Exodo

Antiguo Testamento | 40 capítulos | 1213 versículos

Ex

Capítulo 21

1 Estas con las normas que has de dar:

2 Cuando compres un esclavo hebreo, servirá seis años, y el séptimo quedará libre sin pagar rescate.

3 Si entró solo, solo saldrá; si tenía mujer, su mujer saldrá con él.

4 Si su amo le dio mujer, y ella le dio a luz hijos o hijas, la mujer y sus hijos serán del amo, y él saldrá solo.

5 Si el esclavo declara: «Yo quiero a mi señor, a mi mujer y a mis hijos; renucio a la libertad»

6 su amo le llevará ante Dios y, arrimándolo a la puerta o a la jamba, su amo le horadará la oreja con una lezna; y quedará a su servicio para siempre.

7 Si un hombre vende a su hija por esclava, ésta no saldrá de la esclavitud como salen los esclavos.

8 Si no agrada a su señor que la había destinado para sí, éste permitirá su rescate; y no podrá venderla a gente extraña, tratándola con engaño.

9 Si la destina para su hijo, le dará el mismo trato que a sus hijas.

10 Si toma para sí otra mujer, no le disminuirá a la primera la comida, ni el vestido ni los derechos conyugales.

11 Y si no le da estas tres cosas, ella podrá salirse de balde sin pagar rescate.

12 El que hiera mortalmente a otro, morirá;

13 pero si no estaba al acecho, sino que Dios se lo puso al alcance de la mano, yo te señalaré un lugar donde éste pueda refugiarse.

14 Pero al que se atreva a matar a su prójimo con alevosía, hasta de mi altar le arrancarás para matarle.

15 El que pegue a su padre o a su madre morirá.

16 Quien rapte a una persona - la haya vendido o esté todavía en su poder - morirá.

17 Quien maldiga a su padre o a su madre morirá.

18 Si dos hombres riñen y uno hiere a otro con una piedra o con el puño, pero no muere, sino que, después de guardar cama,

19 puede levantarse y andar por la calle, apoyado en su bastón, el que le hirió quedará exculpado, pero pagará el tiempo perdido y los gastos de la curación completa.

20 Si un hombre golpea a su siervo o a su sierva con un palo y muere a sus manos, cae bajo la ley de venganza.

21 Pero si sobrevive un día o dos, no será vengado, pues lo había comprado con dinero.

22 Si unos hombres, en el curso de una riña, dan un golpe a una mujer encinta, y provocan el parto sin más daño, el culpable será multado conforme a lo que imponga el marido de la mujer y mediante arbitrio.

23 Pero si resultare daño, darás vida por vida,

24 ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie,

25 quemadura por quemadura, herida por herida, cardenal por cardenal.

26 Si un hombre hiere a su siervo o a su sierva en el ojo y le deja tuerto, le dará libertad en compensación del ojo.

27 Si uno salta un diente a su siervo o a su sierva, le pondrá en libertad en compensación del diente.

28 Si un buey acornea a un hombre o a una mujer, y le causa la muerte, el buey será apedreado, y no se comerá su carne, pero el dueño del buey quedará exculpado.

29 Mas si el buey acorneaba ya desde tiempo atrás, y su dueño, aun advertido, no le vigiló, y ese buey mata a un hombre o a una mujer, el buey será apedreado, y también su dueño morirá.

30 Si se le impone un precio por ello, dará en rescate de su vida cuanto le impongan.

31 Si acornea a un muchacho o a una muchacha, se seguirá esta misma norma.

32 Si el buey acornea a un siervo o a una sierva, se pagarán treinta siclos de plata al dueño de ellos, y el buey será apedreado.

33 Si un hombre deja abierto un pozo, o si cava un pozo y no lo tapa, y cae en él un buey o un asno,

34 el propietario del pozo pagará al dueño de ellos el precio en dinero, y el animal muerto será suyo.

35 Si el buey de uno acornea al buey de otro, causándole la muerte, venderán el buey vivo y se repartirán el precio, repartiendo igualmente el buey muerto.

36 Pero si era notorio que el buey acorneaba desde tiempo atrás, y su dueño no le vigiló, pargará buey por buey y el buey muerto será suyo.

37 Si un hombre roba un buey o una oveja, y los mata o vende, pagará cinco bueyes por el buey, y cuatro ovejas por la oveja.

Reflexión del capítulo 21

El capítulo vigésimo primero abre el «Código de la Alianza», un conjunto de leyes que aplican los principios del Decálogo a la vida cotidiana. Comienza con la esclavitud: el hebreo esclavo sirve seis años y queda libre el séptimo, sin pagar rescate. En un mundo donde la esclavitud era normal, esta norma introduce una semilla revolucionaria: el esclavo es un hermano, y su libertad tiene fecha.

El capítulo regula después la vida y la muerte: distingue el homicidio involuntario del asesinato premeditado, y establece el refugio para quien mata sin querer. Protege a los padres —quien los golpea o los maldice es reo de muerte—, condena el rapto de personas y fija compensaciones por las heridas. La famosa fórmula «ojo por ojo, diente por diente» no es una invitación a la venganza, sino un límite: la reparación debe ser proporcional al daño, y no mayor. Es un freno a la espiral de violencia.

El capítulo cuida incluso de los más débiles: si un amo deja tuerto o desdentado a su esclavo, debe darle la libertad. Y regula la responsabilidad por un buey que acornea. Leyes antiguas, sí, pero orientadas a un mismo fin: que la justicia proteja al débil y que la fuerza no tenga la última palabra.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

La justicia bíblica limita la venganza y protege al débil. Hoy revisa cómo reaccionas cuando te han hecho daño: ¿buscas una reparación justa o deseas que el otro sufra más de lo que te hizo sufrir? Si has sido injusto con alguien a tu cargo —un empleado, un hijo, un hermano—, reconoce el daño y repáralo de forma concreta, sin excusas ni condiciones.

Oración

Señor, justo y misericordioso: enséñame a no devolver mal por mal y a tratar con dignidad a quienes dependen de mí. Que mi sentido de la justicia no se convierta en venganza, y que sepa reparar el daño que haya causado. Amén.

Acerca del libro de Exodo

El Éxodo, segundo libro del Pentateuco y de la Torá, recibe su nombre del griego éxodos, «salida» o «partida»; su título hebreo, Shemot, significa «nombres», por las palabras con que comienza. La tradición lo atribuye a Moisés, mediador entre Dios y su pueblo, aunque el libro recoge y transmite la memoria viva de la liberación de Israel, celebrada en la liturgia y transmitida de generación en generación.

Su relato abarca los acontecimientos fundadores de la fe de Israel: la esclavitud en Egipto, el nacimiento y la vocación de Moisés, la zarza ardiente y la revelación del nombre divino, las plagas, la Pascua y el paso del mar Rojo, el camino por el desierto, la alianza del Sinaí con los Diez Mandamientos, y la construcción del santuario donde Dios habita en medio de su pueblo.

Los temas centrales son la compasión de Dios que escucha el clamor de los oprimidos, la libertad como don que se recibe de él, la alianza que hace de Israel un pueblo consagrado, la ley como camino de vida y la presencia divina que camina con los suyos.

Para la fe católica, el Éxodo es la gran figura de la salvación. El cordero pascual prefigura a Cristo, cordero de Dios; el paso del mar anticipa el Bautismo que nos libera de la esclavitud del pecado; el maná anuncia la Eucaristía. Jesús es el nuevo Moisés que nos conduce a la libertad de los hijos de Dios.

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