Exodo

Antiguo Testamento | 40 capítulos | 1213 versículos

Ex

Capítulo 25

1 Yahveh habló a Moisés diciendo:

2 Di a los israelitas que reserven ofrendas para mí. Me reservaréis la ofrenda de todo aquel a quien su corazón mueva.

3 De ellos reservaréis lo siguiente: oro, plata y bronce;

4 púrpura violeta y escarlata, carmesí, lino fino y pelo de cabra;

5 pieles de carnero teñidas de rojo, cueros finos y maderas de acacia;

6 aceite para el alumbrado, aromas para el óleo de la unción y para el incienso aromático;

7 piedras de ónice y piedras de engaste para el efod y el pectoral.

8 Me harás un Santuario para que yo habite en medio de ellos.

9 Lo haréis comforme al modelo de la Morada y al modelo de todo su mobiliario que yo voy a mostrarte.

10 Harás un arca de madera de acacia de dos codos y medio de largo, codo y medio de ancho y codo y medio de alto.

11 La revestirás de oro puro; por dentro y por fuera la revestirás; y además pondrás en su derredor una moldura de oro.

12 Fundirás para ella cuatro anillas de oro, que pondrás en sus cuatro pies, dos anillas a un costado, y dos anillas al otro.

13 Harás también varales de madera de acacia, que revestirás de oro,

14 y los pasarás por las anillas de los costados del arca, para transportarla.

15 Los varales deben quedar en las anillas del arca, y no se sacarán de allí.

16 En el arca pondrás el Testimonio que yo te voy a dar.

17 Harás asimismo uno propiciatorio de oro puro, de dos codos y medio de largo y codo y medio de ancho.

18 Harás, además, dos querubines de oro macizo; los harás en los dos extremos del propiciatorio:

19 haz el primer querubín en un extremo y el segundo en el otro. Los querubines formarán un cuerpo con el propiciatorio, en sus dos extremos.

20 Estarán con las alas extendidas por encima, cubriendo con ellas el propiciatorio, uno frente al otro, con las caras vueltas hacia el propiciatorio.

21 Pondrás el propiciatorio encima del arca; y pondrás dentro del arca el Testimonio que yo te daré.

22 Allí me encontraré contigo; desde encima del propiciatorio, de en medio de los dos querubines colocados sobre el arca del Testimonio, te comunicaré todo lo que haya de ordenarte para los israelitas.

23 Harás una mesa de madera de acacia, de dos codos de largo, uno de ancho, y codo y medio de alto.

24 La revestirás de oro puro y le pondrás alrededor una moldura de oro.

25 Harás también en torno de ella un reborde de una palma de ancho, con una moldura de oro alrededor del mismo.

26 Le harás cuatro anillas de oro, y pondrás las anillas en los cuatro ángulos correspondientes a sus cuatro pies.

27 Estarán las anillas junto al reborde, para pasar por ellas los varales y transportar la mesa.

28 Harás los varales de madera de acacia y los revestirás de oro. Con ellos se transportará la mesa.

29 Harás también las fuentes, los vasos, los jarros y las tazas para las libaciones. De oro puro los harás.

30 Y sobre la mesa pondrás perpetuamente delante de mí el pan de la Presencia.

31 Harás también un candelabro de oro puro. Harás de oro macizo el candelabro, su pie y su tallo. Sus cálices - corolas y flores - formarán un cuerpo con él.

32 Saldrán seis brazos de sus lados: tres brazos de un lado y tres del otro.

33 El primer brazo tendrá tres cálices en forma de flor de almendro, con corola y flor; también el segundo brazo tendrá tres cálices en forma de flor de almendro, con corola y flor; y así los seis brazos que salen del candelabro.

34 En el mismo candelabro habrá cuatro cálices en forma de flor de almendro, con sus corolas y sus flores:

35 una corola debajo de los dos primeros brazos que forman cuerpo con el candelabro; una corola, debajo de los dos siguientes, y una corola, debajo de los dos últimos brazos; así con los seis brazos que salen del candelabro.

36 Las corolas y los brazos formarán un cuerpo con el candelabro. Todo ello formará un cuerpo de oro puro macizo.

37 Harás sus siete lámparas que colocarás encima de manera que den luz al frente.

38 Sus despabiladeras y sus ceniceros serán de oro puro.

39 Se empleará un talento de oro puro para hacer el candelabro con todos estos utensilios.

40 Fíjate para que lo hagas según los modelos que te han sido mostrados en el monte.

Reflexión del capítulo 25

El capítulo vigésimo quinto abre la sección de las instrucciones sobre el santuario, y contiene una de las frases más hermosas de todo el Antiguo Testamento: «Me harás un Santuario para que yo habite en medio de ellos». Dios no quiere ser adorado de lejos; quiere morar con su pueblo, caminar a su lado, compartir su historia. El Éxodo no termina con la libertad, sino con la presencia.

Las ofrendas las trae «todo aquel a quien su corazón mueva»: la contribución no es un impuesto, sino un gesto libre y generoso. Y los materiales —oro, plata, bronce, púrpuras, lino, pieles, aceite, aromas, piedras preciosas— describen un espacio de belleza y dignidad, porque lo que se ofrece a Dios debe ser lo mejor.

En el centro está el arca, revestida de oro por dentro y por fuera, con el propiciatorio y los dos querubines. Allí, dice Dios, «me encontraré contigo; desde encima del propiciatorio te comunicaré todo lo que haya de ordenarte». El arca es el lugar del encuentro y de la palabra. Junto a ella, la mesa con el pan de la Presencia y el candelabro de oro macizo con sus siete lámparas. Todo habla de un Dios que alimenta, ilumina y escucha. El santuario es la tienda donde el cielo toca la tierra.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Dios quiere habitar en medio de nosotros, y también en el centro de tu vida. Hoy pregúntate qué lugar ocupa él en tu casa y en tu jornada: ¿hay un espacio y un tiempo reservados para la oración? Prepara un rincón sencillo —una imagen, una Biblia, una vela— y ofrécele a Dios lo mejor de tu tiempo, no lo que te sobra.

Oración

Señor, que quieres habitar en medio de tu pueblo: haz de mi corazón un santuario donde te encuentres conmigo. Que te ofrezca lo mejor y no lo que me sobra, y que tu presencia ilumine y alimente mi vida entera. Amén.

Acerca del libro de Exodo

El Éxodo, segundo libro del Pentateuco y de la Torá, recibe su nombre del griego éxodos, «salida» o «partida»; su título hebreo, Shemot, significa «nombres», por las palabras con que comienza. La tradición lo atribuye a Moisés, mediador entre Dios y su pueblo, aunque el libro recoge y transmite la memoria viva de la liberación de Israel, celebrada en la liturgia y transmitida de generación en generación.

Su relato abarca los acontecimientos fundadores de la fe de Israel: la esclavitud en Egipto, el nacimiento y la vocación de Moisés, la zarza ardiente y la revelación del nombre divino, las plagas, la Pascua y el paso del mar Rojo, el camino por el desierto, la alianza del Sinaí con los Diez Mandamientos, y la construcción del santuario donde Dios habita en medio de su pueblo.

Los temas centrales son la compasión de Dios que escucha el clamor de los oprimidos, la libertad como don que se recibe de él, la alianza que hace de Israel un pueblo consagrado, la ley como camino de vida y la presencia divina que camina con los suyos.

Para la fe católica, el Éxodo es la gran figura de la salvación. El cordero pascual prefigura a Cristo, cordero de Dios; el paso del mar anticipa el Bautismo que nos libera de la esclavitud del pecado; el maná anuncia la Eucaristía. Jesús es el nuevo Moisés que nos conduce a la libertad de los hijos de Dios.

Compartir

Enlace copiado