Exodo

Antiguo Testamento | 40 capítulos | 1213 versículos

Ex

Capítulo 16

1 Partieron de Elim, y toda la comunidad de los israelitas llegó al desierto de Sin, que está entre Elim y el Sinaí, el día quince del segundo mes después de su salida del país de Egipto.

2 Toda la comunidad de los israelitas empezó a murmurar contra Moisés y Aarón en el desierto.

3 Los israelitas les decían: «¡Ojalá hubiéramos muerto a manos de Yahveh en la tierra de Egipto cuando nos sentábamos junto a las ollas de carne, cuando comíamos pan hasta hartarnos! Vosotros nos habéis traído a este desierto para matar de hambre a toda esta asamblea.»

4 Yahveh dijo a Moisés: «Mira, yo haré llover sobre vosotros pan del cielo; el pueblo saldrá a recoger cada día la porción diaria; así le pondré a prueba para ver si anda o no según mi ley.

5 Mas el día sexto, cuando preparen lo que hayan traído, la ración será doble que la de los demás días.»

6 Dijeron, pues, Moisés y Aarón a toda la comunidad de los israelitas: «Esta tarde sabréis que es Yahveh quien os ha sacado del país de Egipto;

7 y por la mañana veréis la gloria de Yahveh. Porque ha oído vuestras murmuraciones contra Yahveh; pues ¿qué somos nosotros para que murmuréis contra nosotros?»

8 Y añadió Moisés: «Yahveh os dará esta tarde carne para comer, y por la mañana pan en abundancia; porque Yahveh ha oído vuestras murmuraciones contra él; pues ¿qué somos nosotros? No van contra nosotros vuestras murmuraciones, sino contra Yahveh.»

9 Dijo entonces Moisés a Aarón: «Ordena a toda la comunidad de los israelitas: Acercaos a Yahveh, pues él ha oído vuestras murmuraciones.»

10 Aún estaba hablando Aarón a toda la comunidad de los israelitas, cuando ellos miraron hacia el desierto, y he aquí que la gloria de Yahveh se apareció en forma de nube.

11 Y Yahveh habló a Moisés, diciendo:

12 «He oído las murmuraciones de los israelitas. Diles: Al atardecer comeréis carne y por la mañana os hartaréis de pan; y así sabréis que yo soy Yahveh, vuestro Dios.»

13 Aquella misma tarde vinieron las codornices y cubrieron el campamento; y por la mañana había una capa de rocío en torno al campamento.

14 Y al evaporarse la capa de rocío apareció sobre el suelo del desierto una cosa menuda, como granos, parecida a la escarcha de la tierra.

15 Cuando los israelitas la vieron, se decían unos a otros: «¿Qué es esto?» Pues no sabían lo que era. Moisés les dijo: «Este es el pan que Yahveh os da por alimento.

16 He aquí lo que manda Yahveh: Que cada uno recoja cuanto necesite para comer, un gomor por cabeza, según el número de los miembros de vuestra familia; cada uno recogerá para la gente de su tienda.»

17 Así lo hicieron los israelitas; unos recogieron mucho y otros poco.

18 Pero cuando lo midieron con el gomor, ni los que recogieron poco tenían de menos. Cada uno había recogido lo que necesitaba para su sustento.

19 Moisés les dijo: «Que nadie guarde nada para el día siguiente.»

20 Pero no obedecieron a Moisés, y algunos guardaron algo para el día siguiente; pero se llenó de gusanos y se pudrió; y Moisés se irritó contra ellos.

21 Lo recogían por las mañanas, cada cual según lo que necesitaba; y luego, con el calor del sol, se derretía.

22 El día sexto recogieron doble racíon, dos gomor por persona. Todos los jefes de la comunidad fueron a decírselo a Moisés;

23 él les respondió: «Esto es lo que manda Yahveh: Mañana es sábado, día de descanso consagrado a Yahveh. Coced lo que se deba cocer, hervid lo que se tenga que hervir; y lo sobrante, guardadlo como reserva para mañana.»

24 Ellos lo guardaron para el día siguiente, según la orden de Moisés; y no se pudrió, ni se agusanó.

25 Dijo entonces Moisés: «Hoy comeréis esto, porque es sábado de Yahveh; y en tal día no hallaréis nada en el campo.

26 Seis días podéis recogerlo, pero el día séptimo, que es sábado, no habrá nada.»

27 A pesar de todo, salieron algunos del pueblo a recogerlo el séptimo día, pero no encontraron nada.

28 Yahveh dijo a Moisés: «¿Hasta cuándo os negaréis a guardar mi mandatos y mis leyes?

29 Mirad que Yahveh os ha puesto el sábado; por eso el día sexto os da ración para dos días. Quédese cada uno en su sitio, y que nadie se mueva de su lugar el día séptimo.»

30 Y el día séptimo descansó el pueblo.

31 La casa de Israel lo llamó maná. Era como semilla de cilantro, blanco, y con sabor a torta de miel.

32 Dijo Moisés: «Esto manda Yahveh: Llenad un gomor de maná, y conservadlo, para vuestros descendientes, para que vean el pan con que os alimenté en el desierto cuando os saqué del país de Egipto.»

33 Dijo, pues, Moisés a Aarón: «Toma una vasija, pon en ella un gomor lleno de maná, y colócalo ante Yahveh, a fin de conservarlo para vuestros descendientes.»

34 Tal como Yahveh se lo mandó a Moisés, Aarón lo puso ante el Testimonio para conservarlo.

35 Los israelitas comieron el maná por espacio de cuarenta años, hasta que llegaron a tierra habitada. Lo estuvieron comiendo hasta que llegaron a los confines del país de Canaán.

36 El gomor es la décima parte de la medida.

Reflexión del capítulo 16

El capítulo decimosexto presenta el don del maná, el pan del cielo. Un mes y medio después de salir de Egipto, el pueblo murmura contra Moisés y Aarón porque tiene hambre, y llega a añorar las ollas de carne de la esclavitud. Moisés les responde con una frase que revela el fondo del problema: «No van contra nosotros vuestras murmuraciones, sino contra Yahveh». Quejarse de la vida se convierte, tantas veces, en quejarse de Dios.

Y Dios responde con un don, no con un castigo: hace llover pan del cielo, y añade codornices por la tarde. El maná aparece cada mañana «como escarcha sobre la tierra», y el pueblo pregunta: «¿Qué es esto?». Es el nombre mismo del don: algo que no se explica del todo, que se recibe cada día y no se puede almacenar. Quien intenta guardarlo para mañana lo encuentra agusanado: la confianza se ejercita en lo cotidiano.

El día sexto se recoge el doble, porque el sábado es descanso consagrado a Yahveh. Y un gomor de maná se conserva ante el Señor, para que las generaciones futuras vean el pan con que Dios alimentó a su pueblo en el desierto. El maná sostuvo a Israel cuarenta años, hasta la tierra habitada. Es figura de la Eucaristía: el pan que Dios da cada día y que no se puede guardar como posesión.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Dios da el pan «cada día»: ni el de ayer ni el de mañana, sino el de hoy. Hoy practica la confianza diaria: al levantarte, pide a Dios lo que necesitas para este día y agradécele lo que ya tienes. Y evita la murmuración, que envenena la comunidad; si algo te falta, pídelo con confianza en vez de quejarte. Si puedes, participa en la Eucaristía, el pan del cielo que sostiene el camino.

Oración

Señor, pan del cielo que alimentas a tu pueblo: dame el pan de cada día y un corazón agradecido. Líbrame de murmurar y enséñame a confiar en tu providencia, sabiendo que tú cuidas de mí más de lo que yo mismo cuido. Amén.

Acerca del libro de Exodo

El Éxodo, segundo libro del Pentateuco y de la Torá, recibe su nombre del griego éxodos, «salida» o «partida»; su título hebreo, Shemot, significa «nombres», por las palabras con que comienza. La tradición lo atribuye a Moisés, mediador entre Dios y su pueblo, aunque el libro recoge y transmite la memoria viva de la liberación de Israel, celebrada en la liturgia y transmitida de generación en generación.

Su relato abarca los acontecimientos fundadores de la fe de Israel: la esclavitud en Egipto, el nacimiento y la vocación de Moisés, la zarza ardiente y la revelación del nombre divino, las plagas, la Pascua y el paso del mar Rojo, el camino por el desierto, la alianza del Sinaí con los Diez Mandamientos, y la construcción del santuario donde Dios habita en medio de su pueblo.

Los temas centrales son la compasión de Dios que escucha el clamor de los oprimidos, la libertad como don que se recibe de él, la alianza que hace de Israel un pueblo consagrado, la ley como camino de vida y la presencia divina que camina con los suyos.

Para la fe católica, el Éxodo es la gran figura de la salvación. El cordero pascual prefigura a Cristo, cordero de Dios; el paso del mar anticipa el Bautismo que nos libera de la esclavitud del pecado; el maná anuncia la Eucaristía. Jesús es el nuevo Moisés que nos conduce a la libertad de los hijos de Dios.

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