Exodo

Antiguo Testamento | 40 capítulos | 1213 versículos

Ex

Capítulo 37

1 Besalel hizo el arca de madera de acacia, de dos codos y medio de largo, codo y medio de ancho, y codo y medio de alto.

2 La revistió de oro puro, por dentro y por fuera, y además puso en su derredor una moldura de oro.

3 Fundió cuatro anillas de oro para sus cuatro pies, dos anillas a un costado y dos anillas al otro.

4 Hizo también varales de madera de acacia, que revistió de oro;

5 pasó los varales por las anillas de los costados del arca, para transportarla.

6 Después hizo un propiciatorio de oro puro, de dos codos y medio de largo, y de codo y medio de ancho.

7 Hizo igualmente dos querubines de oro macizo; los hizo en los dos extremos del propiciatorio;

8 el primer querubín en un extremo y el segundo en el otro; hizo los querubines formando un cuerpo con el propiciatorio en sus dos extremos.

9 Estaban los querubines con las alas extendidas por encima, cubriendo con ellas el propiciatorio, uno frente al otro, con las caras vueltas hacia el propiciatorio.

10 Hizo, además, la mesa de madera de acacia, de dos codos de largo, un codo de ancho y codo y medio de alto.

11 La revistió de oro puro y le puso alrededor una moldura de oro.

12 Hizo además, en torno de ella, un reborde de una palma de ancho, con una moldura de oro alrededor del mismo.

13 Le hizo cuatro anillas de oro y puso las anillas en los cuatro ángulos, correspondientes a sus cuatro pies.

14 Junto al reborde se hallabam las anillas para pasar por ellas los varales y transportar la mesa.

15 Hizo los varales de madera de acacia y los revistió de oro.

16 Asimismo hizo de oro puro los utensilios que habían de estar sobre la mesa; sus fuentes, sus vasos, sus tazas y sus jarros con los que se hacían las libaciones.

17 Hizo el candelabro de oro puro. Hizo el candelabro de oro macizo, su pie y su tallo. Sus cálices - corolas y flores - formaban con él un cuerpo.

18 De sus lados salían seis brazos: tres brazos de un lado, y tres brazos de otro.

19 El primer brazo tenía tres cálices en forma de flor de almendro, con corola y flor; y así los seis brazos que salían del candelabro.

20 En el mismo candelabro había cuatro cálices, en forma de flor de almendro, con sus corolas y flores;

21 una corola debajo de los dos primeros brazos que formaban cuerpo con él, una corola debajo de los siguientes, y una corola debajo de los dos últimos brazos; así con los seis brazos que salían del mismo.

22 Las corolas y los brazos formaban un cuerpo con el candelabro; todo ello formaba un cuerpo de oro puro macizo.

23 Hizo también de oro puro sus siete lámparas, sus despabiladeras y sus ceniceros.

24 Empleó un talento de oro puro para el candelabro y todos sus utensilios.

25 Hizo también de madera de acacia el altar del incienso, de un codo de largo y uno de ancho, cuadrado, y de dos codos de alto. Sus cuernos formaban un solo cuerpo con él.

26 Lo revistió de oro puro, por su parte superior, sus costados y también sus cuernos. Puso en su derredor una moldura de oro.

27 Y debajo de la moldura, a los costados, hizo dos anillas a sus dos lados, para meter por ellas los varales con que transportarlo.

28 Hizo los varales de madera de acacia y los revistió de oro.

29 Preparó también el óleo sagrado de la unción, y el incienso aromático puro, como lo prepara el perfumista.

Reflexión del capítulo 37

El capítulo 37 describe el corazón del Santuario: el arca de la alianza, el propiciatorio con los dos querubines, la mesa del pan de la Presencia, el candelabro de oro y el altar del incienso. Todo revestido de oro puro, todo realizado con sumo cuidado. El arca, cubierta por el propiciatorio, es el lugar donde Dios se hace presente y habla a su pueblo; sobre ella se derramará la sangre de la expiación. Los querubines, con las alas extendidas y las caras vueltas hacia el propiciatorio, custodian ese misterio de misericordia.

El candelabro, con sus siete lámparas y sus cálices en forma de flor de almendro, recuerda que la luz de Dios nunca se apaga y que la vida florece en su presencia. La mesa con el pan de la Presencia habla de comunión y de sustento. El altar del incienso, del incienso aromático que sube como oración.

Todos estos objetos, aparentemente lejanos, son figuras de Cristo y de la liturgia cristiana: él es el propiciatorio, la luz del mundo, el pan de vida y el intercesor que ofrece el incienso de su oración. Lo que Israel preparaba con oro, Dios lo ha cumplido en su Hijo.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Antes de tu oración de hoy, enciende una luz o coloca un signo visible —una vela, un crucifijo, una imagen— que te recuerde que Dios está realmente presente y que oras ante él. Ofrece tu oración como el incienso del altar: silenciosa, constante, elevándose hacia arriba. Y alimenta tu día con el «pan de la Presencia»: si puedes, participa de la Eucaristía o dedica un tiempo a leer el Evangelio con calma.

Oración

Señor, luz que nunca se apaga, sé lámpara de mis pasos y pan que sostiene mi camino. Que mi oración suba hasta ti como incienso agradable y que tu presencia sea el centro de mi vida. Hazme vivir de ti y para ti. Amén.

Acerca del libro de Exodo

El Éxodo, segundo libro del Pentateuco y de la Torá, recibe su nombre del griego éxodos, «salida» o «partida»; su título hebreo, Shemot, significa «nombres», por las palabras con que comienza. La tradición lo atribuye a Moisés, mediador entre Dios y su pueblo, aunque el libro recoge y transmite la memoria viva de la liberación de Israel, celebrada en la liturgia y transmitida de generación en generación.

Su relato abarca los acontecimientos fundadores de la fe de Israel: la esclavitud en Egipto, el nacimiento y la vocación de Moisés, la zarza ardiente y la revelación del nombre divino, las plagas, la Pascua y el paso del mar Rojo, el camino por el desierto, la alianza del Sinaí con los Diez Mandamientos, y la construcción del santuario donde Dios habita en medio de su pueblo.

Los temas centrales son la compasión de Dios que escucha el clamor de los oprimidos, la libertad como don que se recibe de él, la alianza que hace de Israel un pueblo consagrado, la ley como camino de vida y la presencia divina que camina con los suyos.

Para la fe católica, el Éxodo es la gran figura de la salvación. El cordero pascual prefigura a Cristo, cordero de Dios; el paso del mar anticipa el Bautismo que nos libera de la esclavitud del pecado; el maná anuncia la Eucaristía. Jesús es el nuevo Moisés que nos conduce a la libertad de los hijos de Dios.

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