que yo voy a endurecer el corazón de los egipcios para que los persigan, y me cubriré de gloria a costa de Faraón y de todo su ejército, de sus carros y de los guerreros de los carros.

18 Sabrán los egipcios que yo soy Yahveh, cuando me haya cubierto de gloria a costa de Faraón, de sus carros y de sus jinetes.

19 Se puso en marcha el Angel de Yahveh que iba al frente del ejército de Israel, y pasó a retaguardia. También la columna de nube de delante se desplazó de allí y se colocó detrás,

20 poniéndose entre el campamento de los egipcios y el campamento de los israelitas. La nube era tenebrosa y transcurrió la noche sin que pudieran trabar contacto unos con otros en toda la noche.

21 Moisés extendió su mano sobre el mar, y Yahveh hizo soplar durante toda la noche un fuerte viento del Este que secó el mar, y se dividieron las aguas.

22 Los israelitas entraron en medio del mar a pie enjuto, mientras que las aguas formaban muralla a derecha e izquierda.

23 Los egipcios se lanzaron en su persecución, entrando tras ellos, en medio del mar, todos los caballos de Faraón, y los carros con sus guerreros.

24 Llegada la vigilia matutina, miró Yahveh desde la columna de fuego y humo hacia el ejército de los egipcios, y sembró la confusión en el ejército egipcio.

25 Trastornó la ruedas de sus carros, que no podían avanzar sino con gran dificultad. Y exclamaron los egipcios: «Huyamos ante Israel, porque Yahveh pelea por ellos contra los egipcios.»

26 Yahveh dijo a Moisés: Extiende tu mano sobre el mar, y las aguas volverán sobre los egipcios, sobre sus carros y sobre los guerreros de los carros.»

27 Extendió Moisés su mano sobre el mar, y al rayar el alba volvió el mar a su lecho; de modo que los egipcios, al querer huir, se vieron frente a las aguas. Así precipitó Yahveh a los egipcios en medio del mar,

28 pues al retroceder las aguas cubrieron los carros y a su gente, a todo el ejército de Faraón, que había entrado en el mar para perseguirlos; no escapó ni uno siquiera.

29 Mas los israelitas pasaron a pie enjuto por en medio del mar, mientras las aguas hacían muralla a derecha e izquierda.

30 Aquel día salvó Yahveh a Israel del poder de los egipcios; e Israel vio a los egipcios muertos a orillas del mar.

31 Y viendo Israel la mano fuerte que Yahveh había desplegado contra los egipcios, temió el pueblo a Yahveh, y creyeron en Yahveh y en Moisés, su siervo.

Reflexión del capítulo 14

El capítulo decimocuarto narra el paso del mar Rojo, el acontecimiento que Israel recordará para siempre como el signo por excelencia de su salvación. Faraón, arrepentido de haber dejado salir al pueblo, lo persigue con seiscientos carros escogidos y lo alcanza junto al mar. El pueblo, al verlos, teme mucho y clama a Yahveh; y muy pronto pasa del grito al reproche: «¿Acaso no había sepulturas en Egipto?». Es el retrato de la fe en crisis: la memoria de la esclavitud parece preferible al riesgo de la libertad.

Moisés responde con palabras que atraviesan los siglos: «No temáis; estad firmes, y veréis la salvación que Yahveh os otorgará en este día. Yahveh peleará por vosotros, que vosotros no tendréis que preocuparos». Y Dios añade algo decisivo: «¿Por qué sigues clamando a mí? Di a los israelitas que se pongan en marcha». La oración no sustituye el paso: hay que avanzar hacia el mar.

Entonces la columna de nube se pone entre los dos campamentos, Moisés extiende la mano, sopla un viento del este, las aguas se dividen y el pueblo pasa a pie enjuto. Los egipcios se lanzan tras ellos y quedan sepultados. La salvación no es obra de Israel, sino de Dios, y el pueblo solo debe confiar y caminar.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Hay momentos en que, entre la esclavitud conocida y la libertad incierta, preferimos volver atrás. Hoy identifica un «mar» que te da miedo cruzar —una decisión valiente, un cambio necesario— y deja de dar vueltas al peligro. Da un paso concreto hacia adelante, aunque sea pequeño, y confía en la promesa: «Yahveh peleará por vosotros». La oración sostiene, pero el paso lo damos nosotros.

Oración

Señor, que peleas por los tuyos y abres camino donde no lo hay: líbrame del miedo que me empuja a volver a la esclavitud. Enséñame a estar firme y a ponerme en marcha, confiando en que tú harás lo que yo no puedo. Amén.

Acerca del libro de Exodo

El Éxodo, segundo libro del Pentateuco y de la Torá, recibe su nombre del griego éxodos, «salida» o «partida»; su título hebreo, Shemot, significa «nombres», por las palabras con que comienza. La tradición lo atribuye a Moisés, mediador entre Dios y su pueblo, aunque el libro recoge y transmite la memoria viva de la liberación de Israel, celebrada en la liturgia y transmitida de generación en generación.

Su relato abarca los acontecimientos fundadores de la fe de Israel: la esclavitud en Egipto, el nacimiento y la vocación de Moisés, la zarza ardiente y la revelación del nombre divino, las plagas, la Pascua y el paso del mar Rojo, el camino por el desierto, la alianza del Sinaí con los Diez Mandamientos, y la construcción del santuario donde Dios habita en medio de su pueblo.

Los temas centrales son la compasión de Dios que escucha el clamor de los oprimidos, la libertad como don que se recibe de él, la alianza que hace de Israel un pueblo consagrado, la ley como camino de vida y la presencia divina que camina con los suyos.

Para la fe católica, el Éxodo es la gran figura de la salvación. El cordero pascual prefigura a Cristo, cordero de Dios; el paso del mar anticipa el Bautismo que nos libera de la esclavitud del pecado; el maná anuncia la Eucaristía. Jesús es el nuevo Moisés que nos conduce a la libertad de los hijos de Dios.

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